Lunes, 20 de mayo de 2019 10:39 PM

Crónica en dos tiempos

Albadio Pérez Segura está al borde de los 90 y al centro de una historia que ha tenido que ser re-escrita gracias a su otra lucha: la de esclarecer acusaciones que por años le han dolido en el pecho. El mismo pecho que expuso a las balas cuando era el jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de julio en Ciego de Ávila. Esta es su crónica en presente, aunque hablemos del pasado

Albadio ha sido siempre un hombre extremadamente sensible, y cada vez que el adverbio se presentaba “extremadamente” categórico para una mañana de apenas tres horas, su historia volvía a darme la razón: la de antes y la de ahora.

Antes, porque pudo ser un simple trabajador bancario que se quejaba de la dictadura en las tertulias de algún comercio, y terminó siendo ese mismo trabajador, mientras tejía las acciones del Movimiento 26 de julio en la clandestinidad del llano, donde ni la cárcel ni las delaciones ni los disparos lo hicieron desistir.

Ahora, porque cuando su actuar fue cuestionado por la historiografía del General de Brigada William Gálvez (en el libro Camilo, Señor de la Vanguardia), Albadio se lanzó a reclamos que, aunque fueron entendidos (y rectificados) en su momento por el propio General, llegan hasta el día de hoy.

En ningún tiempo, pasado o presente, la injusticia le ha sido esquiva, pero tal sensibilidad se le extremó aquella mañana en el rojo de sus ojos con que enjuagaba sus palabras: “yo no puedo morirme con esa mancha en mi expediente”, decía con la costumbre de enfrentar la vida, que se le hizo tan vieja como él.

Y empezó a enfrentarla siendo el joven que hoy se busca en las fotos, el Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento, que, en tres ocasiones, fuera preso, sin que en ninguna de las tres veces las sospechas le quebraran la calma que disimulaba en su rutina diaria, en uno de los lugares más visibles de la ciudad, la calle Independencia.

Por allí debe haber endurecido sus convencimientos ante las situaciones más insospechadas, como aquella que en los primeros días de Revolución lo llevó al campamento de Columbia a hablar con Camilo sobre los sucesos que impidieron el apoyo de los avileños a la Columna invasora número 2, Antonio Maceo, durante su paso por este territorio.

Para entonces, ya Abelardo Rodríguez Florido (el coordinador del Movimiento en Ciego de Ávila) había sido apresado en Columbia y un informe enviado al Comandante Fidel Castro, el 9 de octubre de 1958, dejaba zanjada la opinión del Señor de la Vanguardia sobre los sucesos en la región.

En una de las partes del extenso informe (reproducido en el libro) puede leerse: “Los señores que representaban la causa revolucionaria en Ciego de Ávila se comprometieron a resolvernos la gran mayoría de los problemas que teníamos. Uno de ellos, el más importante, conseguirnos los camiones para trasladarnos y alejarnos lo más posible de la zona rumbo a Las Villas y conseguirnos ropa, mercancías y medicinas.”

Contaría luego Camilo que ese señor (refiriéndose a Florido) “no cumplió la palabra empeñada, ni siquiera, por estar lloviendo, se dignó a llegar al campamento y dar una explicación de los motivos que le impidieron cumplir con su deber como militante”.

Así, la tropa invasora saldría rumbo al norte avileño con la desazón de no haber recibido el apoyo ni saber por qué, lo que llevaría a Camilo a escribir con severidad: “la dirección general del Movimiento debe tomar medidas contra estos individuos haciéndoles consejo de guerra”.

Cita Camilo la irresponsabilidad de Florido y de un “tal Arbello”; un nombre que en el diario del doctor de la columna, Sergio del Valle, aparece referenciado así: “10 p.m. Nos enteramos por Dumenigo que la Dirección (el señor Coordinador doctor Florido y el señor Arbelio) no había conseguido nada y que no podían trasladarse a la finca porque estaba lloviendo”.Textos del libro Fragmento del informe de Camilo que puede encontrarse entre las páginas 289 y 298 del libro, Camilo, Señor de la Vanguardia.

Bautista Duménigo sería el colono, dueño de una finca (en las tierras que ocupa el Motel del Partido) donde el 29 de septiembre se reunieron integrantes del Movimiento en Ciego de Ávila y de la columna # 2 para asegurar el apoyo.

