Miércoles, 19 de septiembre de 2018 11:31 AM

De los tiros a la tea

La región avileña no permaneció impasible cuando en 1895 la lucha armada regresó a los campos de Cuba

El 24 de febrero de 1895, bajo la acción orientadora de José Martí, iniciaba en Cuba la Guerra Necesaria; dos meses después, la prensa española reportaba hombres armados en Hato Viejo, cerca de Jicotea, y el fuego de guardias civiles en Derramaderos, al sur de Majagua, con la partida del bandolero Florentino Rodríguez, El Tuerto; también se “rumoraba que había aparecido una banda dirigida por el titulado coronel Castillo, en la Ceja de Lázaro López” la cual consideraron informal, según el periódico La Lucha.

El primer alzamiento se produjo el 21 de abril de 1895 en la finca Jagüeycito, actual municipio de Florencia, dirigido por el coronel Joaquín Castillo López, al frente de 40 hombres. A este grupo se le unió la partida liderada por José María Agramonte, quien se había sublevado en esa fecha, desde su finca Pozo Brujo, cerca del actual poblado de Pina. El 28, el capitán Juan Pedro de la Rosa Quijano y Benito, con un grupo de insurrectos, se instaló en La Reforma, adonde llegó el general Carrillo con 200 hombres y 70 000 cápsulas. El 11 de mayo se les unió el teniente coronel Juan Bruno Zayas, al frente de 140 efectivos, procedente de Las Villas.

Coincidiendo con la caída de Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo, se sublevó el teniente coronel Nicolás Hernández Moreno,“El Tocayo”, cerca de Morón, con una fuerza de 16 efectivos. Ese día se alzaba su sobrino, el alférez Simón Reyes Hernández, al mando de 15 insurgentes, en su finca Los Suspiros, próximo a Ceballos, quienes se unieron a la tropa de El Tocayo.

El comandante Justo Sánchez Peralta en compañía de su familia se levantó en armas, el 22 del propio mes, en Paso Viejo, al noroeste de Majagua. Días después, su cuñada y colaboradora de Máximo Gómez, Emilia González Echemendía, junto a su esposo e hijos, marcharon a los montes de aquella propiedad.

Paso a paso, las fuerzas del Ejército Libertador ganaban en número, organización y recursos. Desde el día 2 de junio, los capitanes Juan P. Quijano y el llamado Cervantes, efectuaron algunas emboscadas al enemigo causándole varios heridos entre los fuertes de Chambas y Marroquí. Mientras varias partidas recolectaban caballos y monturas para emprender acciones rápidas y sorpresivas, cuyo efecto para los españoles era desorientador, como el tiroteo al fuerte de Jicotea.

En Ciego de Ávila se ubicó la jefatura de una brigada española, al mando del general Emilio Serrano Altamira, y de una media brigada comandada por el entonces coronel José García Aldavé. El día 8 el Capitán General, Arsenio Martínez Campos, nombró a esta provincia como el Cuarto Distrito Militar.

Logo del 150 aniversario Para el 6 de julio Nicolás Hernández había organizado sus fuerzas en la finca San Diego; más tarde era ascendido a coronel por disposición de Máximo Gómez, quien le indicó organizar el regimiento de caballería Castillo. Esta fuerza se integró por tres escuadrones, al mando de los comandantes Casimiro López, Simón Reyes y José Pérez Águila, que se destinaron a operar alrededor de la Trocha.

El 18 de julio, los insurrectos quemaron las casas del ingenito Algodones, entre Jicotea y Lázaro López, y la finca La Poza, del término de Ciego de Ávila. La Trocha recibió ataques continuos y sorpresivos para sabotear las construcciones de la línea, interrumpir las comunicaciones, hostilizar al enemigo y debilitar la efectividad de la fortaleza. El periódico El Fénix, de Sancti Spíritus, notificaba que el 19 de julio los mambises incendiaron tres fortines y destruyeron un gran trecho de líneas telegráficas y telefónicas de este valladar.

Las nuevas incorporaciones de los insurrectos y sus operaciones desarrolladas, obligaron a Martínez Campos a personarse en Ciego de Ávila en la primera quincena de julio y dejar instrucciones a las autoridades españolas locales, que no impidieron las acciones mambisas en el territorio avileño.


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