El tiempo es azúcar

Confieso que, de inicio, la frase del director de la Empresa Azucarera Ciego de Ávila, cuando indagué sobre el tema, me pareció exagerada: “Si la perfección existe, en términos de reparaciones con vista a la próxima zafra, los trabajadores de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Central Primero de Enero la están logrando”.

Pero sorprende el grado de limpieza en un lugar como ese, tomado desde bien temprano, y durante todo el día, por mechas de soldadura “en candela viva”, llaves, grasa, ladrillos, piezas, grúas y otros elementos similares.

Porque se está trabajando duro de verdad. Lo indican el ambiente interior, el modo en que cada quien se concentra en lo suyo y el resultado que brota.

“Luego de concluir la zafra, teníamos 30 días para desarrollar la Norma Técnica 52; es decir, la limpieza, desarme y conservación de toda la industria, para poder realizar un diagnóstico que permitiera determinar dónde estaban los problemas fundamentales y, por tanto, realizar un buen proceso de reparaciones. Esa tarea, sin embargo, la cumplimos en 28 jornadas”, explica Ramón Lorenzo Sánchez, director de la UEB.

“Haber trabajado así —prosigue—, nos ha posibilitado continuar avanzando en áreas como las de tándem, esteras y calderas. Hoy puedo decirte que nos propusimos terminar agosto con dos molinos listos y no tengo la menor duda de que cerraremos con tres.”

Que lo afirme Ramón, como directivo, puede parecer un punto de vista apasionado; expresión, quizás, de optimismo ante la prensa. Otra cosa (aunque idéntica en esencia) es que, sin apagar la mecha, el soldador Carlos Díaz Regueiro, con 41 años de trabajo allí, te diga: “Yo veo muy adelantadas las reparaciones este año; en otros tiempos no había ocurrido así. Por ejemplo, con esta maza bagacera ya dejaremos tres molinos cerrados abajo”.

Tampoco distrae a Maikel Gómez Díaz, operador de caldera convertido en “lo que haya que hacer”, la presencia de una cámara fotográfica o de una agenda de apuntes dentro de la industria. Lo de él es seguir “metiéndole caña” a todo lo que conlleve a adelantar el montaje de la parte frontal de la caldera número Uno, primero en pailería, para proseguir la obra refractaria; en tanto a la número Dos habrá que hacerle un cambio de parrillas, para que no haya “casualidad” cuando empiece a quemar bagazo, tal y como aconsejó el diagnóstico realizado.

Eso, en industria azucarera, es prever. Ahí —lo dijo Martí para la medicina y más allá de ella— está todo el arte de curar.

EL HADA DEL ESCOBILLÓN

Se llama Ana Delia Rodríguez González y la conocen los hombres y hasta las mascotas del ingenio cuyo pitazo perfora el espacio “ultra-Violeta”.

¡No digo yo! Después de haber molido y remolido caña como suelen hacerlo quienes se entregan más al central que a su propia casa, ella dijo “Es hora de jubilarme”; y lo hizo. Pero de inmediato fue víctima de lo que nunca dudó: algo le faltaba dentro y fuera. Y para qué perder tiempo buscando dónde llenar ese vacío si sabía perfectamente que la solución estaba en el interior del central. Y ahí la podemos ver, con una escoba en mano y un casco en la cabeza, barriendo y barriendo, animada y dando ánimo, “porque también esta es mi casa, concho, y porque no puedo vivir sin ella, como tampoco podría vivir ya sin escuchar el pitazo de mi lindo central”.

Tienen los violeteños una inmerecida espinita clavada y se la quieren sacar a toda costa…, porque pueden.
Que les faltó caña propia en la última contienda, es cierto. Y tendrán sus unidades productoras que apretar la mano si de verdad quieren honrar el prestigio de ese central y contribuir más con el país.

Pero cuando el inconveniente parecía resuelto, con el concurso de Baraguá, cuya gramínea exhibe mejor situación; e incluso mediante plantaciones del camagüeyano municipio de Esmeralda, aunque no precisamente elogiables en calidad; llegaron las lluvias para fastidiar el cumplimiento de un plan al que apenas les faltaban unas 2 000 toneladas del ázucar crudo.

Solo que hasta las 12 de la noche del 31 de diciembre será año 2018 y no otro. Y eso mantiene a los trabajadores del Primero de Enero en permanente actividad porque… “Si aprovechamos bien el tiempo, si garantizamos las reparaciones y si logramos arrancar la molida en diciembre, podríamos cumplir, todavía, nuestro plan de producción de azúcar correspondiente a este año”, explica Ramón.

Y añade: “Pero no se trata solo del interés formal por cumplir; es que el país necesita esa azúcar, toda la que podamos producir. Y nuestro central puede ayudar mucho. Desde el punto de vista industrial, fue el mejor de la provincia. Aprovechamos el Rendimiento Potencial Cañero por encima del 90 por ciento, con un recobrado superior al 83 (que fue lo que se pidió) y una generación eléctrica a más del ciento por ciento”.

Pero, además: la gente sabe que están llegando, y tienen que llegar, a su fin, los tiempos de “yo cobro fijo mi dinero como sea”. Los sistemas de pago deben tener en cuenta, cada vez más, los resultados concretos del trabajo: la producción.

Por eso, todo el mundo está “clavando sus tacos en el terreno”. No son pocos los que, también por pasión y compromiso, nadie lo dude, han pospuesto vacaciones y están ahí, batidos al duro y con guante.

Porque saben que, si bien para cualquier otro sector, e incluso en el ámbito familiar y social, “el tiempo puede ser oro”, para ellos, los que echan a andar y tienen el reto de que no se pare el ingenio, cada minuto es algo mucho más dulce y menos ostentoso que el oro: ¡Es azúcar!

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