El Panteón olvidado
En la Ciudad de los Portales existe un lugar donde descansan los restos de los mambises avileños que combatieron en las gestas independentistas, el Panteón de los Veteranos.
En la Ciudad de los Portales existe un lugar donde descansan los restos de los mambises avileños que combatieron en las gestas independentistas, el Panteón de los Veteranos.
Era mi segunda estancia en Ecuador. Ocurría en el año 2010. Había viajado para terminar mi libro Rocafuerte y la libertad de Cuba, con la esperanza de publicarlo en la ciudad de Machala.
Con apenas 27 años era todo un hombre y, a esa edad, cuando es tiempo de pensar en amores, de vivir la vida a la manera que se quiera, los pensamientos de Camilo volaban alto, tanto que escalaron la Sierra, el Escambray y la inmortalidad.
Al constituirse la República neocolonial, el Ayuntamiento de Ciego de Ávila, para perpetuar la memoria del valiente Capitán, nombró una de sus calles José María Agramonte.
Con infinita satisfacción, cuenta Edunia Pérez Jiménez que tuvo la posibilidad de ver, dos veces, a Ernesto Guevara y que, también, saludó a Camilo Cienfuegos.
El 21 de octubre de 1960 se integran las organizaciones juveniles revolucionarias en la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), que surge bajo la inspiración del Comandante Ernesto Che Guevara.
El 20 de octubre de 1868 es interpretada, por primera vez, públicamente, la marcha La Bayamesa, que devendría Himno Nacional.
Alegría, admiración, agradecimiento y orgullo identitario se respira en la Ciudad de los Portales entre sus pobladores, sin distinción de edad, al observar el hotel Rueda.
El protagonismo de las mujeres en las luchas independentistas está aún por contar, pues junto a la familia Céspedes marcharon a la guerra, en masa, otras importantísimas proles del gran patriarcado bayamés.
Para los profesionales del Derecho, La Historia me absolverá se convirtió en una pieza oratoria jurídica sin precedentes en América Latina, mucho más al ser pronunciada en condiciones tan adversas.
Hace 58 años que la producción azucarera pasó, definitivamente, a manos de su legítimo dueño: el pueblo cubano y, sobre todo, a los obreros y obreras.
La línea del ferrocarril, algo así como la evidencia de la “sutura”, los fuertes y fortines y el paso de tantos años, demuestran que en ese lugar se dio más de una guerra y, como en esta todo se vale, también más de una muerte.