La solidaridad venezolana con los mambises (I)

Aunque el gobierno de Venezuela no reconoció a su homólogo de la República de Cuba en Armas debido a los vínculos diplomáticos con España, los dirigentes de la revolución contaron con la ayuda del pueblo venezolano y la simpatía de sus líderes.

En febrero de 1869, desde Caracas, Andrés de Vizcasaondo le escribía a Carlos Manuel de Céspedes una carta que demostraba tal voluntad política: “El gobierno de Venezuela está ligado con el de España por tratados internacionales, nada puede hacer a los cubanos por ahora a favor de vuestra independencia, pero es evidente que no estorbará, antes bien ayudará a la salida de oficiales y tropas que deseen ir allá a prestar sus servicios en la causa de la América. Es pues imprescindible que usted envíe un comisionado que me traiga poderes del gobierno de la revolución cubana para tratar de constatar con los de esta república. Para el desempeño de esta comisión me favorecerá la circunstancia de ser general en jefe de los ejércitos de la Unión Venezolana […]. Yo me iré a Cuba con el comisionado que mande usted, nos pondrá al habla, comenzaremos un plan y Puerto Rico no solo seguirá el impulso de Cuba, sino que completará devolviendo heroicidad por simpatía”. (1)

El Padre de la Patria escribió misivas a varios mandatarios para obtener el reconocimiento de la beligerancia, entre ellos al presidente de Venezuela.

El 5 de mayo, de 1869, en el senado venezolano se analizó el informe de una comisión mixta integrada por Luis Level de Goda, Miguel Aristeguieta, Mariano Ascanio, José Tadeo Monagas y Fedencio Pimentel, entre otros, que valoró la propuesta de reconocer la beligerancia. El texto decía que Venezuela “podría
reconocer en Cuba y Puerto Rico, el derecho imprescindible de insurrección para conquistar su independencia y libertad, y para ver y tratar como beligerantes a los bandos contendientes en aquellos países”.

Pero agregaba que “este asunto no es de competencia del congreso”, y opinaba, además, que se enviara el expediente al Ejecutivo Nacional para que dictaminara cuando lo estimara conveniente.

La decisión provocó un intenso debate en el congreso. El diputado Hilario Parra se opuso al dictamen, y el 10 de mayo señaló que correspondía a esta instancia resolver los asuntos internacionales. En sus alegatos, firmes y previsores, expresó que la causa cubana era similar a la de los países americanos cuando iniciaron en 1810 la lucha contra España.

También alertó sobre el peligro que significaba Estados Unidos en su política de expansión: “La América del Sur yace sumida en un letargo inexplicable y olvida enteramente sus deberes, intereses y tradiciones. No siente que la Gran República, después de clavar sus poderosos pendones en California y Panamá y mantener a México bajo su patronato exclusivo, avanza infatigable por las aguas del Mar Caribe, tomó posesión de Santomás y de la bahía de Samaná y se prepara a enclavar en su Confederación las dos ricas Antillas de Cuba y Puerto Rico […]. En la anexión de estas islas a la República del Norte se continúa jugando la independencia de las repúblicas latinoamericanas.”

Fue un discurso brillante, que terminó así: “La naturaleza, la lengua, el origen, la religión, el carácter, todo marca en esas Antillas su identificación a la América Latina, y la política que trata de adherirlas al Norte, es una política violenta, que puede ser frustrada con poco esfuerzo.” (2)

Sus palabras tuvieron repercusión favorable. Al día siguiente volvió a reunirse el congreso y autorizó al Presidente de la República a “proceder, llegado el caso, bien en reconocimiento de los derechos de beligerantes, o bien de la independencia, a los cubanos contra la metrópoli española”. (3)

Carlos Manuel de Céspedes, optimista al conocer los hechos, designó al médico cubano Miguel Bravo Sentíes, en 1869, agente de la República de Cuba en Armas en Venezuela. En Caracas este comisionado halló hospitalidad en casa de la familia venezolana Smith, y logró relacionarse con las altas esferas del poder, incluyendo al presidente de la nación, general José Ruperto Monagas.

El 8 de febrero de 1870 Monagas escribió a Céspedes felicitándolo por la elección de Bravo. También hizo votos por el triunfo de la causa de los cubanos. En la respuesta a la misiva, el presidente del gobierno mambí reconocía la influencia ideológica de la historia de Venezuela en su pensamiento y agradecía la ayuda internacionalista:

“Venezuela, que abrió a la América española el camino de la independencia y lo recorrió gloriosamente hasta cerrar su marcha en Ayacucho, es nuestra ilustre maestra de libertad, el dechado de dignidad, heroísmo y perseverancia que tenemos incesantemente a la vista los cubanos. Bolívar es aún el astro esplendoroso que refleja sus sobrenaturales resplandores en el horizonte de la libertad americana como iluminándonos la áspera vía de la regeneración. Guiados por su benéfico influjo, estamos seguros de que alcanzaremos felizmente el término.”

No es, por tanto, sino muy natural que Venezuela considere como continuación de su épica lucha de independencia la que ensangrienta los campos de Cuba, y que se despierten en las mentes de sus esforzados hijos recuerdos grandiosos del heroísmo, y en sus corazones sentimientos de exaltación generosa evocados por el propio despotismo que sus preclaros padres derrocaron.” (4)

Bravo Sentíes cumplió meritoriamente su encomienda.

Luego se incorporó a la primera expedición del Virginius, hecho que relataremos más adelante, y en Cuba fue ministro de varias carteras del gobierno mambí.
A partir de abril de 1870, la solidaridad se intensificó al tomar el poder Antonio Guzmán Blanco. En unas instrucciones al embajador de su nación en Madrid, el nuevo mandatario orientó: “procurar que el gobierno de la república española haga justicia a Cuba y le otorgue la independencia, logrando por este medio que el elemento cubano venga a acrecer los intereses de Suramérica, que una resistencia contumaz, por parte de la metrópoli, acabaría con lanzar al lado de otros intereses”. (5)

Al parecer, Guzmán se refería a Estados Unidos cuando expresó “de otros intereses”. Su gobierno contribuyó al financiamiento de la primera expedición del Virginius, gesto que ganó la airada protesta de España e inició un conflicto diplomático que concluyó con la expulsión del representante hispano en Caracas al año siguiente.

Citas:
1- Raúl Aparicio: Sondeos, Ediciones Unión, La Habana, 1983, p. 32.
2- La Revolución. Cuba y Puerto Rico, 23 de junio de 1869, p. 2.
3- Francisco J. Ponte Domínguez: Historia de la Guerra de los Diez Años, Imprenta El Siglo, La Habana, 1958, p. 33.
4- 29 Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, t. 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p. 230.
5- Salvador Morales: Martí en Venezuela, Bolívar en Martí, Editora Política, La Habana, 1985, p. 7.