Jueves, 20 de junio de 2019 5:55 PM

¿Psicoanálisis de Pablito o historia de la vida real? (+Video)

Pablito parece un niño como otro cualquiera con afanes, obsesiones y temores. Su familia lo quiere, pero no lo escucha, y a partir de aquí comienza a tejerse una historia diáfana, provocadora y de múltiples matices, que pretende una radiografía de la sociedad contemporánea donde el tener parece desplazar al ser y sus sensibilidades.

Personificado en un títere hermoso de ojos saltones y expresivos, y pelo azul, el mensaje más evidente es que Pablito pudiera ser el hijo o el hermano que nadie ve o entiende. Pero no es el único, pues resulta apenas el pretexto para que el público permanezca sentado casi una hora atontado por las marionetas y los modos en que se tratan sobre la escena tópicos como el maltrato infantil que subyace en los castigos, la falta de comunicación en los hogares, el aislamiento que genera la tecnología y la crítica a la banalidad.

• ¿Quién es Pablito? Exclusiva para Invasor.

¿Quién es Pablo?

En exclusiva para Periódico Invasor, Rubén Darío Salazar Taquechel habla sobre la puesta en escena de "Retrato de un niño llamado Pablo", obra con que Compañia Teatro de Las Estaciones celebra un cuarto de siglo haciendo reír y llorar al más pinto de la paloma.

Posted by Periódico Invasor on Thursday, June 6, 2019

Retrato de un niño llamado Pablo surge a partir de un cuento de la narradora catalana Carmen Fernández Villabol y subió a las tablas en el año 2018 interpretado por Teatro de Las Estaciones, dirigido por Rubén Darío Salazar y, desde entonces, no ha bajado, tanto por las críticas favorables como por los aplausos de los espectadores.

En lo que pudiéramos llamar una suerte de “psicoanálisis teatral”, el argumento de la pieza resulta novedoso y atractivo, y propone un viaje introspectivo a los sentimientos de este niño pequeño que comienza a preocupar cuando rechaza la ropa de marca por el papel aluminio, usa una bolsa plástica para orinar en lugar del común inodoro, o le roba a su hermano el casco de la moto.

Pablito quiere ser cosmonauta y nadie calculó que esta temprana vocación vendría a trastocarle los sentidos.

Lo inaudito de cada situación lleva a la familia a consultar la opinión de dos psicólogos, quienes documentan cada momento a través de flashazos y concluyen que el tratamiento lo merecen ellos y no el pequeño, que aún no ha podido explicar la lógica de cada acción. Pablito quiere ser cosmonauta y nadie calculó que esta temprana vocación vendría a trastocarle los sentidos.

Al centro del conflicto destaca a interpretación de María Laura German en el papel de la madre, quien mantiene en todo momento su vis cómica e introduce en sus parlamentos frases en inglés, modo de corroborar hábitos y modos que hoy se importan en maletas y se perpetúan.

No menos singular es el papel de la maestra por su capacidad de comprensión, análisis e imaginación que la hacen combinar el español, la historia, y la matemática con la música, la poesía y la danza. Temerosa de que “la expulsen del sistema de educación” por tales desvaríos, representa la sabiduría y la razón, el peso que inclina la balanza y marca la diferencia en medio del caos.

La funcionalidad escénica de la pieza se confirma no solo por la calidad interpretativa de los actores, sino por su versatilidad e innovación al emplear acertadamente numerosas técnicas del teatro de títeres como el uso de la máscara, los actores en vivo, el abandono del retablo estático y el uso en cambio de una especie de marco de un cuadro —pantalla de un tablet si se quiere— para mover detrás toda la amalgama de sentimientos y voces.

•Otros detalles:

¿Quién es Pablo y por qué la Compañia Teatro de Las Estaciones quiso hacer su "retrato"? Oportunidad única de disfrutar en #CiegodeAvila de una de las agrupaciones de teatro de títeres más prestigiosas de #Cuba, que celebra 25 años de creación y entrega ininterrumpida. Felicidades a Rubén Darío Salazar Taquechel y su tropa!!!!

Posted by Periódico Invasor on Thursday, June 6, 2019

Constantes entradas y salidas al escenario, la fuerte proyección de los artistas, el filo hilo entre la comicidad y el drama, la buena música de Raúl Valdés y el hecho de que confluyan la danza y el canto suman otros méritos que engrandecen la puesta.

La autenticidad visual de la pieza se hace patente con el excelente diseño de vestuario, casi estrafalario y satírico, de Zenén Calero Medina, que nos ayuda a construir los carácteres individuales de los personajes, y por el magistral uso de las luces, al punto que transmiten sensaciones y van marcando puntos de giro evidentes en la trama.

Quizás uno de los momentos de mayor belleza y lirismo fue cuando las luces negras lo inundaron todo y solo resaltaban las imágenes fluorescentes que parecen aludir a los sueños de Pablito, hasta ese momento insospechados.

Lo cierto es que no se equivocaron quienes le otorgaron a la obra importantes premios como el Villanueva de la Crítica, el Rubén Vigón de Diseño, el Adolfo Llauradó de Jóvenes Actores, y el Caricato de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la modalidad de teatro para niños porque cada presentación puede redescubrirse siempre fresca, con el aura indiscutible de la pasión y las verosimilitudes abrumadoras.

Con un repertorio que celebra ya 25 años, los héroes a los que Teatro de Las Estaciones ha dado vida, casi siempre, han usado tallas pequeñas: Pelusín del Monte, Doralina, Pilar, Federico, Alicia, o el Pastorcillo y el Príncipe, pero no por eso han dejado de ser grandes en experiencias y disfrute. Esto y más pudo confirmar el público avileño con la entrega y, de seguro, marchó a casa escudriñando su espacio y buscando a los posibles “Pablitos”.


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