Golpe audaz

El asalto a Ciego de Ávila estremeció el poder colonialista en el asentamiento

La noche del 26 de mayo de 1876 la pequeña localidad de Ciego de Ávila entró en las páginas de la forja de la nación cubana, mediante el protagonismo del ilustre dominicano-cubano Máximo Gómez Báez, Mayor General del Ejército Libertador.

Entre los mambises que participaron en el asalto se encontraban avileños, espirituanos, camagüeyanos y orientales, de caballería e infantería, dirigidos por oficiales de gran experiencia como los coroneles Gabriel González Galbán, mexicano, y F. F. Borrero, y los tenientes coroneles José A. Gómez Cardoso y Enrique Loret de Mola, avileño y camagüeyano, estos dos últimos, respectivamente.

El factor sorpresa fue total ante la confianza de los españoles en el sistema de nueve fuertes que protegían la demarcación y que lo consideraban inexpugnable, pues entre cada uno no existían 500 metros en línea recta, en tiempos en los que sus tropas disponían del fusil Remington, con alcance cercano a los 1 000 metros; sin obviar el conocimiento detallado del escenario por oficiales y hombres de fila; la información de la red de agentes de que disponía quien concibió y planificó la acción, cuyo objetivo era obtener recursos y vestuarios de los almacenes existentes en el lugar; y la táctica concebida por El Generalísimo.

Por ambos bandos se combatió fuerte durante varias horas, pero nada pudo impedir que los mambises llegaran hasta la céntrica plaza y que en su avance tomaran dos de los fuertes, al machete, y se apropiaran del avituallamiento necesario.

Tras incendiar una parte del poblado, Máximo Gómez ordenó la retirada. Los españoles, en su impotencia, hicieron disparos de artillería. Por la parte cubana las bajas fueron siete, entre muertos y heridos; y 34 en las filas enemigas.

El golpe audaz propinado por Máximo Gómez, calificado por el historiador Francisco Pérez Guzmán como uno de los 12 asaltos más importantes en la Guerra de los Diez Años, tuvo enorme repercusión en el plano militar, y mucho más, en el estado de la moral combativa de las tropas contendientes, pues demostró que para el pueblo que luchaba por su independencia no existía valladar imposible de atacar con éxito y que los representantes de la metrópoli nunca gozarían de seguridad plena.

En la actual capital provincial varios lugares ayudan a comprender la magnitud de la hazaña: el mural A los Orígenes (en la calle Marcial Gómez esquina a Joaquín de Agüero), y el mural de cerámica en el parquecito existente en la esquina noreste de las calles Máximo Gómez y Marcial Gómez, obra de los artistas Nelson Torí y Carlos Sánchez, Kiko, respectivamente, y, también, la tarja en la esquina sureste de las últimas calles mencionadas.