Lunes, 10 de diciembre de 2018 1:17 AM

Ciego de Ávila: Peligran tobillos del voli playero

Según pronósticos, la instalación con que cuenta Ciego de Ávila para fomentar el voli de playa pudiera fungir como base de entrenamiento para atletas procedentes de México y Guatemala.

De así ocurrir, la decisión combinaría honores y justicia a favor de un colectivo que desde su surgimiento (2004) ha mantenido una dignidad deportiva, a prueba del exigente termómetro social.

Corremos el riesgo, sin embargo, de que los visitantes no encuentren en esas canchas las condiciones óptimas para una preparación que siempre busca los más altos resultados competitivos.

Hablo, concretamente, del ya llevado y traído asunto de la arena.

Es evidente que no solo el cajón de salto largo, en la cercana pista de atletismo, continúa clamando por ese material.

Aunque parezca incierto, desde que los muchachos del voli organizaron su primer remate sobre la net, hace 13 años, allí no se ha echado ni un grano de arena más, aun cuando se cuenta con la autorización que para ello emite el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y ha habido “disposición donante” dentro de la provincia (cayería norte) y fuera de ella (Nuevitas).

Más que rodar, en aras de una solución viable, el fenómeno se ha visto frenado, al parecer, por problemas de transporte, como si fuera tan difícil, en años, coordinar cuatro camiones —o uno que dé cuatro viajes— para traer ese recurso natural que el país no tiene que importar en ultramar porque está ¡ahí!

int voli playaPastor BatistaLa mala hierba tiene en obreros como este un permanente enemigoEs esa la única insatisfacción que se aprecia en el Centro Provincial de entrenamiento de voleibol de playa, un lugar que directivos, técnicos y trabajadores mantienen como una verdadera tacita de oro, en particular contra el brote de la indeseable mala hierba, tan dispuesta a ganar terreno ante el menor “estornudo” lluvioso.

Evidencias de la pasión, muy cierta, con que se trabaja allí, hay por montones. Una de ellas está en los resultados de esa disciplina: segundo lugar nacional en juveniles, tercero en categoría escolar y quinto en general, incluyendo el voli de sala.

La otra evidencia prefiero narrarla: Son más de las 4:00 de la tarde. Bajo el ala de un sombrero de guano, un hombre pasa y repasa la pequeña chapeadora de mano sobre el césped exterior. Me acerco. ¿Eres obrero de aquí? —le digo, con la intención de identificarme y pedirle permiso para tomarle una foto. “Sí..., responde medio dubitativo, yo trabajo aquí, soy el comisionado provincial de este deporte.”

Entonces comprendí, mucho mejor, por qué miembros de ese colectivo han reiterado que están dispuestos a ir donde sea, palear a mano la arena hacia un camión, volver a palearla, para abajo, aquí, y distribuirla como corresponde, para que no corran ni el menor riesgo las rodillas y tobillos de los deportistas, y que el terreno tenga la idoneidad que requiere.

Esperemos que tal problema se resuelva... para bien no solo de mexicanos y guatemaltecos, si finalmente vienen, sino, también, de esos alumnos de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar que entrenan cada día, así como de quienes vengan a competir, desde los más diversos lugares, como sucedió al devenir sede de la Primera Olimpiada del Deporte Cubano, de los Juegos del ALBA y de otros eventos similares.


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