Viernes, 19 de abril de 2019 2:36 PM

Recuerdos de un asaltante

Probablemente, él sea el único que queda vivo de aquel grupo que el 9 de abril de 1958 asaltó la planta termoeléctrica localizada en el poblado avileño de Vicente

Guillermo NoaHéctor E. Paz Alomar Guillermo Noa de la Paz tiene 82 lúcidos años. Desde muy joven abrazó las causas justas, sobre todo, la lucha por la libertad e independencia del pueblo cubano. Confiesa que la chispa la prendió el golpe de Estado que llevó al poder al tirano Fulgencio Batista.

“No me olvido de mi viejo, carretero durante tres meses y el resto del año arañando la tierra para mantener a sus nueve vejigos. Los cuatro varones tuvimos que pegar muy pronto para ayudarle. ¿Estudios? Oiga, solo llegué a un segundo grado. Lo otro lo logré luego del triunfo de la Revolución.”

La narración transcurre en el portal de su vivienda, en el No. 776 (Sur) de la calle Marcial Gómez, en la capital provincial. Entre sus dedos, un fino y pequeño tabaquito, con el bastón ortopédico que lo auxilia para caminar, descansando en sus agotadas rodillas.

Narra que estuvo preso casi un mes en Camagüey luego de la Huelga Azucarera del ’55. Se había negado a abrir la tienda en que trabajaba. “Eso, más las actividades en que participaba, me marcó, al punto de que un teniente de la policía le dijo a mi papá que él no garantizaba mi vida. Mi padre me llevó con él para un lugar de Violeta (Primero de Enero), a hacer carbón. Al tiempo regresé, pero seguía en mis trajines, y llovían las advertencias.”

Precisa que el Doctor Sergio Rodríguez, un revolucionario de la época, y otro compañero lo mandan a buscar y le dicen que ya tenían un lugar seguro para él. “Mire, fui a parar a La Graciela, en la zona de Jagüeyal, donde comencé a trabajar en una tienda. Allí conocí a Pedro Alquízar Pérez, un revolucionario que le administraba varias fincas a un colono, a Ramón Navarro y a Francisco Valle, Paco; y comenzamos a captar para la causa a personas del batey. Ya pertenecía al Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7).”

Una orientación llegada desde la ciudad de Ciego de Ávila los conminó a que hicieran contacto, en Vicente, con Raúl Martínez Alfonso, para coordinar acciones entre ambos grupos en sus respectivas zonas. Tuvieron varias reuniones y los convocaron a la recogida de armas entre los campesinos de esos lugares (revólveres, escopetas de caza, y otras de calibre 22).

“En una de esas reuniones conocimos que estaba a punto de suceder algo; luego, en una celebrada sobre el 6 de abril, nos hablan de la Huelga General Nacional que iba a celebrarse el día 9, que nos fuéramos preparando y que el aviso sería dado por una emisora de la radio nacional. El grupo de Raúl, y el de nosotros, debían reunirse en un lugar cerca de la finca Dos Hermanas, propiedad del padre de Raúl. La misión era asaltar la termoeléctrica de Vicente e inutilizarla.” Esta acción y el resto de las ejecutadas en la región de La Trocha, fueron lideradas por Manuel de Jesús Céspedes, enviado a Ciego de Ávila con antelación por la Dirección Nacional del M-26-7, como jefe de Acción y Sabotaje en la organización de la Huelga.

“Tras escuchar el aviso, ocupamos un camión que utilizaban en labores de la estancia. Como la distancia era corta, llegamos pronto. En la entrada de la planta, desde la garita, un soldado de guardia nos recibió a tiros. Allí estaban el cabo Román y otros dos soldados de la Guardia Rural, más un guardajurado. Por supuesto que todos con las armas de reglamento.

“El tiroteo se generaliza al entrar a la planta los encargados de hacer el sabotaje. Yo me quedo encima del vehículo para proteger al resto de los asaltantes; un tiro le pega a mi escopeta, la rompe y, momentáneamente, pierdo la visión. Román nos tira e hiere de gravedad en el pecho a Julián Pérez Conte, y leve a Pedro Alquízar.

“En esta escaramuza Román es herido de gravedad. Decidimos llevar a Román —quien muere después— y a un soldado herido a un centro asistencial de la ciudad; mientras que a Pérez Conte lo asistió en la Clínica Olazábal un médico del M-26-7.”

La misión encomendada a los dos grupos tuvo éxito: la termoeléctrica estuvo inactiva durante dos días. Vale señalar que los asaltantes impidieron que un ingeniero diera el aviso de lo que estaba sucediendo en la instalación.

Al concluir allí las acciones, los complotados abordaron el camión y se dirigieron hacia la Carretera Central, con el objetivo de detener el tráfico en uno y otro sentidos y evitar, así, cualquier mensaje. Raúl, que fungía como jefe, y yo nos pusimos de acuerdo. Él decidió ir hacia el Hogar Infantil (luego Seminternado Mártires del 9 de Abril), entretanto nosotros nos dirigiríamos hacia El Palmar, un sitio ubicado donde en la actualidad funciona el centro denominado El Oasis.

“Los guardias se comunican con el mando y envían dos avionetas, las que ametrallaron con fuego cruzado el lugar que defendía Raúl. Luego se suman más fuerzas de la tiranía, y se produce un enfrentamiento totalmente desigual: por una parte, los revolucionarios, mal armados y con escaso parque; por la otra, los guardias, bien pertrechados con diferentes tipos de armamento. A esa altura decidimos retirarnos hacia los lugares acordados con anterioridad. Comenzamos a hacerlo, pero Raúl se queda en el Hogar con otros tres compañeros.”
La otra parte de la historia es bien conocida: agotado el parque, son conminados a la rendición bajo la promesa de que no les pasará nada.

Acceden, los forman y allí mismo son asesinados Raúl Martínez Alfonso, Esteban López Haynée, Eugenio Conte Ramos y José Ascanio Pérez, quien ese mismo día estaba cumpliendo 20 años.

Un pequeño obelisco, contentivo de sus nombres y fotos, perpetúa su memoria.

Noa de la Paz añade que el resto de los compañeros de la zona de Vicente, días después, se entregaron y permanecieron presos hasta el triunfo de la Revolución. “Yo anduve escondido algún tiempo en distintos lugares, hasta que se decide mi salida hacia el Escambray, lo que no pudo ser, pues fui enviado para La Habana, donde me incorporé a una célula del M-26-7, con la cual realicé diversas acciones, hasta que triunfó la Revolución.”

Perteneció durante varios años a las Fuerzas Armadas Revolucionaria (FAR) y, tras su licenciamiento, ocupó diferentes responsabilidades. Asistió a congresos del Partido, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y de los Comités de Defensa de la Revolución, organización esta de la que fue Vanguardia Nacional durante varios años. Posee varias condecoraciones, entre ellas, la Medalla Conmemorativa del LX Aniversario de las FAR, las distinciones 28 de Septiembre y Fernando Chenard Piña, y el Sello que lo acredita como miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

“Hoy recuerdo a mis compañeros de aquel día como verdaderos hermanos, un grupo de jóvenes dispuestos a dar la vida por su Patria. Yo también fui joven, entonces tenía un gran sueño que he podido cumplir: ver libre, soberana e independiente a mi Cuba.”


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