Lunes, 19 de noviembre de 2018 8:29 AM

¿Qué más van a decir de la libertad?

Una polémica brutal, desbalanceada, se desató, desde el mes de julio, a través de las redes sociales, bajo la etiqueta de #NoAlDecreto349. También hubo concertaciones y debates donde se satanizó la ley que regula el quehacer artístico y cultural en Cuba, así como la prestación de servicios por parte de quien genere un bien o producto en esta esfera.

Tildado como una especie de “institucionalización de la censura”, según medios de prensa foráneos, ha sido tomado como estandarte de grupos de “disidentes y contestatarios”, según ellos se promocionan, para encarar al Ministerio de Cultura sobre supuestas faltas de libertades para desarrollar el arte, logrando confundir a unos pocos que, evidentemente, quieren confundirse.

La comercialización del arte —no la creación artística, la cual es libre y soberana— es un fenómeno donde intervienen muchos factores, por tanto, tener un marco regulador y, repito, no controlador, es de vital importancia para lograr que el producto de calidad, de altos valores estéticos y culturales, sea el que se ofrezca, dándole la oportunidad al cliente de que seleccione, evitando, por ende, la existencia de la falsificación, la suplantación, la chapucería, el mal arte y los advenedizos como productos. Esta es la quinta esencia del Decreto 349 (Artículo 4) publicada por la Gaceta Oficial Extraordinaria de la República de Cuba el 10 de julio del 2018.

Contravenciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos y de las diferentes manifestaciones del arte.

Deslindar la idealidad, tarea de críticos y especialistas, viene a ser la piedra de toque de lo ideológico en el arte. Las instituciones solo organizan y anidan toda la dinámica que roe alrededor de la creación misma. Cuando se habla de legalizar determinadas actividades, de regular el consumo, no se trata necesariamente de un estándar. Por el contrario, el arte, sin institución, se abre camino con dificultad.

El siglo XXI trajo la guerra mediática hasta su extremo más alucinante, todo acontece en los aparatos receptores de televisión. La toma de Trípoli, la caída del coronel Gadafi, ocurrió primero en un escenario montado exprofeso fuera de Libia. Era necesario que el golpe recorriera las redes sociales, sin importar que fuese real o no. La vida que transcurre en el escenario paralelo, la ideología, se vende como más real que la realidad.

Desregular la comunicación, enajenarla de los grupos humanos, son las metas de las trasnacionales del periodismo. La libertad de expresión muere entre dólares y disparos mediáticos contra lo alternativo. En ese escenario, la cultura, más que nunca, se torna ese campo de batalla donde dos naturalezas se oponen: el hombre y la barbarie. En el caso de Cuba, uno de los últimos bastiones de la idea socialista, lo externo hace presión superior para cambiar paradigmas e imponerse.

Regular no es coartar, sino establecer la libertad necesaria. Protegernos de los truenos, en medio de la tormenta, o de los disparos en el campo de batalla de la cultura, poner freno a la acometida del mercado desde la esencia más humana. Nadie censura más que el dinero mismo, ni resulta más dictatorial.

¿Qué dicen otros medios sobre el Decreto Ley 349?

A pesar de esos bolsillos llenos, hay que generar las regulaciones que permitan la existencia de una cultura accesible al hombre, sea cual sea su condición. Muchos de quienes, hoy, se van tras concertaciones neoliberales, serán mañana los primeros excluidos por el clasismo y la separación de los espacios.

Bajo el concepto de “hacer sociedades abiertas”, varios países cayeron en la dinámica de revoluciones de colores, que al final trajeron el mismo color para todos. Lo mediático sabe servirse de la cultura de masas para establecer la dictadura del pensamiento único, que es lo más antidemocrático que existe.

Cuando los grupos humanos hacen resistencia, resulta lógico que el mercado, a través de su ideología y mediante dineros, genere concertaciones.

Quienes hoy traman contra la regulación de la cultura, lo hacen a partir de cánones ya hechos, de ideologías externas asumidas. Tras la cortina de defender la libertad de expresión, se esconde una oficialidad “otra”, cuya esencia es el mercado mismo; abrir las compuertas de un coto que el neoliberalismo necesita arrasar.

Detrás de dinámicas humanas aparentemente espontáneas, de concertaciones con rostro maquillado, está la ideología del poder. Con esto no se le debe cerrar la puerta a la libertad más sana, a esa que tiene que existir, sino crear las condiciones para su real establecimiento en un contexto global dominado por corrientes que todo lo quieren cosificar. No obstante, anotamos que los golpes suaves se esconden detrás de la noción de la libertad para acontecer sin contratiempos.


Comentarios  

# barbaro martinez 06-09-2018 12:20
yuliet, muchas gracias por llevarme a leer, dicho decreto.lo descargue y lo leí por arribita,hoy despues de dormir la siesta lo voy a DIGERIR.
que bueno seria que lo debatieras en RAJATABLA
de verdad que da para un muy buen debate.
hay algo de los que siempre tengo preocupacion y es que en nuetra ciuadad se VIOLA par parte de instituciones ESTATALES , a diario algunas de lo que este decreto penaliza.
cuantas multas se han impuesto por el mismo en nuestra provincia ?
mi padre que fue maestro siempre me decia que no se podia exigir la MORAL en paños menores.

brmh
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# Yuliet Teresa VP 06-09-2018 12:31
Gracias Bárbaro, sí...hay que leer, hay que leer hasta el cansancio. Lo tengo en cuenta para RajaTabla....dentro de muy poco, créeme...
Hay muchos artículos en las leyes y decretos que los artistas, sobre todo, desconocen. Y qué haremos? Pues nos toca dialogar hasta la catarsis, hasta que aprendamos mutuamente. No veo esto desde una sola mirada, hay tanto por decir, por actuar que no bastará con principios, sino que habrá que aplicar leyes penales a quienes violen, el derecho de la virtud, como decían nuestros padres Independentistas. Y no es saber pensar...porque obviamente todos lo hacemos, sino pensar en correspondencia a algo tan básico como la virtud, y después vendrá eso mayor que es la Verdad.
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