Kumite a fondo en dojo avileño (+ Video)

Si la conversación tuviera como escenario cualquier otro lugar, y no el dojo (espacio destinado a la práctica y enseñanza de la meditación o de las artes marciales) con que cuenta el Kárate do en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar, EIDE, Marina Samuel Noble, de Ciego de Ávila, posiblemente en este trabajo solo apareciera el nombre de una niña: Arialys Matos Pérez.

Referencias habían llegado hasta la redacción deportiva de Invasor acerca de resultados logrados por la pequeña karateca, dentro de la provincia, a instancia nacional y en otros eventos como la Copa Raúl Rizo, edición de 2015.

Cuenta el padre, quien la inició con fines terapéuticos en ese deporte, desde muy temprana edad, que precisamente en aquel torneo, al ver el desempeño de la niña sobre el “colchón”, Ramón Labañino Salazar, Héroe de la República de Cuba, la definió como “el látigo avileño”.

De ese inolvidable instante, de su gratitud hacia Alexander Rusel, entrenador suyo hasta sexto grado; del “nerviosismo al principio y la confianza después, en aquella primera competencia en La Habana”; del otro combate que ahora libra fuera del dojo, con la matemática, así como del sueño que la anima: “integrar un día la selección cubana y ser maestra de kárate”, habla con marcada gracia y seguridad Arialys, quien desde septiembre cursa el séptimo grado en la EIDE.

Solo que, como ella, cada uno de los 15 adolescentes que practican aquí, bajo la conducción de Diexis Lago Rodríguez, entrenador de la categoría escolar, podrían también bordar una página completa de nuestro periódico, y más, a punta de medallas, momentos y aspiraciones.

“Porque, ante todo, son muy disciplinados, afirma Diexis, buenos en sentido general y tienen gran interés por aprender y hacer bien las cosas.

“De otro modo, no podríamos hablar hoy del quinto lugar alcanzado en los pasados Juegos Escolares Nacionales ni de la segunda posición con que cerramos en el nacional del estilo Shotokan, que se realizó aquí, en Ciego de Ávila.”

En esos resultados está la cosecha de alumnos como Emily Ulloa Cox, Pedro Manuel Hernández Castro, Dagoberto Domínguez Díaz, Lisety Vera Pol, Jessica Constantín Luis, Meyla López Portal y Diexis Lago (hijo), todos con varias medallas, ya sea en kata: secuencia de movimientos que articulan técnicas de defensa y de ataque, practicadas en solitario o por equipo, y en Kumite: pelea o combate.

Tal vez quien se detenga a mirar la elegancia con que todos realizan su entrenamiento, no imagine “el otro kumite” que tuvo lugar allí, con Diexis al frente, los muchachos “pegados” y la familia insertada en mancomunado ataque, para retirar la madera ya inservible de un tabloncillo al que los instaladores le pronosticaban décadas de uso y apenas aguantó un par de años.

Nada fácil resultó eliminar cimientos a golpe de mandarria, nivelar el piso, conseguir pintura, aplicarla en paredes, guapear el material que ahora sirve de “colchón”.

Lo importante, sin embargo, es que el kárate do no se ha dejado vencer, ni por esos contratiempos, ni por la imposibilidad de participar en más eventos o espacios, por escollos de transportación, alojamiento y otras razones de índole material que, junto a problemas de fuerza técnica, han impedido un mejor desarrollo de ese deporte en la provincia.

Baste saber que, como explica Diexis, hoy la ciudad avileña solo tiene dos escuelas para que niñas y niños practiquen, mientras en el resto de la provincia apenas cuentan Venezuela y Chambas.

El asunto está en determinar si, de verdad, en todas partes se han aprovechado las potencialidades humanas, técnicas y organizativas. Oportuno sería echar una ojeada. Quién sabe si después de hacerlo Ciego de Ávila afinca mejor todavía su paso por el llamado “camino de las manos vacías”.