Que subsista la tradición (+Video)

La gala de apertura del Carnaval de la Flores 2018 sucedió sin grandes descalabros, a medio camino entre un espectáculo dinámico que pudo tener un buen acabado y las improvisaciones de un guion apresurado.

El público llegó de a poquitos y ocupó asientos, mientras se afinaban instrumentos y se hacían pruebas de audio. Otros prefirieron quedarse al borde de las barreras para ahorrarse cinco pesos y, aun con muchas razones para justificar la condición del cobro, parecía la gratuidad una práctica ya tradicional en este tipo de celebraciones.

Se utilizó el anfiteatro, espacio recientemente rescatado de la desidia, que vino a ser un punto intermedio entre la inmensidad de un estadio, que el pasado año se mostró inservible, y la solemnidad del teatro Principal, reservado para los grandes acontecimientos culturales del territorio.

Correspondió la arrancada a D’ Armas Dance, compañía de baile de la Cayeria Norte que surgió sin previo aviso sobre el escenario con una coreografía abrupta a ritmo de folclor y música electrónica. Las siguientes mostraron otras incursiones más avezadas, figuras complejas, un mejor aprovechamiento del espacio y una adecuada expresión corporal de los bailarines.

Arlenys Rodríguez constituyó un lujo bien aprovechado con la interpretación de Que voy hacer sin ti y Sangre Latina, el debut de la agrupación Sabor si límites puso la música fusión, la compañía de magia Trébol se regodeó en el arte del ilusionismo, y el humorista Mustelier terminó por calibrar la noche, aun cuando no escapó de chistes mordaces y sexistas.

Como espectáculo, como fenómeno artístico cultural y como telón que anuncia la llegada de una de las festividades más importantes de nuestra cultura popular tradicional le faltó virtuosismo y pompa. Sin embargo, como conjunto divirtió, entretuvo y sacó vítores a un público, casi siempre, difícil de atrapar.

El hecho de recurrir a un elenco local fue conveniente, no solo por desterrar los contratiempos y los gastos que supone traer hasta aquí a numerosas figuras del ámbito nacional —experiencia fallida en el año anterior—, sino porque los artistas del terruño tendrían otra oportunidad para visibilizar sus repertorios.

Así fue en parte porque se incluyeron temas como Mátala, de Alejandro Fernández; Que me quiten lo baila’o, de Wil Campa; o Boca a Boca, de Mayco D’ Alma, que aún con la calidad vocal de los intérpretes, parecieron una repetición injustificada.

La escenografía, más que minimalista, lució parca, como la última opción a mano; faltó un orden coherente del programa que aportara a la propia dramaturgia de la noche; una mejor disposición de los números para impedir la reiteración del canto y el baile, y una intervención más dinámica de Yudeisy Viera y Alberto Fernández Pena, locutores con una probada empatía como para haber evitado el “derrumbe” del interés.

Por momentos pareció demasiado larga y plagada de clichés como saltar desde el escenario, tirar las flores que servían de ambientación y “despojar” a uno de los asistentes.

Retomar la elección de las Flores del Carnaval sería un aliciente para la celebración y una complacencia para público. En esta oportunidad se intentó con la selección de una Flor de la Noche de Gala y resultó otro trago agridulce: ¿dónde se lanzó la convocatoria?, ¿cuáles fueron los criterios a seguir?, ¿es fue una forma de darle continuidad a la antigua tradición?

Pasada las 12:00 de la noche inició un bailable y, oficialmente, quedó inaugurado el Carnaval de las Flores 2018, festividad que subsiste y conquista seguidores, pero que demanda de un auxilio inmediato para hacerla imperecedera.