Solidaridad venezolana con los mambises (Parte III y Final)

Cumpliendo su plan estratégico, el Mayor General del Ejército Libertador cubano Manuel de Quesada comenzó los preparativos de una nueva expedición apenas se alejó el vapor Virginius de las costas venezolanas. La denominó Bolívar.

Una intensa campaña propagandística, con el fin de recaudar fondos, lo llevó a varias ciudades de Colombia y Venezuela. Fueron tiempos difíciles y llenos de zozobra para el general, natural de Camagüey, debido a las divergencias con su enemigo político el acaudalado Miguel Aldama, representante también del gobierno insurrecto en el exterior, quien le acusó de derrochar el dinero de otras colectas, y de no pagar las deudas.

El Virginius fue hipotecado “por falta de pago en algunas de las reparaciones realizadas, al tiempo que la caja de los expedicionarios, debido a los grandes gastos inherentes a su sostenimiento y el de la tripulación, se encontraba vacía”.(1)

• La solidaridad venezolana con los mambises (I)

• La solidaridad venezolana con los mambises (Parte II)

EL SUEÑO DE ANITA

En Estados Unidos su hermana Ana, esposa del presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, también buscaba recursos. En carta a Céspedes ella le decía de sus intenciones de viajar en el Virginius o en el Florida: “Inmediatamente que llegue Manuel, que será a mediados de abril, saldrá la expedición que, como los vapores están listos ya, lo mismo que las armas, la gente para que no deserten la alistarán a última hora. Inmediatamente que recibas esta, manda por varios conductos una combinación de algún punto de conveniente, y que pongas quien lo vigile, persona de confianza y que tú estés cerca, y por allí irá Rafael con la gente. Si puedo voy con él para hablar contigo y verte, y volveré a salir con Rafael.” (2)

Preocupado estuvo el Padre de la Patria con los planes de Anita. En Cuba, además de los peligros, tendría que superar las dificultades que siempre resultaba trasladar un alijo tierra adentro. Para disuadirla le decía: “El vapor llega de noche a las costas de Cuba: hace el desembarco en botes en parajes muy peligrosos en que la marejada rompe con la mayor furia los arrecifes, destrozando todo lo que encuentra y obligando a los hombres a trabajar con el agua al cuello. Queda el cargamento (porque el buque se retira antes que aclare) en una playa desierta, sin recursos; la gente a la carrera lo oculta en lugares impenetrables; montes espesísimos, o ásperas serranías, hasta que puede con los auxilios que recibe, llevarlo adonde corresponde y repartirlo entre los patriotas, conforme a las órdenes del gobierno (…).

“Para llegar al lugar en que se encuentre, es preciso caminar muchas leguas a pie por caminos sumamente fragosos, atravesando pantanos intransitables o montañas muy empinadas, según el sitio en que se haya efectuando el desembarco.” (3)

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EN LAS FAUCES DE UN CAÑONERO

Puerto Cabello, otra vez, fue el punto de partida. El Virginius navegó hacia el puerto panameño de Colón y de allí salió el 2 de julio de 1873 rumbo a Cuba, sin la presencia de Anita. Al frente iba nuevamente Rafael de Quesada, y dirigía al contingente el general venezolano José Miguel Barreto.

Durante la travesía sufrieron los embates del mal tiempo, perdieron la lancha de estribor y otras partes del barco, pero pudieron llegar a su destino el 6 de julio. En un punto de la costa oriental, los esperaba el general Jesús Pérez. Inmediatamente comenzaron a descargar los materiales. Cuando solo faltaba por bajar 50 cajas, apareció un cañonero español.

Rafael ordenó a los marineros llevar a tierra a los tres botes con lo que habían cargado. A las cuatro y media de la madrugada el Virginius logró escapar, protegido por la neblina. En sus bodegas llevaba el resto de los recursos.

Así concluyó la Expedición Bolívar. En su próximo viaje a la isla, capturaron al Virginius y ejecutaron a sus oficiales en Santiago de Cuba. Entre las víctimas se hallaba Herminio de Quesada, joven de apenas dieciocho años, hijo del general Manuel.


Citas

1-Milagros Gálvez Aguilera: Expediciones navales en la Guerra de los Diez Años. 1868-1878, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2000, p.124.

2- Carlos Manuel de Céspedes, Escritos, t. 3, p. 227.

3-Carlos Manuel de Céspedes, Ídem, p. 194.