Viernes, 22 de marzo de 2019 4:17 AM

Pueblos escenas: Primeras partes siempre fueron buenas

Multiplicar los pueblos sobre la escena, motivar a los creadores y codearnos entre los más novedosos modos de hacer teatro, fueron algunos de los propósitos que motivaron el Primer Encuentro Teatral Pueblos Escenas, que, por estos días, ha venido a hacer fiesta sobre las tablas, justo cuando el fin de año suponía un reposo para las artes escénicas en el territorio.

Dicho así parece fácil, sin embargo, detrás de cada presentación ha sido necesario amalgamar no solo aspiraciones, sino también el entramado logístico y tecnológico suficiente para traer hasta aquí, por primera vez, agrupaciones de origen norteamericano y puertorriqueño.

La iniciativa se gestó de a poco, al calor de la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, en La Habana, cuando Juan German Jones Pedroso, director del proyecto Caminos Teatro, pensó en cómo acercar este arte, que se escurre en los grandes escenarios del país, a nuestras tablas carentes de una programación sistemática que rompa la norma de mostrar teatro de evento en evento.

Después se concertaría el apoyo del Consejo Provincial de las Artes Escénicas y de la agencia Paradiso, perteneciente a Artex, y la historia comenzó a escribirse en positivo.

Arrancó la primera noche con la obra Black Water Project, de One-Eighth Theater, que forma parte de una trilogía inspirada en el golpe de estado ocurrido en Turquía. La reacción de las masas en este país suscitó el interés de Daniel Irizarry, director de la agrupación, quien declarara que intentó mostrar, de un modo futurista y conceptual, cómo el ser humano participa o se muestra indiferente ante su propia destrucción.

La escenografía incluyó al público en círculo sobre el escenario, el cual no marcaba los límites de la actuación, sino que utilizaba a los espectadores como parte de la obra. Los actores, Laura Butler y Michael Mullen, caminaban y bailaban en la platea, con el público y sobre los asientos y las paredes. La actuación dinámica y la excelente preparación física de los protagonistas sobresalieron y la cuarta dimensión del teatro fue alcanzada. Así lo confirmó la constante interacción con los receptores y su utilización como parte de la escena.

Otra de las propuestas fue Lying Lidia, de la compañía norteamericana Caborca, que, con un ritmo más lento y textos de mayor complejidad, escudriñó tópicos como la mentira, la verdad, la conspiración, la manipulación y las subjetividades del ser humano.

Son Lydia (Laura Butler) y Margaret (Yaremis Félix) los personajes protagónicos, que presas en una suerte de institución mental o cárcel, se enfrentan la una a la otra con criterios opuestos. La carga antagónica recayó sobre Jeanne Ann (Péle Sánchez) que actúa como cuidador o carcelero y azuza los conflictos entre ambas. Significó el desenlace un retorno al motivo que da inicio a la pieza y una trasmutación de las culpas. Ahora, Lydia no recuerda nada y Margaret es puesta en tela de juicio y desacreditada.

Lying Lidia fue diversa, subjetiva, hasta extraña en una mirada superficial, pero dejó abierta múltiples posibilidades para la interpretación. Sin olvidar que nos puso de frente a un teatro de matices sicológicos y, por ende, más difícil de “degustar”.

Las agrupaciones del patio repusieron piezas como Círculo de hielo, con texto del escritor José Rolando Rivero, el monólogo Miami Habana en abril y Julia, piezas a cargo del proyecto Caminos Teatro.

Como novedad, se disfrutó del estreno Antonieta o El suicidio, monólogo de la joven Hanny Gómez Cunill, que será su tesis para obtener el título de Licenciada en Actuación en el Instituto Superior de Arte de La Habana.

La pieza, escrita por Salvador Lemis, en México, en el año 2005, relata la historia de la actriz Antonieta Rivas Mercado, quien puso fin a su vida con un disparo en la Catedral de Notre Dame en París, en febrero de 1931.

Antonieta cuenta la cadena de sucesos fatídicos que la llevaron a la idea del suicidio, en una muestra que da indicios de locura y pasión. Alude constantemente a José Vasconcelos, candidato a la presidencia mexicana, con el cual sostuvo una relación profesional y afectiva.

Pudo apreciarse la capacidad de la actriz para desarrollar e interpretar las complejidades del texto y que, también, necesita pulir algunas escenas para su ejercicio académico final, con el fin de aligerar la densidad y apostar por más ritmo, porque no siempre estuvieron en vela los espectadores durante la puesta.

La cita también reunió a los grupos camagüeyanos Teatro D’ Luz y Teatro del Viento —este último vanguardia de la creación en el país— y supo incluir, acertadamente, los espacios teóricos en el programa, para validar la constante crítica y retroalimentación que debe suscitarse en escenarios como este.

Como parte de las actividades, se entregó la distinción Maestro de Escena, máximo reconocimiento que entrega las artes escénicas en la provincia, al villaclareño Ramón Silverio, por su labor a favor del desarrollo del teatro.

Disfrutar de un teatro difícil de lograr y de alto valor estético, tratar tópicos esquivos, apostar por modos contemporáneos durante el montaje de las piezas, y ver por primera vez una obra en inglés, subtitulada al español, son satisfacciones que quedan cuando cierra el telón.

El Primer Encuentro Teatral Pueblos Escenas invitó al disfrute desenfadado y trajo implícita la comparación; una experiencia valiente y necesaria, que se suma a los intentos de revitalizar las artes escénicas en la provincia y de formar público crítico que llene lunetas y enriquezca cada puesta en escena con sus valoraciones e interpretaciones.


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