Por Ciego de Ávila y de paso hacia la inmortalidad

La ciudad despertaba del sopor caluroso. Algún trasnochado deambulaba por el parque Martí. La mañana del 25 de julio de 1953 trascurría tranquilamente cuando los jóvenes Mario Lazo Pérez Emilio Hernández Cruz, Tomás Álvarez, Gerardo Granado, Marino Collazo Cordero y otros dos compañeros, cuyos nombres no he podido precisar, llegaron procedentes de La Habana en la Ruta 80, rumbo a Santiago de Cuba.

En Ciego de Ávila, la presencia de los futuros asaltantes al cuartel Moncada sería breve. Apenas el tiempo exacto para que otro chofer se encargara de la conducción del ómnibus y desayunar o tomar un café en el hotel Sevilla.

Procedentes de Artemisa, en su mayoría, y todos de origen social muy humilde, debió causarles grata impresión el inmueble inaugurado en 1930.

Mario Lazo identificó a 13 de los combatientes que arribaron ese día. De ellos cayeron en combate: Flor Betancourt Rodríguez, Guillermo Granado y Carmelo Noa. Como es sabido, después del ataque, las fuerzas represivas del régimen batistiano se ensañaron con los prisioneros. Detenciones masivas, persecución tenaz.

Marcos Martí, Rigoberto Corcho, Tomás Álvarez, Antonio Betancourt, Alfredo Corcho, José F. Costa, Jacinto García y Emilio Hernández fueron asesinados. Lazo sobrevivió y pudo relatar la historia. Escapó hacia las montañas, acompañaba a Fidel.

Herido accidentalmente, con Reinaldo Benítez y otro compañero logró regresar a Santiago de Cuba y escapar de los esbirros. A Mario Collazo lo capturaron y salvó la vida. En el juicio no pudieron demostrar que había participado en las acciones. Una vez liberado continuó en la lucha insurreccional.

OTRAS VÍAS

La Ruta 34, de Ómnibus Aliados, también trasladó a otros moncadistas. De tránsito por Ciego de Ávila arribaron a la ciudad para permanecer en la estación ubicada en el café Ritz, en la esquina de las calles Independencia y Honorato del Castillo, frente al parque José Martí.

Acerca de los demás grupos, refirió el investigador Enrique Sorí Pérez: “Viajaron con destino a las acciones en Oriente por otras rutas de guagua, en automóviles y por el ferrocarril, en este último caso, obligatoriamente, hicieron paradas en la estación de Ciego de Ávila.”

Fidel hizo el recorrido en automóvil. Después del fracaso, quienes burlaron la persecución retornaron a la capital.

Reprodujo Sorí el testimonio de Enrique Cámara Pérez, publicado por el periódico Revolución, en su edición del 25 de julio de 1963. Se trataba de un asaltante al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Disfrazado de campesino evadió las redadas en Manzanillo, Santiago de Cuba y Camagüey. De esta urbe, al no encontrar medios para seguir hacia La Habana. Tomó una decisión osada. Partió, a pie, en dirección a Ciego de Ávila.

“El que quiera saber que es una caminata de este tipo no tiene más que hacerla. En Ciego me hice amigo de un camionero y me llevó hasta Placetas.”

En La Habana suspiró aliviado. Oculto en Marianao pensaba que el peligro había quedado atrás. Sin embargo, la policía lo detuvo, torturó y envió a Santiago de Cuba donde los condenaron a 10 años de cárcel.

REGRESAN LOS SOBREVIVIENTES

Una vez liberados, el 15 de mayo de 1955, gracias a la amnistía que aprobó Batista, ante la presión popular, los moncadistas, por órdenes de Fidel, organizaron el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

Recorrieron el país. Algunos regresaron a Ciego de Ávila. Reinaldo Benítez Nápoles fue uno de ellos. Participó en la fundación del Movimiento en la capital de La Trocha, hecho ocurrido en la Bodega Ávila, propiedad de Filiberto Ávila Hernández, ubicada en la esquina suroeste de las calles Abraham Delgado y Bembeta.

En la parte final de la creación de las estructuras clandestinas estuvo Antonio López, Ñico, quien combatió el 26 de julio de 1953 y era responsable de las Brigadas Juveniles en el nivel Nacional.

Ya en guerra de guerrillas, el hoy Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, veterano del Moncada, volvió a tierras avileñas, en esta ocasión como segundo al mando de la Columna Invasora No. Ocho Ciro Redondo, dirigida por Ernesto Che Guevara.

Durante 10 días, el también expedicionario del Granma estuvo en el sur, transitando por zonas bajas, pantanosas, bajo el acecho constante del enemigo.

Derrotado Batista, el Che ordena a Ramiro ocupar Ciego de Ávila “al frente de un grupo de combatientes para garantizar la rendición del cuartel del Escuadrón 23. Acampó los días1ro. y 2 de enero en el Club de los Cazadores (actual círculo social Esteban López) hasta que fue entregada la fortaleza militar”, señaló Enrique Sorí.

Después, en su calidad de dirigente de la Revolución, al igual que Fidel y Raúl, ha vuelto decenas de veces para contribuir al desarrollo socioeconómico de la provincia. Otros, ya es una tradición, vienen a contar cada mes de julio sus historias de vida, a las jóvenes generaciones.

Fuentes:
Sorí Pérez, Enrique: “Moncadistas en Ciego de Ávila”, INVASOR, 26 de julio de 2003, p. 2.
Mencía, Mario: El grito del Moncada, Editora Política, La Habana, 1986.