Unos meses después, Albadio iría hasta Columbia sin saber exactamente los señalamientos de aquel informe (o del diario). Y ni con tales inconvenientes guardó para sí la imagen de un Camilo hosco, sino del hombre que lo escuchó sereno, atento y lo declaró, junto a Florido, absuelto de culpas. Pero los argumentos que lo exoneraron de cualquier responsabilidad desaparecerían con la desaparición de Camilo y prevalecería solo la versión de Albadio, quien asegura hasta hoy no haber participado en dicha reunión.

“Además, por esos días, había ocurrido la masacre de Pino III, algo que Camilo, incomunicado, no tenía forma de saber. La dirección del movimiento, que pertenecía a Camagüey, estaba en alerta y la situación no era favorable a contactar con camiones y conseguir ayuda muy fácil”, relata Albadio, con la sensación de que semejante paralelo no haya podido establecerse en medio de la guerra del ´58 y haya sido, en parte, un factor decisivo a la hora de juzgar al Movimiento avileño.

Sin embargo, en 1979, saldría publicado Camilo, Señor de la Vanguardia —donde el General Gálvez se ceñiría solo al informe de Camilo, sin aclarar, al menos, con una nota al pie, el desenlace de los polémicos acontecimientos—, y Albadio sintió el peso de la injusticia y reclamó y exigió…

Su primera reclamación terminaría siendo estudiada y firmada, según refleja la misiva, por los integrantes de la Columna número 2, el entonces General de División, Sergio del Valle Jiménez, el de Brigada, William Gálvez Rodríguez, y el capitán Hornedo Rodríguez Ruiz —enviado por el frente del Escambray a la reunión del 29 de septiembre—, quien asegura que Albadio no participó en la cita.

En el mensaje de 1995, los generales referirían, asimismo, que daban por sentado que “Camilo exoneró a ambos de la responsabilidad que hubiese tenido cada uno” y agregaban que harían llegar una copia para que se adjuntara al informe sobre la invasión. La carta indicaba copias al Instituto de Historia de Cuba, a la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado y al Ministro de la Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Quizás por ello Albadio no entendió (ahora menos) que en 2002 saliera a la luz el libro Camilo, táctica y estrategia de una victoria, en el que el autor, el propio Sergio del Valle, volviera a hacerse eco de la acusación de Camilo, sin el asterisco, apenas, con el que los historiadores suelen aclarar los hechos a la postre.Alcadio con un libroAlbadio se busca en los recuerdos de imágenes que no logran detenerlo en el tiempo. El futuro le sigue importando tanto o más.

Y todavía, al vórtice del 2019, Albadio no logra extirpar una carga que, a ratos, parece indignación y, a veces, solo tristeza, porque “es cierto que Camilo lo dice en el informe que citan una y otra vez, solo que al decirlo no conocía las interioridades de lo sucedido”, insiste, intuyendo —pienso— que debe convencerme.

No obstante, Invasor había leído las cartas con sus respuestas y fotocopias de libros que engrosan un expediente, archivado por Sixto Rolando Espinosa, presidente de la filial Provincial de la Unión de Historiadores de Cuba. Incluso, Rolando Maché Jamison, presidente de la Dirección Provincial de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, había narrado “la conducta intachable” de Albadio, un miembro activo de la organización hasta que los años y las enfermedades pudieron casi más que él y lo recostaron a un bastón.

Por eso, cuando conversamos, su sensibilidad y su inocencia ya estaban probadas, y no pretendimos hurgar demasiado en los dolores de su lucha; sobre todo por la confirmación de que Ángel Cabrera Sánchez tiene en proceso de edición el libro Síntesis Histórica de la Provincia de Ciego de Ávila, donde “se esclarecen estos sucesos”, comentaría el historiador de la ciudad.

Pero la tinta de los periódicos llega primero y el anticipo de esta crónica podría devolverle a Albadio la tranquilidad de una historia tejida con nudos en el pasado y desentrañada ya para el futuro.


Comentarios  

# Tatina 16-05-2019 08:48
Linda crónica.
Mis respetos y admiración por Alvadio, conozco su caso y sé de su nocencia, lo admiro hoy más que nunca, porque aún a sus casi 90 años sigue luchando por la justeza de esta Revolución.
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