Cuba en un Mundial de Fútbol: no es un imposible

La "película" no es nueva. Durante, y después, de un Mundial, este país se convierte en un balón. Por doquier se habla y se juega fútbol. Los visitantes, sean uruguayos, argentinos o brasileños, podrían hasta afirmar que esta no es una nación de escasa tradición futbolera.

Pues sí, amigos, están en la Cuba beisbolera, pero rítmica y bailadora. ¿No dicen que el buen futbolista nace del baile y la movilidad de su cintura? No se pregunten el por qué ha estado ausente, desde tiempos inmemoriales, de las grandes citas futbolísticas. Los que la habitamos tampoco hemos encontrado la respuesta.

Por eso choca con la sensibilidad de los que desde siempre amamos esta disciplina, que en medio de tanta efervescencia por el Mundial, se hable de los millones que gana este o más futbolista y no se dedique más espacio a encontrar los por qué de nuestra miseria en este deporte.

Lo de miseria no es una exageración: Cuba ocupa en la actualidad, de los 211 países inscritos en la FIFA, el puesto 182 y es esta la peor ubicación de su historia. ¿Cómo explicar esto en un país en el que se ha hecho tanto por el deporte desde 1959?

Tan lejos como el año 1991, en pleno Juegos Panamericanos en La Habana, un periodista uruguayo me preguntó el por qué, contando con tantos campeones olímpicos no teníamos, al menos, un nivel medio futbolístico.

Caricatura No voy a enumerar todos los "poquitos" que serían necesarios para que el fútbol cubano tenga una mejor cara. A fuer de ser sinceros, son tantos que aburriría al lector, pero si no dudo en afirmar que el trabajo —durante décadas— de los que dirigen este deporte ha sido pésimo. Los resultados son los que acusan.

Y créanme. No es la intención demeritar a los directivos del deporte pues bastaría con afirmar que, en ese mismo lapso de tiempo, Cuba logró innumerables triunfos en la actividad del músculo. En ellos también fueron protagonistas.

Coincido en que el balompié intervienen los miembros torpes del cuerpo humano y es menester, desde edades bien tempranas, que el atleta esté familiarizado con el balón. También conozco que no es éste un deporte de laboratorio, como lo puede ser, por ejemplo, el voleibol. En el fútbol hay que jugar y jugar pues las situaciones son distintas en cada acción, tanto en la defensa como el ataque.

Pero no creo que el argumento principal sea “las dificultades materiales”, pues entonces citaría los resultados de las disciplinas que, con los mismos recursos, han logrado triunfos universales. Además, no pocos países, con niveles económicos muy por debajo al nuestro, aparecen bien rankeados en materia futbolística.

Es verdad que los jugadores cubanos que han brillado todo este tiempo no han tenido la oportunidad de desarrollarse en otras ligas, pero también lo es que los campeonatos nacionales cubanos, lejos de mejorar, van cada vez más en "picada". El que acaba de concluir, por ejemplo, coincidió en las últimas fechas con la cita mundialista rusa. ¡No hubo un caso similar en el mundo!

Cuando por estos días, se ve jugar por doquier a muchachos que hacen maravillas con el balón entre sus piernas, uno no puede creerse aquello de que los escolares de otros países del continente lo hacen mejor que los nuestros. Nadie nace siendo futbolista.

Pero más increíble resulta la justificación de que “vivimos en un país beisbolero y por tanto estamos condenados a ser pésimos en fútbol”. Como si no existieran Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Panamá o Venezuela para desmentir tan descabellada afirmación.

Ahora que se anuncia que el Mundial de 2026 contará con la presencia de 48 selecciones nacionales, y no 32 como hasta el momento, pudiera ser un buen momento para voltear la hoja de la desatención al más universal de los deportes.

La mayoría de esos muchachones que ahora deslumbran por sus habilidades en los juegos callejeros tendrán para entonces poco más de 22 años. No es una utopía que algunos de ellos nos representen en esa cita mundialista, pero para ello no podremos conformarnos con mantener la programación futbolística de la televisión, es menester que se juegue mucho más en todas las categorías.

Allá por la década del 80, soñé que un día vería el estadio José Ramón Cepero abarrotado de público en un partido de fútbol. Y se me hizo realidad. Por estos días, entre dormido y despierto, imagino a Cuba en un Mundial. Y juro que no es un imposible.