Domingo, 24 de junio de 2018 4:47 AM

El macheteo del Mamoncillo

En horas de la mañana del lunes 14 de junio de 1875, un hecho fortuito se convertiría en una aplastante derrota para las tropas españolas destacadas en Morón.

Ese día, en la otrora finca La Horqueta, localizada a una legua al oeste de esa villa, una fuerza insurrecta al mando del coronel Manuel Lechuga y el teniente coronel Luis Morejón, tomó prisionero a Néstor Sarduy, quien resultó muerto al intentar escapar.

Cuando las autoridades de la villa conocieron la noticia, una tropa conformada por voluntarios, a las órdenes del alférez Antonio Rodríguez, un grupo de bomberos comandados por el capitán Francisco Hernández León, y los

guerrilleros dirigidos por el también capitán Francisco Fernández Olivares, cuyos efectivos superaban los 100 hombres, salieron decididos a rescatar el cadáver.

No habían avanzado mucho en la marcha cuando se encontraron con las tropas de Lechuga y Morejón, quienes no dieron tiempo a que se organizara el enemigo para enfrentarlos y raudos, cargaron al machete, causándole a la columna 24 muertos y un herido.

Entre las primeras bajas se encontraban todos los jefes y, en el caso del jefe guerrillero Francisco Fernández, cayó debajo de un frondoso mamoncillo que había en el camino Real de Morejón a Ranchuelo.

Como resultado del exitoso macheteo se abatieron en el campo de batalla 12 voluntarios, seis miembros de la guerrilla local moronense, e igual número de bomberos, mientras Onofre Rivero Morgado resultó herido.

Días después fueron celebradas las honras fúnebres y se dijo una misa en el cementerio de la localidad en memoria de los muertos en esa acción armada.

Esta acción, una de las más resonantes victorias mambisas de las acontecidas en el territorio de Morón durante la Guerra de los diez Años, ha pasado a la historia con el nombre de Combate del Mamoncillo. Como es de suponer, la prensa española consultada no recogió en sus páginas esa aplastante derrota.

Monumento al Ejercito Libertador Años después sus restos fueron trasladados a la actual necrópolis moronense, donde se les erigió un monumento que hoy perdura como símbolo de la pujanza del Ejército Libertador y su irreductible decisión de luchas por la independencia de Cuba del yugo español


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