Jueves, 20 de septiembre de 2018 4:45 AM

Factor Lula, elecciones y una frustrada final mundialista

Excluido de la contienda en las urnas como consecuencia de una obcecada persecución judicial, el exdignatario Luiz Inácio Lula da Silva continúa siendo factor determinante en las elecciones presidenciales de Brasil, el próximo 7 de octubre.

"Lula todavía es el centro de esa elección, el centro de las atenciones; aquel que determina la marcha y el comportamiento de la misma", reconoció,en recientes declaraciones a la prensa, el director del instituto de pesquisas Datafolha, Mauro Paulino.

A juicio del experto, el rumbo de las presidenciales dependería en mucho de lo que sucediera con Lula, del momento en que sería lanzada la campaña de su reemplazante, el exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, y de cómo actuaría el Partido de los Trabajadores (PT) para lograr convertirlo en un candidato con credibilidad.

El desenlace sobre la candidatura de Lula llegaría pocos días después de las valoraciones de Paulino, en la madrugada del 1ro. de septiembre, cuando por mayoría de votos el Tribunal Superior Electoral (TSE) decidió rechazar su registro y, además dar 10 días de plazo al PT para reemplazar el nombre de Lula en la fórmula presidencial.

No por esperada, la determinación del TSE dejó de sorprender, pues desacató abiertamente una decisión del Comité de Derechos Humanos de la ONU que demandó del Estado brasileño respeto a los derechos políticos de Lula y su candidatura "hasta que todos los recursos pendientes de revisión contra su condena sean completados en un procedimiento justo".

Ya desde comienzos de julio último, y en una carta al pueblo brasileño dada a conocer por intermedio de la presidenta nacional del PT, Gleisi Hoffmann, el exdignatario afirmaba no tener razones para creer que tendría justicia.

El comportamiento público de algunos de los ministros del Supremo Tribunal Federal (STF) —subrayó Lula entonces— "es una mera reproducción de lo que pasó en la primera y segunda instancias" judiciales, donde fue condenado a 12 años y un mes de prisión sin que fuera presentada una sola prueba para demostrar su presunta culpabilidad.

Las decisiones de un solo magistrado han sido usadas para escoger el colegiado que, momentáneamente, parece ser más conveniente, como si hubiera algún compromiso con el resultado del juzgamiento. Son concebidas como estrategia procesal y no como instrumento de justicia, denunció.

"No estoy pidiendo favores; estoy exigiendo respeto", recalcó el líder histórico y fundador del PT antes de afirmar que "si no quieren que sea presidente, la forma más sencilla de conseguirlo es tener la valentía de practicar la democracia y derrotarme en las urnas".

Una derrota que, de acuerdo con la última encuesta de intención de voto realizada antes que el TSE lo excluyera de la contienda en las urnas, sería prácticamente imposible infligirle.

"Si los comicios fueran hoy, el expresidente conseguiría alrededor de 54 millones de boletas, lo que sería la mayor votación registrada en el primer turno desde la redemocratización del país", destacó entonces el portal www.lula.com.br.

El estimado surgió del cruzamiento de los resultados de los sondeos que realizaron entre el 13 y el 24 de agosto el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope) y el Instituto Datafolha de Minas Gerais, y, según los cuales, Lula contaría con 37 por ciento de las intenciones de voto, más del doble que el segundo colocado, el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro (18).

La pesquisa reveló además que, con la presencia del nombre del exdignatario brasileño en las urnas, el porcentaje de votos blancos o nulos sería de 16 por ciento, mientras si este fuera excluido de la contienda ese porcentual se elevaría hasta 29 por ciento.

El no voto (blancos, nulos y abstenciones), alertó a comienzos de este septiembre el portal Poder 360, puede ser mayoritario en las próximas elecciones ante la ausencia de Lula.

Cuando en la disputa por ocupar el Palacio de Planalto se excluye el nombre del exdignatario, el no voto crece en 23 de los 26 Estados de la Federación, y en el Distrito Federal, con relación a los comicios presidenciales de 2010 y 2014.

De acuerdo con la publicación, si los pronósticos se cumplieran el no voto llegaría este año a alcanzar la cifra de 57,8 millones de electores, muy superior a las de 2014 (38,8 millones) y a las de 2010 (34,2 millones).

EL DESAFÍO DE HADDAD

Reemplazar a Lula en la fórmula presidencial de la coalición El pueblo feliz de nuevo, que forman el PT, el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y el Partido Republicano del Orden Social (PROS), constituye el mayor reto enfrentado por Haddad, un académico y político de 55 años de edad que gobernó la ciudad de Sao Paulo entre 2013 y 2016.

Designado por Lula como su portavoz, Haddad tuvo, también, a su cargo la coordinación del programa de gobierno Brasil feliz de nuevo, que pone énfasis en la recuperación de la economía y la soberanía, e incluye la realización de un proceso constituyente y una reforma política con participación popular, entre otros.

Son cinco los ejes sobre los cuales se estructura el proyecto, el primero de los cuales es la reafirmación del legado de los gobiernos petistas, y la revocación de las medidas puestas en práctica por el gobierno golpista de Michel Temer, surgido del golpe parlamentario-judicial perpetrado en 2016 contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff.

De cualquier modo, para poder llevar a vías de hecho el programa es necesario primero conseguir imponerse en las urnas y, para ello, el PT confía en el potencial de transferencia de votos de Lula para Haddad, quien fuera, además, ministro de Educación.

Los petistas encomendaron al Instituto Vox Populi al menos tres encuestas sobre el asunto, y las mismas revelaron que entre 20 y 32 por ciento de los votos de Lula podrían ser adjudicados a Haddad en el primer turno de las presidenciales.

Estos resultados, puntualizó el diario digital Brasil 247, son similares a los registrados por órganos como el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope) y Datafolha: dos tercios de los que se declaran electores de Lula dicen que votarían con seguridad por otro candidato indicado por él.

Electores que, como el primero y uno de los más renombrados especialistas en gerenciamiento de crisis de Brasil, Mario Rosa, sin dudas perciben que la elección con Lula sería completamente diferente.

Sin Lula, la elección no parece una decisión, sino un entrenamiento. "Es algo desanimado, sin gracia. Puede hasta haber goles, pero no arrebatan; parece que no valen. La 'torcida' no se levanta, el estadio no grita; la bola rueda en el campo, pero no entusiasma", opinó Rosa, autodeclarado amante de la política y el fútbol.

"Con Lula, no. El graderío iba a permanecer de pie; las banderas irían a agitarse frenéticas. No faltaría el palabrón; el juego sería jugado y con garra. Iba a tener marcación cerrada, confusión, falta, cartones... ¡pero qué juegazo!", remató.

"Del modo en que está, es un pleito que llama más la atención por una ausencia que por todas las presencias reunidas. La elección, sin Lula, es la final de un campeonato estadual. Con él, sería una final de Copa del Mundo", concluyó.


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