Memoria clara contra el oscuro fascismo

Desde el 9 de mayo de 1945 hasta hoy, han transcurrido 73 años. Y, si el mundo no se deja confundir por corrientes como las que pretenden imponer, a conveniencia, el olvido de la historia, dentro de 70, o de 700 calendarios más, la humanidad seguirá celebrando aquella victoria soviética, salvadora de una esclavitud global que no se sabe a dónde hubiese conducido al planeta, si el fascismo alemán no se hubiera visto obligado a capitular.Acta de capitulación

De acuerdo con la historiografía, el acto de firma duró apenas 45 minutos, a partir de las 00.43 (hora de Moscú), en la localidad de Karlshorst, situada a las afueras de Berlín, por parte de los jefes nazis, mariscal Wilhelm Keitel, el almirante Hans Georg von Friederburg y el general Hans Jürgen Stumpf, en representación de la Armada, la Infantería y el Ejército del Aire, respectivamente, mientras por la parte soviética lo rubricó el mariscal Gueorgui Konstantínovich Zhúkov.

Empezaban a expirar, así, años de penuria para millones de habitantes en los países europeos ocupados por el fascismo, víctimas no solo de los horrores asociados al conflicto armado más grande de la historia: la Segunda Guerra Mundial, sino también del infierno que significaron más de 70 campos de concentración nazis, en cuyo interior, se estima, fueron asesinados alrededor de seis millones de seres humanos, aunque, en realidad, nunca se sabrá la cifra exacta de prisioneros ni de muertes allí.

Mapa  de la ubicación de los campos de concentración

Lo que países como Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos vieron al principio como oportunidad para mantener su potencia, debilitar a sus competidores imperialistas, enfilar al fascismo contra la URSS y liquidar al movimiento revolucionario mundial, se convirtió en un peligro sin límite, que solo el heroico pueblo ruso fue capaz de encarar como correspondía, hasta la victoria final.

Y fue, desde luego, la URSS, la nación que más alto precio humano y material puso durante la conflagración. Baste saber que de los 60 millones de personas que murieron en la guerra, alrededor de 27 millones, el 45 por ciento, correspondieron a la Unión Soviética.

Solamente en el bloqueo a Leningrado, 900 días de tenaz resistencia, murieron más de 1 200 000 soviéticos, cifra muy superior a las bajas totales de Inglaterra y EEUU, durante todo el conflicto.

Tal y como explicaba recientemente Galia Sidorenko, representante de la comunidad rusa en Ciego de Ávila, quizás muchos lectores, sobre todo jóvenes, desconozcan que el 41 por ciento de las pérdidas económicas de la guerra las padeció la URSS, territorio donde, por demás, los alemanes destruyeron unas 1 710 ciudades y poblados, 32 000 industrias, 65 000 kilómetros de vías férreas.

El ejército rojo no solo defendió a su país, en el contexto de un enfrentamiento sin paralelo, al que los propios soviéticos llamaron la Gran Guerra Patria, sino que, además, lanzó una indetenible ofensiva, hasta Berlín, para liberar a Europa del fascismo alemán.

A la luz de estos días, hay voces queriendo tergiversar la verdadera historia. Por ello, hace apenas unas horas, en el contexto de la conmemoración de la victoria, el presidente ruso Vladimir Putin, recordóó que hay quienes “ahora intentan borrar la hazaña del pueblo que salvó a Europa y al mundo de la esclavitud, la exterminación y los horrores del Holocausto, distorsionar, rescribir hechos de la guerra y ensombrecer el mérito de los verdaderos héroes.

“Detrás de las nuevas amenazas en el orbe están las mismas aberraciones del pasado: el egoísmo, la intolerancia, el nacionalismo agresivo y las pretensiones de ser exclusivos.”

Solo que la humanidad tiene memoria y vergüenza para no olvidar los hechos, tanto dentro de la propia Federación Rusa, como en La Habana, donde cientos de corredores rusos y cubanos volvieron a reeditar la Carrera de la amistad, o en un país como Italia, donde tampoco por casualidad han tenido lugar actos para festejar “el Día de la Liberación, en el aniversario 73 de la derrota del nazi-fascismo”.