Yuyo: el flaquito de los goles

Uno de los mejores jugadores en la historia del hockey cubano acaba de cumplir 41 años. Su etapa como atleta está cerrada, aunque no los vínculos con la cancha, los bastones, las pelotas y el deseo de ganar

El significado de nacer el 7 de diciembre es algo difícil para cualquier cubano. La coincidencia con el aniversario de la caída en combate de Antonio Maceo y Grajales duele cuando se quiere a Cuba.

Heriberto Sarduy Gómez siente ese peso, pero lo asume con las enseñanzas legadas por el Titán, figura en la que armonizan coraje, inteligencia y amor infinito a la Patria. Para él Maceo representa actitud, deseos de hacer.

La familia que lo trajo al mundo le engendró el amor hacia el deporte. Creció rodeado de personas que han sido la base del hockey en la provincia que más frutos le ha dado a esta disciplina en Cuba.

A Digna María Gómez Benítez no hay quien le quite el título de fanática número uno del Volcán Avileño, elenco masculino de primera categoría, dirigido por Eliberto Sarduy Rivero, exportero devenido as en la conducción de conjuntos locales y guía del vástago que ambos concibieron.

Pero en el firmamento familiar existen más seguidores del hockey: los tíos Fernando, Chachy, y Fermín Gómez Benítez (fallecido), y el primo Fernandito, el otro Chachy, quien lo acompañó en parte de su carrera.

Toda historia tiene un comienzo, y la vivida por Yuyo (así lo llaman sus allegados), muestra algo inesperado.
“Desde pequeño, con siete u ocho años, me iba con mi papá para el terreno. Lo raro es que no comencé en este deporte, sino en tenis de mesa. Lo practiqué desde el cuarto grado hasta finales de séptimo. Llegué a ser segunda raqueta de mi equipo. Solo me superaba entre aquellos niños Yaidel Tapia.”

Sin embargo, a la par del tenis, mantuvo vínculos con el hockey, al punto de que, en julio del año 1989, con 11 años, lo incluyeron en el equipo provincial que intervino en los Juegos Escolares Nacionales.

“En aquella ocasión me eligieron el novato más destacado de la competencia, aún pertenecía al tenis, por el cual me seleccionaron para matricular en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), pero ya la raqueta no era mi prioridad.”

Yuyo y su padreAlejandro GarcíaAunque son muy diferentes, siempre está junto a Eliberto, su padre y artífice de los resultados del hockey masculino en Ciego de Ávila—Parece evidente que tu papá influyó en ese cambio...

—¡No, al revés! Él era muy amigo de mi entrenador, Oscarito Díaz, y no quiso que me cambiara. En su ética no está aquello de quitarle atletas a nadie. Por suerte mi mamá intercedió por mí, habló con el profe, y no hubo obstáculo para el traslado.

—Aparte de la influencia familiar, ¿qué figuras tomaste como patrones?

—Dos de los que más brillaban en aquel momento, Ángel Manuel Marín y Ulises Lapera, también me llamaba la atención el juego de varios compañeros de la EIDE, en especial, Ihosvany Castañeda López, quien provenía de otra familia deportiva. Su tío Roberto Castañeda, fallecido en un accidente, fue uno de los entrenadores fundamentales del ciclismo avileño.

—En el deporte se le da prioridad al biotipo...

—Mi físico no es impresionante para un atleta de alto rendimiento. Mido un metro y 68 centímetros, y solo peso 55 kilogramos. En la etapa en que venía despuntando, cuando llegábamos a las competencias y a los topes, los técnicos, y también los aficionados, preguntaban por mí, para conocerme. Cuando les decían que aquel flaquito era el de los goles, no lo creían.

—Durante una carrera tan larga, se supone que no todo haya sido gloria.

—Viví un período muy malo a partir de 1998, cuando estaba en la selección para los Juegos Centroamericanos. Justo a la hora de partir, en el aeropuerto, me informaron que mi pasaporte se había extraviado. La situación era más compleja de lo que yo pensaba porque, en 1999, para los Panamericanos de Winnipeg, Canadá, autoridades del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, encabezadas por su vicepresidente, Ángel Iglesias, me comunicaron que no era confiable.

“Aquello no me detuvo. Seguí incorporando resultados, entre ellos, la medalla de oro en la Copa América, efectuada en La Habana, cuando anoté 14 goles, uno de ellos, en la final, que nos dio la única clasificación de Cuba para un Mundial de Hockey, el efectuado en Malasia en 2002, del cual quedé excluido por la misma razón que de los eventos anteriores.”

Tras aquellos contratiempos, muchos pensaron que Yuyo abandonaría el deporte, incluso, el país, pero eso no pasó. Ni siquiera se retiró: practicó en la Academia Provincial, incursionó en varias lides nacionales y fue clave en los triunfos del terruño, que ya ostenta 12 campeonatos de Cuba. En nueve de ellos él ha estado presente, además, resultó líder goleador en seis oportunidades.

A la par de la vida de atleta, inició la de entrenador, y por sus méritos tuvo la oportunidad de cumplir misión en Venezuela. La categoría de “no confiable” había desaparecido, lo cual le propició trabajar en 2015 y 2016 con las selecciones femenina y masculina de la hermana nación.
“Fue una etapa exitosa. Con el equipo varonil, en 2015, ocupamos el segundo lugar en la Copa Challenge, efectuada en Perú, y con ello, por primera vez, Venezuela clasificó para la Copa América. En 2016, de nuevo en Perú, participamos en la primera ronda de la Liga Mundial, y los muchachos repitieron el segundo puesto.”

Yuyo retorna y disfruta, junto a los suyos, del fin de año, pero a inicios de 2017 estaba previsto el Campeonato Nacional, y como se encontraba en forma, decidió apoyar al “viejo” y a Julio Gerro, a quienes considera los dos mejores entrenadores de la Isla.

“Ganamos ese torneo, y como jugué bien me llamaron a la selección nacional que se prepararía con vista a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, Colombia. Esta vez sí pude asistir y tributar goles al oro que añoraba desde 20 años atrás.”

Jugadores de hockeyAlejandro GarcíaLocalizar a Heriberto es fácil: en la academia avileña de hockey su presencia es cotidianaAsí le llegan los 41 años a Yuyo Sarduy, orgulloso de ser protagonista de la generación que ubicó a su deporte predilecto como el más destacado del año en el país entre las disciplinas colectivas.

Por estos días disfruta de las vacaciones, sin embargo, su presencia es cotidiana en terrenos avileños. En cuanto al futuro de esta disciplina le atribuye gran importancia a la cancha sintética recién estrenada en La Habana, más la que se prepara aledaña al centro deportivo Giraldo Córdova Cardín.
"Con ellas aumentarán las posibilidades de topes internacionales y eso permitirá mantener el nivel en la zona de Centroamérica, pero también dará chances de acercarnos al nivel de las potencias del continente, es decir, a Argentina, Canadá, Chile y Estados Unidos.”

Quizás su menudo cuerpo no se corresponda con los estereotipos, sin embargo, las habilidades fomentadas desde la niñez, y perfeccionadas con los años, lo convirtieron en el hombre gol de Cuba, con estadísticas difíciles de igualar.

Es el primer criollo que rebasó los 300 goles en canchas nacionales, y cerró con un total de 316, más 143 en partidos internacionales, cifras que sintetizan una de las trayectorias más gloriosas entre los atletas nacidos en Ciego de Ávila.