Girón y los días gloriosos de abril

Hace 57 años que abril parió una nueva historia. El 19, las armas cubanas se vistieron de largo en las arenas de Playa Larga y Playa Girón.

La sabiduría popular acuñó, para situaciones como aquella, un contundente refrán, aquel que sentencia: Vinieron por lana y salieron trasquilados. Así le sucedió a la Brigada mercenaria 2506, a pesar de haber sido armada, financiada, entrenada y apadrinada por la Agencia Central de Inteligencia yanqui —organizó la Operación Pluto, el proyecto más poderoso jamás realizado por esa agencia— y por el gobierno de turno en los Estados Unidos de América.

Girón no fue otra cosa que el intento desesperado de quienes cebaron su odio contra la naciente Revolución triunfante, ante la aplicación paulatina del Programa del Moncada y la radicalización del proceso revolucionario, en tanto respuesta a los zarpazos imperialistas, entre ellos, conspiraciones, los sabotajes, los intentos de asesinatos de los principales líderes, la rebaja de la cuota azucarera, el cese de las relaciones diplomáticas, la voladura del vapor francés La Coubre…

Concatenación de hechos que desembocó en los arteros bombardeos de las bases aéreas localizadas en San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba el 15 de abril, catalogados por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz como el preámbulo de la invasión, al despedir al siguiente día el duelo de las víctimas, ocasión en que declaraba el Carácter Socialista de la Revolución Cubana, aprobada por miles de milicianos, quienes con sus fusiles en alto rendían homenaje a sus compañeros caídos.

En la madrugada del 17 desembarcó por dos puntos de la Bahía de Cochinos: Playa Larga y Playa Girón la Brigada 2506. El propósito era establecer una cabeza de playa e instaurar un gobierno provisional contrarrevolucionario y de inmediato pedir la intervención.

Muy rápido fueron movilizados varios batallones de Cienfuegos, Matanzas y La Habana; también el de la Policía Revolucionaria y el de la Escuela Nacional para Responsables de Milicias de Matanzas, así como las baterías antiaéreas y los escasos tanques de las FAR.

El enemigo empleó indiscriminadamente aviación, incluidos bombardeos con NAPALM y ametrallamientos contra las fuerzas y vehículos cubanos y asentamientos poblacionales, pero pusieron en alto el prestigio y la valentía de las armas cubanas la aviación de combate de las FAR, los jóvenes artilleros, los milicianos y los miembros del Ejército Rebelde.

Al siguiente día se produjo la contraofensiva cubana, que hizo retroceder a los mercenarios hasta lograr que, el 19, a las 5:30 de la tarde, rindiera sus armas el último reducto en las áreas de Girón.

Allí, junto al pueblo uniformado, estuvo todo el tiempo el Comandante en Jefe Fidel, como lo hizo, al igual que los principales dirigentes del Estado cubano, durante muchos años ante diferentes situaciones adversas.

La fuerza mercenaria estaba compuesta por 1 511 hombres de diferentes estratos sociales, desde grandes propietarios, comerciantes y casatenientes, hasta exmilitares, esbirros batistianos y lúmpens. Del total 314 murieron y el resto, incluidos los heridos, fue hecho prisionero. Los que no tenían deudas con la justicia, fueron canjeados por medicinas y alimentos.

Los efectivos cubanos se encontraban en diferentes niveles de desarrollo político e ideológico: el 40 por ciento eran obreros y campesinos y el 32, militares de las FAR y el MININT. Del total, 170 murieron, más de 300 recibieron heridas y medio centenar quedó incapacitado.

Entre los fallecidos, cinco eran avileños: Santiago Rojas Salinas, Inocente Palacio Baró, Donatilo Iselín Arencibia, Macario Guevara Carvajal y Julio Luis Rodríguez González.

Aquella pléyade de mártires y héroes de la Patria, en apenas 66 horas, hicieron morder al enemigo el polvo de la derrota.