Sábado, 17 de noviembre de 2018 4:29 PM

La solidaridad venezolana con los mambises (Parte II)

En un cayuco, pequeño bote rústico, el coronel insurrecto Rafael de Quesada partió desde las costas orientales hacia Jamaica, con la misión, encomendada por Carlos Manuel de Céspedes, de organizar una expedición.

De la isla caribeña continuó rumbo a Estados Unidos. En Washington, el 28 de septiembre de 1869 sostuvo una entrevista con el líder de la emigración José Morales Lemus, quien le indicó viajar a Nueva York, donde podría recibir recursos de la Junta Central de Cuba.

Manuel QuesadaMayor General Manuel de QuesadaMientras realizaba prolongadas gestiones, su hermano, el Mayor General Manuel de Quesada, adquiría el vapor Virginius por 25 800.00 pesos, y orientaba a su tripulación llevarlo a Curazao.

Allí el general venezolano José L. Arismendi entrenaba a un contingente de 500 combatientes que lucharían por la libertad de Cuba.

El fallecimiento de este oficial sudamericano, ocurrido el 21 de septiembre de 1870 en el combate de Irapa, y la guerra civil que sacudía a aquel país, demoraron los preparativos de la expedición. Además, el presidente venezolano Guzmán Blanco le pidió al general cubano ayuda para vencer a sus opositores conservadores.

Quesada le prestó 2 100 fusiles y transportó tropas del Partido Liberal en el Virginius. (1)

CÉSPEDES PIERDE LA PACIENCIA

Al conocer las negociaciones entre Quesada y Guzmán Blanco, el 4 de febrero de 1871, Céspedes, desesperado, escribía: "Cuando el pueblo en general y yo particularmente teníamos la esperanza de verle a usted pronto por estos lugares, trayéndonos recursos para combatir a nuestros enemigos, ha llegado […] la noticia que se encuentra usted en Venezuela con la expedición y que ha celebrado usted un tratado con Guzmán Blanco, poniendo a disposición de él todos los auxilios de que era usted conductor para Cuba. Supongo que habrán sido muy poderosos los motivos que hayan obligado a usted a tomar una determinación tan grave y que necesita justificar debidamente, pues solo así se concibe que haya usted prescindido del objeto de su viaje. Y aún en este caso estimo que debe dar usted una cuenta de esa negociación que pueda hacerse manifiesta al pueblo de Cuba en su oportunidad, ya que se trata de unos recursos que le pertenecen y que debieran servirle de auxilio en las difíciles circunstancias por que atraviesa". (3)

Rumbo a Cuba

El 14 de junio de 1871, al fin, zarpó el Virginius. De hierro, con 400 toneladas de desplazamiento, construido en Inglaterra para los confederados cuando la Guerra de Secesión de Estados Unidos, inició el viaje a las seis de la tarde.

Los tripulantes, nostálgicos, miraban el pestañeo de las luces de Puerto Cabello. En el muelle una multitud despedía a los internacionalistas.

Rafael de Quesada fue designado jefe de la expedición y el general venezolano Manuel Garrido Páez, segundo al mando. El capitán James F. Williams, experimentado en estas lides, conducía el barco.

Hemos consultado tres versiones que hacen referencia a la cantidad de combatientes que se trasladaron hasta las costas cubanas. Esteban Barrero, en carta a Agustín Cisneros con fecha 18 de septiembre de 1871, asegura que integraron la expedición 270 hombres, entre cubanos y venezolanos; sin embargo, el expedicionario Anselmo Villarreal dice que eran 30 venezolanos, seis o siete cubanos y cinco puertorriqueños. (4)

Máximo Gómez, por su parte, en carta enviada al presidente de la Junta Cubana de Jamaica, afirma que trajeron 600 armas de cápsulas, de ellas 400 quedaron en poder de su tropa, y asegura que el número de internacionalistas era de 60, la mayor parte de ellos oficiales. (5)

ESCENA DE PELÍCULA

Vapor VirginiusVapor VirginiusCon las luces apagadas el Virginius se fue acercando lentamente a las costas cubanas en la noche del día 21 de junio. A las dos de la madrugada ya estaba en la pequeña bahía de Boca de Caballo, en el sur de Oriente. Parecía una escena de película. Los burros nadaron hasta la playa, allí cargaron las alforjas y desaparecieron en la espesura junto al hermoso caballo que Guzmán Blanco le regaló a Céspedes. Las luces de un buque de guerra español que navegaba a corta distancia obligó a extremar las medidas de seguridad. No se habló ni fumó hasta llegar monte adentro.

Para aligerar la marcha, Quesada ordenó a cada hombre llevar cinco fusiles. Dos días después se les unían, en calidad de custodia, 100 insurrectos dirigidos por el coronel Jesús Pérez.

Antes de que el hambre se convirtiera en pesadilla, decidieron sacrificar a las acémilas. El 27 se les sumaban otros 200 soldados, con el Mayor General Calixto García al frente. A Pilón, donde estaba el campamento de Máximo Gómez, arribaron el día 29. La misión había sido cumplida.

Céspedes, rememoró un testigo: "Parecía un niño malcriado cuando recibe algunos juguetes, no hablaba más que de las buenas noticias recibidas, enseñándole a todos los que lo visitaban el reloj de bolsillo de campaña, que le enviaba su cuñado el general Quesada y el caballo, color alambrado, que el general Guzmán Blanco le había enviado, al que tenía colocado a la vista del campamento". (6)

Citas:

1- Pedro Pablo Rodríguez. «Martí en Venezuela, la fundación de nuestra América», Anuario del Centro de Estudios Martianos, 12, 1989, p. 138.

2- Carta de Betances a Francisco Javier Cisneros Correa, diciembre de 1870, Cuba en Betances, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985, p.183.

3- José Antonio Quintana García. Venezuela y la independencia de Cuba, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2005, p. 28.

4-Milagros Gálvez Aguilera. Expediciones navales en la Guerra de los Diez Años. 1868-1878, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2000, p. 118.

5-Máximo Gómez. Diario de campaña, Ceiba del Agua, 1941, p. 501.

6-Francisco Arredondo Miranda: Recuerdos de las guerras de Cuba, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 1962.


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar