Sábado, 23 de marzo de 2019 2:43 PM

El hombre que encendió la vela en Ciego de Ávila

Corría el año 2013. Para más de un amigo, Luis Enrique Rodríguez Rojas no podía estar bien de la cabeza, al dejar atrás a Camagüey y poner proa hacia el norte de Ciego de Ávila, decidido a realizarse en lo que, desde sus nueve años de edad, había constituido pulmón y razón de ser: la vela, el oleaje, la audacia del hombre retando al encrespado mar…Pero algo le decía que en tierra avileña podía encontrar la comprensión y el apoyo que allá le habían faltado.

UNA VELA EN LA OSCURIDAD

Otros, en su lugar, se hubieran desanimado frente al décimo lugar que, a duras penas, inscribía la provincia en la convulsa línea competitiva del horizonte nacional en el año 2013. Para Luis Enrique, sin embargo, tal elemento devino reto, del mismo modo que el posterior traslado de clases y entrenamientos, desde la Laguna de la Leche, en Morón, hacia Punta Alegre, en Chambas, por razones de contaminación en las aguas del mayor embalse natural cubano.

“Recuerdo que comenzamos con apenas diez estudiantes de categoría escolar. El estado de las embarcaciones, tanto las de entrenamiento como las de competencia, era pésimo; varios entrenadores se habían ido a trabajar para la cayería norte; tuvimos que arrancar con la contribución de Andrés Julio Mesa Morales, un compañero de atletismo. La instalación no estaba buena; de hecho, compartíamos el apretado espacio con el Combinado Deportivo.

“La presencia de Anilko Castillo Álvarez fue decisiva; algo así como el puntillazo para sacar la vela a flote. Luego se sumó Noslen Gutiérrez García. Poco a poco creábamos cimientos. Faltaban recursos, pero sobraban motivación y ganas de hacer bien las cosas. Por eso, en 2014, el viento empezó a cambiar de dirección.”

LA CHISPA

Luis Enrique con sus alumnosDesde su llegada, permanece más tiempo vinculado a la vela que en función de su hogar“A partir de ese momento comenzaron a mejorar algunas condiciones de vida; con esfuerzo propio fuimos recuperando embarcaciones, logramos traer la actividad docente para la propia instalación, hoy tenemos aquí secundaria básica y preuniversitario (hasta el grado 11), con un claustro integrado por 14 profesores, entre retirados que han vuelto, desvinculados y los que vinieron de Educación. De ellos, un doctor, cinco másteres y el resto licenciados.”

—Desde el punto de vista docente, ¿cómo están los alumnos?

— Son muchachos buenos, con interés. Por nuestra parte, nos hemos ocupado de buscar niñas y niños con promedio académico superior a los 90 puntos. La práctica demuestra que, a escala de país, los medallistas son atletas que están por encima de ese índice.

 ¿El rescate de la vela ha incluido también escaramuzas con la familia de los niños?

— En cierta medida sí. No te niego que algunas personas les han metido un poco de miedo a los padres, alegando que no conocen la escuela, que está muy alejada, que a lo mejor no tiene las mejores condiciones… Frente a eso, decidí colarme en las reuniones de padres organizadas por la secundaria y explicar las características de la escuela, el claustro con que contamos, la pasión de todos mis trabajadores, las perspectivas y potencialidades de la vela. Eso nos ha ayudado a incrementar las captaciones.

“Hoy tenemos 28 alumnos, incluidas 11 niñas. Y es bueno saber que muchos padres están ahora agradecidos de que sus hijos se preparen aquí.

“Que hayamos podido insertar la actividad docente dentro de la escuela, nos ha permitido aprovechar mejor el horario de la tarde en función de los entrenamientos. Todo eso se revierte en resultados. La evidencia está en que, de la décima posición, en el 2013, hemos pasado al quinto lugar, en general, sobre la base del cuarto peldaño logrado en escolares, quinto en juvenil y sexto en la primera categoría.

“Para nosotros fue muy estimulante obtener en este 2018 dos medallas de oro en los Juegos Escolares, además de una plata y dos bronces.”

 —¿Conformes con lo alcanzado?

— Alegres y motivados sí, pero no conformes. Tenemos potencialidades para más. La vela, en Ciego, no está apagada, ha empezado a dar luz y eso lo saben provincias como Matanzas y La Habana, que ya tienen que cuidarse de nosotros, al igual que otras, como Holguín, Villa Clara y Cienfuegos, a las que también nos vamos a atravesar.

  —¿Qué hay con el kitesurfing?

— Estamos trabajando para incorporarlo. Considero que tenemos condiciones en el territorio. Es una modalidad interesante, que puede atraer a muchos interesados y darle gloria a la provincia. La idea es estrechar relaciones en aras de una buena preparación, con ayuda de un profesor italiano llamado Mateo, quien promueve ese deporte en Cayo Guillermo. Por cierto, allí habrá una reunión, del 12 al 16 de febrero, para concluir con una competencia nacional.

CONTINUAR A TODA VELA

Nadie imagine que todo está resuelto. Aunque consciente de las limitaciones financieras y económicas de la nación, Luis Enrique no renuncia a ver hecho realidad el sueño de concluir aulas, baños, mejorar la situación de los medios audiovisuales para la enseñanza y de televisores para información y esparcimiento; disponer de una nevera de más capacidad para conservar mejor los alimentos destinados a los alumnos e incluir almuerzo para los trabajadores…

Lo importante es que el colectivo no está como el pichón: con la boca abierta, esperando que lo embutan. El primer preocupado —y ocupado— es Luis Enrique, ese hombre que, olvidando hasta sus problemas de salud, le dedica 14, 16 y más horas a una escuela que siente como suya, en la que, además de director, deviene almacenero, profesor, amigo, comisionado y hasta custodio. Si no, pregúntenle a la luna, testigo de cuántas veces abre la puerta de su casa y va a echar un vistazo, para ver cómo duermen los alumnos y si todo continúa en orden.

Por ello, aunque él reitere su gratitud a las autoridades políticas y administrativas, siempre valdrá la pena preguntarse si, en verdad, todos los que deben y pueden (direcciones de deporte en provincia y municipio, Escuela de Iniciación Deportiva Escolar, Gobierno…) han hecho lo posible para contribuir a que el proceso docente, la preparación de los alumnos y los resultados integrales sigan avanzando a toda vela.


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