Miércoles, 22 de mayo de 2019 2:45 AM

Trabajadores de la cultura: guardianes constantes del decoro

Nadie debería morir a los 25 años, herido de bala y molido a golpes. Mucho menos aquel joven que, horas antes, había conminado a sus compañeros de lucha al combate, movido por un amor sin límites a la libertad y la justicia. Un joven que cambió la toga por el magisterio, y luego el magisterio por el fusil, y que en sus brazos alzó los sueños clamorosos que vibran en el alma superior del cubano.

Los bárbaros intentaron acallar los versos del poeta Raúl Gómez García aquel 26 de julio porque les quemaban la carne como hierro caliente. Mientras lo torturaban salvajemente, el muchacho evocaba a Martí, "en la angustia callada de este pueblo que es tuyo, hay mil gemidos juntos clamándose en silencio".

Había escrito a su madre una nota breve, consciente del desenlace fatal que sobrevendría, ya sin escape del hospital Saturnino Lora. Dos días antes, saliendo de la casa, le dijo que no lo esperara, que no volvería esa noche. No volvió esa, ni ninguna otra noche.

Aquel Caí preso, tu hijo, sería lo último que escribiera el poeta y, también, la sentencia anticipada de una dictadura que todavía cometería horrendos crímenes durante cinco años más, pero que intuyó, ante tamaño arrojo, tenía los días contados. Después del asalto al cielo, arropado por versos irredentos y una fe inexplicable en la victoria, el triunfo, esquivo entonces, estaría más cerca.

Nadie debería morir a los 25 años y menos un poeta. Pero, acaso para perpetuar el gesto de entrega y sacrificio, se escogió el día de su nacimiento para agasajar a quienes, como él y el Apóstol, creen que la cultura es la madre del decoro y la savia de la libertad.

¿Adónde va un país sin cultura? A ninguna parte. Ni siquiera existe. Hay una aniquilación peor que la del cuerpo, y es la aniquilación del espíritu, del alma de la nación, que no es otra cosa que la cultura. Y aunque es un concepto inasible, de múltiples esquinas, a veces esquivo, siempre le será muy necesaria a Cuba mucha gente que cree, mas, también, aquellos que encaucen, promocionen y promuevan espacios y expresiones culturales autóctonas, heterogéneas, auténticas. Trabajadores de la cultura nos llaman, aunque todavía no sé si trabajar sea un buen verbo para acompañar a tan grande sustantivo.

En cualquier caso, no solo el 14 de diciembre, sino el resto del año, es recomendable ceñirse al pecho los versos ardientes de Gómez García, como una brújula, como un mantra, como un himno: Ya estamos en combate...... ¡Adelante! / Adelante hasta el nido superior de la gloria / Para que nazca en esta nueva aurora / La república digna y decorosa.


Comentarios  

# senelio ceballos 15-12-2018 01:03
Gracias Sayli..muy lindo le quedo, lo he leido hoy aqui bajo una tormenta de nieve y frio....Tio Senelio
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