El asalto a Morón

Una de las acciones más audaces de la Guerra de los Diez Años en territorio avileño

Los asaltos y tomas temporales de los principales poblados y ciudades por los mambises fueron acciones relativamente frecuentes. No era tarea fácil ejecutarlos con éxito, mucho menos si tenían como objetivo a Ciego de Ávila o Morón, centros de operaciones de la Trocha Militar de Júcaro a Morón donde, por lo general, se encontraban cientos de soldados en sus guarniciones, protegidos por fortines y elevadas cercas de jiquí.

La fecha escogida para el asalto a Morón fue el 20 de julio de 1876. El General Manuel Suárez Delgado había organizado una columna con infantería de Caonao y Bonilla, y dos escuadrones del Regimiento Agramonte, en combinación con fuerzas del Tercer Cuerpo de Ejército. La entrada en la villa la efectuó a las 8:00 de la noche, por la calle Casales, actual Ignacio Agramonte; continuaron hasta la Real, hoy Martí, y siguieron por esta hasta Isabel Segunda, hoy Máximo Gómez. En los establecimientos de Ramón Rodríguez, Luis Angulo y Juan Galvis, se proveyeron de todo lo necesario.

Los fuertes circundantes se defendieron con disparos, que no causaron bajas a los asaltantes, quienes, luego de un tiempo en el lugar, se retiraron hacia La Serrana, por la calle Isabel Segunda. En la operación recibieron apoyo del Coronel José Molina, el que atrajo la atención, con sus hombres, de los adversarios que cubrían las partes norte y oeste de la villa.

El historiador español Antonio Pirala, en su obra Anales de la guerra de Cuba, reconoce la derrota y critica la forma en que actuaron las tropas de las guarniciones de Morón y Villaclara: “Tropas más que suficientes había en uno u otro punto para desear la presencia del enemigo. En Morón, además del destacamento ordinario, se encontraban accidentalmente algunas compañías de una columna de operaciones [...] el abandono de toda vigilancia en Morón y el aturdimiento y la falta de iniciativa tanto allí como en Villaclara, ocasionaron que se desaprovechase la oportunidad, y quedaran impunes el insulto, el saqueo de algunas tiendas y el incendio de edificios. Con jefes como algunos de los que allí mandaban era difícil obtener éxitos en la guerra.

“En ese momento, el jefe de la plaza era el coronel Braulio Ordóñez, y se encontraban en Morón de 400 a 500 hombres. A pesar de eso, los invasores se enseñorearon de la población, y como describiera el general Joaquín Jovellar y Soler al Comandante General del Departamento de Las Villas: ‘(...) hicieron cuanto les dio la gana con tranquilidad completa. ¿No será posible que lleguemos a contar con jefes precavidos y que no se asusten cuando se presenta la ocasión?”’

Mientras, el General Manuel Suárez comunicaba a sus superiores los detalles más relevantes de la operación: “(...) La columna de ataque al mando de los tenientes coroneles G. [Gaspar] Betancourt y D. Johnson y la fuerza de vanguardia de los tenientes coroneles S. Rosado y J. M. Capote, avanzaron sobre la fortificada villa, quedando de reserva mi escolta, con dos escuadrones al mando del Ten. Cor. F. Céspedes. La extrema vanguardia, al mando del Capitán Eduardo Mederos, ocupó el fortín que defendía la entrada de la calle Casales. Se ocupó, además de dicho fortín, cuatro armas, pistolas y revólveres Remington, 82 machetes de media cinta nuevos, tres caballos, cuatro cornetas y varios instrumentos, además de 10 000 pesos en oro, y un rico botín de ropas, prendas y efectos. El enemigo tuvo seis muertos vistos. Sin novedad. Mis tropas permanecieron tres horas dentro del pueblo, sin ser molestadas, a pesar de su guarnición de 600 hombres que a los primeros disparos se replegaron a sus cuarteles y fuertes atrincherados.”