Béisbol en Cuba: lógica, hacha y.... ¡Alemania!

En los primeros meses del año 2016, en pleno parque José Martí de nuestra capital provincial, en las ya tradicionales peñas deportivas de los fines de semana, un aficionado me preguntó sobre los males, por estos tiempos, del béisbol cubano.

Caricatura pronóstico reservado Y no es que entonces quisiera dármelas de erudito o de adelantarme en el tiempo, pero la respuesta que entonces di, para utilizar una frase bien cubana, "se caía de la mata". En aquella oportunidad dije: "No es lo mal que está, sino lo que va a estar, a juzgar por lo que se divisa en el horizonte".

Mi lógica era —y es— bien sencilla: si todos los años aparecen 100 prospectos en el béisbol cubano y 90 deciden probar suerte en otras latitudes, es lógico que, tanto el torneo sub 23 como nuestras series nacionales, estén cada vez más carentes de calidad.

Por eso ahora, cuando un equipo Cuba acaba de protagonizar una desastrosa actuación en el torneo de Haarlem, me aferro a la idea de que no fue el conjunto B el que jugó en Holanda, sino tal vez el "H" si tenemos en cuenta la cantidad de peloteros de acá que han abandonado el país.

Solo entre el 2014 y el 2017 fueron unos 350 peloteros los que, por diferentes vías, dejaron atrás su pasado beisbolero en la isla. Claro que no todos eran superdotados, y quizás ni siquiera la mitad de ellos llegue a las Grandes Ligas, pero me atrevo asegurar que al menos 100 tienen talento suficiente para, al menos, aspirar a formar el equipo principal de Cuba.

No obstante —y para poner la teja antes de que caiga la gotera— soy de los que piensa que, aun así, esa escuadra que viajó a Holanda tiene potencial para, al menos, no hacer el “papelazo” que acaba de protagonizar.

Porque cuando supe del fracaso ante la novena de Alemania fui también de los que se preguntó si el once "H" de fútbol de ese país perdería con un equipo cubano. Claro que la comparación no es la ideal, pero no fui el único que pensó en ese detalle.

Con independencia del real “desangramiento” de la pelota nacional, es evidente también que no se está obrando como las exigencias actuales requieren. Ahora mismo, no pocos aficionados y especialistas se preguntan ¿por qué no fue a Holanda un conjunto con jugadores menores de 23 años?

Algunos dicen que será necesario esperar para responder, de manera definitiva, si la bien criticada Serie Especial fue lo indicado para elevar la forma deportiva de los dos principales conjuntos.

Pero, en mi caso, no tengo que esperar un resultado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, sea bueno o malo, para opinar que esa improvisada lid, que no permitió siquiera descansar a los atletas luego de concluida la LVII Serie Nacional, fue una gran pérdida de tiempo (y sobre todo de recursos), pues los estadios permanecieron vacíos y hubo nula competitividad entre los tres combinados.

Y aclaro para concluir: de estos temas he dialogado en esta propia página antes de la hecatombe de Holanda. No ha sido mi estilo tomar el hacha para "hacer leña del árbol caído".