Lunes, 20 de agosto de 2018 10:20 AM

En Morón se nace con el gen del fútbol

A menudo Alaín Cervantes O'Farril, El Pela’o, mediocampista y uno de los integrantes del equipo Cuba durante varios años, detiene su bicicleta frente a la escuela primaria José Martí, de Morón, para contemplar a los niños, mientras patean el balón con la esperanza de marcar el esperado gol en la portería contraria.

Entonces, le sobreviene una doble sensación: primero, de nostalgia “porque precisamente aquí me preparé como futbolista, desde niño” y, en segundo lugar, de optimismo, “porque no tengo la menor duda de que cualquiera de esos pequeños puede llegar a formar parte, mañana, de la selección nacional”.

Eso mismo puede haberles ocurrido a Liván Pérez Caraballosa (lateral), a los delanteros Remberto Piedra Robinson y Daniel Rodríguez Méndez, al también mediocampista Jorge Luis Pérez Ramírez, El Cafetero, y a otros muchos, retirados ya del deporte activo, quienes les aportaron glorias al municipio, a la provincia y al deporte cubano.

No se trata, por tanto, de un fenómeno coyuntural, ni siquiera reciente. Morón respira y transpira fútbol desde hace un siglo: lo coronará dentro de unos 20 meses, en marzo de 2019.

Representantes del deporte de las multitudes aseguran que no por casualidad el 80 por ciento del equipo de Ciego de Ávila, de primera categoría, está integrado por moronenses.

Sucede como si los niños —e, incluso, las niñas— nacieran con el gen biodeportivo de esa disciplina revuelto dentro del organismo o con un microbalón de fútbol en el torrente sanguíneo.

Un dato aportado por el Doctor Alfredo Carralero Velázquez ilustra el modo en que el fútbol se arraiga en ese norteño municipio: Morón tiene, en primera división, nada más y nada menos que 16 equipos, inmersos en una fraternal liga inter-barrios, con alto grado de organización, calidad de arbitraje y un colorido que, difícilmente, puedan reportar otros lugares del país.

FUEGO VIVO

Dotado de las medidas oficiales, el terreno de la escuela José Martí arde cada lunes, miércoles y viernes por la tarde, no solo a causa de la incidencia del sol, también, y, sobre todo, por la temperatura que remonta la pasión deportiva durante el calentamiento, entrenamiento y tope entre niños procedentes de diferentes escuelas, agrupados en las categorías de 10-11 y 12-13 años.

Porque como afirman el propio Carralero y Mongo Pérez Morales, el profesor de fútbol más antiguo del territorio (62 años enseñando, y ahí sigue), Deportes no está solo en ese febril giro que, también, enrola y enrolla a Educación, a padres, abuelos, tíos y demás parientes, a la comunidad y hasta al médico de la familia, si se tiene en cuenta que cada atleta tiene su expediente de salud.

“Siempre fui fan al fútbol; lo jugué en Juveniles y en la Universidad, mientras me formaba como ingeniero mecánico automotriz. Nunca más he podido desprenderme de él. Por ahí debe haberle entrado la fiebre a mi hijo”, explica Gustavo Alberto, padre del pequeño Kevin Alberto Morales.

“Yo lo empecé a practicar como a los ocho años, en este mismo terreno, y cada día me gusta más. Hace poco me preguntaron si estaba dispuesto a prepararme como árbitro y dije que sí. Este municipio no solo necesita futbolistas; también, entrenadores y árbitros”, comenta el joven Brayan Gross Ávila.

Cuentan quienes acostumbran a echar una ojeada en ese concurrido lugar que cuando hay competencia de niños se origina un emocionante duelo entre ellos, dentro del terreno, y otro, no menos fogoso, entre padres y familiares, infundiéndoles ánimo a los jugadores.

Por ello no es extraño que, atraídos por tan sano panorama, moronenses que cumplen misión deportiva fuera del país, que residen en el exterior o visitantes de otras nacionalidades, donen uniformes y balones, como ocurrió recientemente con un amigo canadiense, alternativa que, por demás, ayuda a contrarrestar el déficit de implementos deportivos y crea bases para un mejor entrenamiento y mayor colorido durante copas como la Roberto Torres in memoriam, reverencia deportiva a los sucesos del 26 de Julio.

Por eso, Maykell Rodríguez Lamadrid le pone “todo lo que tiene”, en pasión y exigencia, a la preparación de los muchachos de la categoría Sub-13, del mismo modo lo hace Pedro José Rodríguez Sánchez, profesor de Sub-11, quien visita de inmediato a la familia de los niños que se enferman para interesarse y ayudar en lo que pueda.

Como él mismo asegura, ningún manual o reglamento establece la obligatoriedad de hacer tal visita; como tampoco hay documento que obligue a pedalear cinco kilómetros por un trillo, llegar hasta el terreno, correr varios kilómetros durante el entrenamiento o el juego, retornar por el mismo itinerario; sin embargo, con cuánto placer lo hace, tres veces a la semana, el pequeño Kevin Orias Camacho, uno de esos alumnos de quinto grado que, para repetir la idea de Alaín Cervantes, “puede estar mañana metido en la selección nacional, aportándole gloria al fútbol cubano”.


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