El asesinato de José María Agramonte y sus compañeros

Hace algunos días visité el obelisco erigido a los mambises asesinados el 24 de octubre de 1895, ubicado en la calle Libertad, entre 2 y 3, muy cerca de la sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular Provincial de Ciego de Ávila.

Al leer el contenido de la tarja reflexioné sobre la importancia que tienen para el conocimiento de nuestra historia y la formación de valores las construcciones conmemorativas, su cuidado, conservación y utilización por los estudiantes, jóvenes, trabajadores y el pueblo en general. Me dije: “No se debe olvidar nuestro pasado glorioso…” y he aquí los hechos que ocurrieron en este lugar.

Luego de iniciarse la Guerra del 1895, el patriota avileño José María Agramonte se alzó el 21 de abril al frente de un grupo de hombres en su finca Pozo Brujo, cerca del actual poblado de Pina, y se unió a las fuerzas dirigidas por el coronel Joaquín Castillo López, quien se había pronunciado en armas en esa fecha en la zona de Florencia. Los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez le otorgaron el grado de Capitán, y en aquel momento pasó a las órdenes del Coronel Justo Sánchez Peralta, jefe del Regimiento Martí, que operaba al oeste de la Trocha Militar de Júcaro a Morón.

Según el historiador avileño Antonio Benedico Rodríguez, el General español José García Aldavé, que dirigía la Brigada de La Trocha, quiso conocer sobre los jefes mambises, debido a la pujanza de la Revolución en Las Villas; se puso de acuerdo con el Teniente de guerrilla, José Castillo, y decidieron que este se haría pasar como desertor del Ejército peninsular para desempeñar una comisión militar.

Castillo y sus subalternos, el Cabo Zorrilla, Manuel Hernández (Cebolla), Lalo Díaz (de Morón) y el Catalán, salieron hacia Jicotea, buscando fuerzas cubanas para incorporarse a ellas. Desde allí los cinco guerrilleros, a través de un confidente que avisó a los jefes cubanos de Las Villas, contactaron con las fuerzas cubanas.

“…Fueron recibidos con recelo y tuvieron a bien mandarlos a operar por La Trocha con el Coronel Justo Sánchez Peralta. El Coronel Sánchez era desconocedor de toda aquella trama de traición y cobardía que se fraguaba por Castillo, y a esto se debió el que creyera en las armas que este le dijo que tenía escondidas en los alrededores de Ciego de Ávila, y dispuso que el Capitán José María Agramonte Varona, el Alférez Juan Evangelista Rodríguez, el Alférez Manuel Campos Sosa, el Cabo José Herrera Vallejo y Pelado Rodríguez fueran en unión del falso Castillo, en busca de dichos armamentos”.

El hecho ocurrió el día 24 de octubre de 1895, a las diez de la noche, hora escogida por el criminal oficial. Cuando llegaron al punto conocido por Santa Bárbara, en las proximidades de Ciego de Ávila, siguieron a pie hasta una cañada, en un área cubierta de manigua en esa época. En el lugar quedaron de guardia Manuel Campos y Pelado Rodríguez, al cuidado de los caballos.

“¡Marchaban los tres cubanos confiados entre los cinco traidores guerrilleros concebidores del asesinato alevoso que se iba a realizar! …Rompieron la marcha, cerca de la cañada y apenas habían andado más de 40 pasos, el guerrillero Cebolla, que iba detrás de Agramonte, le pegó la boca del rifle en la nuca…,dándole muerte en el acto, y después de caído en el suelo, le asestó varios machetazos más. Ante lo ocurrido, Juan Evangelista Rodríguez, que marchaba detrás de Castillo, le tiró un fuerte machetazo a éste, que le llevó en claro el ala del sombrero y un pedacito de la oreja, pero fue asesinado también, de igual manera que Herrera Vallejo, que se defendió denodadamente, batiéndose a tiro limpio con los cinco guerrilleros,…”

Acto seguido, Castillo y sus hombres volvieron a donde habían dejado a Campos y al Pelado; sin darles tiempo a defenderse, la emprendieron a culatazos contra ambos. La oscuridad de la noche y la vegetación que cubría el lugar, permitieron huir a este último; mientras, el Alférez Campos recibió un culatazo en la cabeza, que lo derribó sin sentido. Medio aturdido se evadió de la muerte internándose en la manigua; más tarde se reincorporó a las fuerzas de coronel Sánchez, donde contaría lo sucedido.

Al constituirse la República neocolonial, el Ayuntamiento de Ciego de Ávila para perpetuar la memoria del valiente Capitán, nombró una de sus calles José María Agramonte, “como la mejor señal indicadora de su gloria y patriotismo, donde verán eternamente nuestras futuras generaciones, la apoteosis de un Libertador cubano”.