Miércoles, 17 de julio de 2019 10:37 PM

Irresponsable y algo más

•Trump persiste en intentar vapulear a Beijing...

Vivo exponente de los torcidos cánones que vende la sociedad imperial norteamericana como parte de su añejo bulto de “valores supremos”, el actual jefe de la Casa Blanca insiste en una necia política hacia China.

Así, como si se tratara de una simple bronca de escolares, el más alto exponente gubernamental de la primera potencia capitalista acaba de declarar a la conservadora cadena televisiva Fox News, que está en disposición de “causar más daños a la economía china”. Una gente que, a su juicio, “estima que los norteamericanos son estúpidos en materia comercial” y que se ha acostumbrado a “vivir demasiado bien por demasiado tiempo” a cuenta de las debilidades de quienes le precedieron en la Oficina Oval. Por tanto, añadió, “me queda mucho más por hacer, si quiero”.

De manera que Beijing podría esperar que su mayor deudor volviera a incursionar en su contra en el terreno arancelario, para elevar hasta 267 000 millones de dólares las multas a la entrada en los Estados Unidos de las mercaderías del gigante asiático, ya afectadas en 250 000 millones de dólares, según cálculos de entidades económicas internacionales.

Una medida arbitraria e irresponsable, que amplía una etapa de abierta guerra comercial con China. Actuación que, además, hasta el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) culpa de la fuerte tendencia a la baja que debe alcanzar este año la economía global.

Por supuesto, las decisiones, bravatas y alardes de Donald Trump, si bien no son desestimadas por China, no parecen haberse convertido en un drama para sus autoridades.

Por una parte, y de manera oficial, Beijing ha puesto los puntos sobre las íes, en este y otros asuntos, al recibir, días atrás, al secretario norteamericano de estado, Michael Pompeo, a quien su homólogo chino, Wang Yi, sazonó con un abierto y directo pliego de acusaciones, desde desencadenante de severas disputas comerciales hasta injerencismo en los asuntos internos del gigante asiático, al vender armas a Taiwán y ampliar sus contactos militares unilaterales con ese territorio, que China estima parte inseparable de su geografía.

Un Pompeo que, dicho sea de paso, solo pudo balbucear como única y sosa respuesta, que, sobre tales emplazamientos, ciertamente existían “desacuerdos mutuos”.

Y es que, al decir de algunos observadores, la aberrada política oficial de la Casa Blanca hacia China no promete ningún dividendo favorable a sus artífices y ejecutores.

Sancionar las exportaciones chinas golpea irremediablemente el mercado interno estadounidense en materia de surtidos y precios, junto al hecho de que Beijing ya ha elevado los aranceles a sus importaciones gringas por no menos de 60 mil millones de dólares y puede ampliar mucho más esa cifra.

Por demás, China cuenta no solo con amplias relaciones económicas globales que le facilitan sus operaciones comerciales, sino también suma un fabuloso mercado interno que triplica el de los Estados Unidos y al que puede redirigir muchas de sus producciones.

Súmense a ello gestos de aliados como Rusia, que, en reciente comunicado oficial, ofreció a China compensar la disminución de sus importaciones de artículos de procedencia norteamericana a partir de la hostilidad arancelaria de la Casa Blanca con respecto a Beijing.

En un encuentro entre el ministro ruso de Economía, Maxim Oreshkin, y el ministro chino de Comercio, Zhong Shan, reiteró Moscú su condena a las medidas proteccionistas de Estados Unidos, que a su juicio “no están en concordancia con las normas del sistema multilateral de comercio y afectan la cooperación económica mundial”.

En consecuencia, precisó el titular ruso, estamos en la disposición de compensar la reducción del suministro de bienes estadounidenses al mercado chino y profundizar aún más la alianza estratégica entre ambas naciones.

Y luego oiga usted a ciertos voceros gringos hablar de “conspiraciones malvadas de poderes extranjeros” contra una nación tan noble, dulce, apacible, justa y nada agresiva como aquella para la cual, en el cierre de cualquier discurso oficial, el funcionario al bate “gestiona” la reiterada bendición de la providencia.


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