Miércoles, 21 de noviembre de 2018 3:00 PM

Pedalear un sueño

Confesiones de una avileña que se coló en el Equipo Nacional de Ciclismo

Que Maylín Sánchez Borges llegaría lejos en el ciclismo fue una certeza de la que pocos dudaron en el barrio, hace muchos años, aunque fuera aquello un sueño de infancia nacido al calor de quienes le hacíamos cola para aprender a montar en la que, más que de ella, era "la bicicleta de todos”. Por aquel entonces, ni siquiera las muñecas competían con la afición por pedalear, “y hasta los perros trepaba en la bici, eso sin contar las veces que me perdía por ahí dando vueltas con los muchachos de la cuadra”.

Mas fue en el séptimo grado cuando se abrió la primera puerta, y el entretenimiento se tornó sacrificio y seriedad, de la mano del técnico avileño Rolando González Almaguer, mejor conocido como Floro en el ámbito ciclístico, y con el mérito, o la suerte, de descubrir lo que la joven tenía para dar. Así llegaron los entrenamientos iniciales luego de las clases, el circuito a recorrer cada día que, de a poco, le quedó pequeño, y las constantes defensas de la hermana ante quienes pensaban que los ejercicios la volverían “tosca”.

“Cuando empecé a entrenar, le ganaba hasta a las muchachitas de la EIDE”, y, con solo 13 años, ya andaba probando velocidad por las pistas de La Habana, oportunidad que recuerda con especial interés “porque nunca había corrido en una pista, ni pasado tantos días lejos de mis padres”, aunque en esa ocasión tuviera que conformarse con un duodécimo puesto.

No obstante, en el verano de 2009, el nombre de Maylín Sánchez Borges empezó a sonar para seguidores y estadísticos del deporte del pedal en Cuba. Tres preseas en los Juegos Deportivos Escolares Nacionales de esa fecha, entre ellas, una de oro en la persecución individual, le bastaron para colarse, al siguiente año, en el Equipo Nacional Juvenil, reconocimiento que, a su vez, supuso “el compromiso de entrenar más fuerte, pues una no puede acomodarse ni creerse la mejor, por más medallas que conquistes”.

La persecución individual y la carrera por puntos eran de las modalidades que siempre disfrutó, pero ahora le cuesta decantar por alguna, lo que debe al entrenador Leonel Álvarez, quien “nunca nos dice qué vamos a correr hasta el último momento, y eso obliga a tener que entrenar para todo con la misma fuerza, hasta que te sientes cómoda”. Y por más que se cuide en cada carrera, alguna que otra cicatriz lleva en el cuerpo como recuerdo de las caídas sufridas que suelen acompañar hasta al mejor de los ciclistas, pues como dicen por ahí, “primero te caes y luego aprendes a andar en bicicleta”.

Situada sobre la línea de arrancada, dice que no hay momento para pensar en la familia, “solo te enfocas en lo que tienes que hacer, y repasas hasta el cansancio los consejos del entrenador”, mas si el resultado dista del esperado “te molestas contigo misma tratando de encontrar lo que salió mal, que no siempre depende del atleta, porque en el ciclismo hasta el mínimo detalle cuenta, incluido el casco que llevas puesto”.

Pero de ella no puede depender la derrota, por eso prefiere “el entrenamiento intenso, aunque luego los dolores en los músculos sean irresistibles. Solo el sacrificio augura buenos resultados”. No por gusto, en el Campeonato Panamericano de Ciclismo de Pista 2017, con sede en Trinidad y Tobago, cinco medallas colgaron de su cuello, entre ellas dos bronceadas obtenidas en la persecución individual y por equipos.

Sin embargo, no fue hasta el pasado mes de julio que el añorado momento de participar en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe superó el solo llegar a la preselección de años anteriores. Otra medalla de oro se sumó al grupo de las que cuelgan en una pared del cuarto, justo enfrente de la cama, como para verlas cada vez que despierta. Y, si bien, en los últimos tiempos los nervios no eran algo que le preocupaba, en Cali, Colombia, debió lidiar con el insomnio la noche anterior a la competencia de los 4000 metros persecución por equipos, víctima de lo que, explica, llaman “prearranque”.

“Desde el día que clasificamos, ya sabíamos que íbamos a ganar, sin menospreciar a las atletas de México y Colombia, porque le pusimos toda la presión para pasar de primeras. Así que solo se confirmó lo que ya esperábamos”. Tal vez, por ello, reconozca que la emoción del momento apenas se compara con lo que sintió la primera vez que colgaron en su cuello una medalla, y en vano intenta localizar un recuerdo que pueda competir con en ese instante.

Ángel y Caridad, los padres, no podrán decir lo mismo, pues, durante esos días, se les vio andar orondos por el barrio como a quien no le cabe un ápice más de orgullo en el cuerpo, y razones les sobraban. Más de un vecino celebró delante del televisor al verla triunfar, porque “la muchachita” que alguna vez enseñó a otros a no temerle a una bicicleta, ahora se hacía grande, como seña de que no andaban tan equivocados.

Y sin pecar de ambiciosa, sitúa la próxima meta en los venideros Juegos Panamericanos del próximo año, con sede en Lima, Perú, como “otra medalla que también quisiera traer a casa”, pero para esa sabe que, todavía, queda por pedalear bastante.


Comentarios  

# barbaro martinez 07-09-2018 11:01
ENHORABUENA

brmh
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