Jueves, 18 de julio de 2019 4:55 AM

Pre morten: Historias fatalistas

Portada de libro Entre las novedades de la editorial Ávila para esta feria del libro, reluce un volumen de cuentos donde el machismo es constante y la mujer, apenas, una figura decorativa. Se trata de la opera prima del artista plástico Yasmani Rodríguez Alfaro (1987), Pre-morten.

Disímiles personajes masculinos, trazados como a vuelo de pluma, pero con una fuerte carga psicológica, y visualmente creíbles, se dan cita en este libro, que podría considerarse como una obra de arte del periodo romántico tardío, por lo oscuro de sus temas y la casi ausencia de Dios como fuerza positiva de la naturaleza.

Si bien es cierto que en el Romanticismo preponderaban las historias de fantasmas, ensoñaciones, pesadillas, muertes horripilantes, y hasta muertos vivientes, no es menos cierto que otra parte del arte de esta época se centraba en la fatalidad del ser humano y el sentido negativo de su existencia. Por eso, la ausencia de Dios era inevitable.

Y en esta obra del hasta entonces inédito escritor, esos elementos son constantes.

Nos adentra en mundo fantástico que no pierde los vínculos con la realidad cubana y, exclusivamente, la avileña. Por eso, no pueden faltar las críticas a los alimentos que son distribuidos con retraso, la indigencia que se apodera de las calles, las indisciplinas sociales juveniles, la producción de azúcar, entre otros asuntos.

Son 34 historias de corte fatalista, sobre hombres auto marginados, asesinos, incomprendidos, ausentes, perniciosos, lascivos. Si hacemos uso de la numerología, y sumamos 3+4, obtendremos un número 7 que es místico, poderoso, y, a la vez, masculino, por lo que se considera positivo. Algo que, si no fue pensado a la hora de estructurarlo, fue una coincidencia bastante hermosa.

En la narrativa, todos los elementos que la componen tienen que estar engranados de manera casi perfecta. Por eso, símbolos como el agua, el cuchillo, los sueños y la sangre, hacen que el ambiente se vuelva opresivo y todo encaje en él como resultado de una mala práctica.

Los cuentos fluyen página tras página y dan la sensación de ser proyectados en una pantalla blanca, más que en una hoja de papel. Porque la narración, más que descriptiva, es emocional. Aunque no deja de poseer la suficiente fuerza narrativa como para contar con precisión acciones y sucesos.

Por este motivo, podríamos sentir todo tipo de sensaciones, y rememorar algunos momentos lacerantes de nuestra historia personal. Porque las anécdotas, como nos advierte el autor en el mismo epígrafe del volumen, tienen la virtud de la verdad.

Esto lo impregna de buen ritmo y cadencia. Consigue que la lectura sea placentera, en cuanto no nos robará mucho tiempo para leerlo de punta a cabo, y siempre será agradecido salirnos de cualquier realidad tormentosa para adentrarnos en otra mucho más tormentosa, pero, al menos, advertidamente ficticia.

Dividido en dos partes, a la manera más usual de la poesía, los cuentos se hilvanan por la proyección oscura de sus personajes. Y, en este sentido, es donde más se nota la jovialidad de su autor, porque es ya una tendencia el romper límites, fundir murallas, unir lo desunido y dar un todo común lo más parecido a como deber ser la realidad.

Y aquí creo que podría estar su punto más débil, pues tal división no es feliz, al no estar justificada por un punto de ruptura temático o anecdotario, por la entrada de mujeres como personajes centrales, ni, mucho menos, la desaparición de los ambientes sórdidos.

Una de las grandes diferencias que sí puede verse, en esta segunda parte, es el empleo de narraciones breves escritas desde el universo emotivo de los personajes. Pero que si bien se entremezclaran con las historias narradas en la primera parte, pudieran ser como “monólogos interiores” de ellos, y sería innecesario, entonces, tal división.

De esta forma, el libro de cuentos sería más redondo, más a la manera narrativa, y con un sentido más preciso del acabado.

Yasmani Rodríguez Alfaro es un egresado de la academia de Artes Plásticas Raúl Corrales, que se beneficia con el sistema de publicaciones Riso, creado por Fidel, en el 2000. Una oportunidad de publicación casi inmediata para inéditos y escritores que, de cualquier edad, no tienen acceso a las editoriales nacionales, por una razón u otra. Lo único que hay que tener es calidad literaria, y este autor la tiene.


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