Lunes, 24 de septiembre de 2018 1:55 AM

Lo que está en la sangre (+Post)

Mucho tiempo lleva Rafael González Álvarez viviendo en el mismo lugar y eso se resume en 40 años, que es lo mismo que decir toda su vida. De ellos, dedicó seis a graduarse en el Instituto Pedagógico Manuel Ascunce Domenech de Ciego de Ávila como Licenciado en Física y Electrónica, y solo él debe saber qué de energía cinética, tiempo y trabajo (magnitudes físicas) tiene el teatro, para cambiar el título por los títeres.

Cuando Yosbany Abril apareció en su vida “encarnando” el papel del instructor de arte, motivándolo a pintar, a cantar, a escribir, fue que el muchacho comprendió lo que en verdad le gustaba, aunque en su familia no hubiese nadie que pensara, por asomo, en ser artista.

“Yo creía que iba a ser más fácil —dice Rafael—  hasta que descubrí la profundidad del teatro y la preparación actoral que se debe tener en él. Cuando como parte del movimiento de artistas aficionados ingresé al proyecto La Nada, dirigido por Abril, me di cuenta de que era todo lo contrario, gracias al trabajo con el público joven.”

Rafael recuerda con exactitud el momento en que se convirtió en actor profesional. Lo curioso en su vida resulta ser la presencia de su primer maestro de las tablas como hilo conductor de esta historia.

“Por el 2003 a Yosbany lo escogieron como director del Guiñol Polichinela, momento en el que los integrantes de La Nada pasamos a formar parte de este grupo de teatro para niños y logramos profesionalizarnos, así entro a la compañía que, más que espacio de trabajo, es una familia.”

Tras 15 años de ensayos sobre el tabloncillo, de los típicos nervios antes de empezar cada función, ¿qué siente Rafael antes de salir a escena?

“Entro en un estado de negación que no te imaginas. Empiezo a preguntarme que quién me mandó a llegar hasta aquí, si yo soy tímido hasta para pedir el último en la cola de una guagua, que si no voy a poder, pero cuando salgo, definitivamente, ese no soy yo.”

Polichinela presento en Bayamo Un cuento Saludable,texto de Carlos Sánchez y puesta en escena de Yosvany Abril.

Posted by Alejandro Quiñones on Tuesday, May 29, 2018

—De todos los personajes que has interpretado, ¿a cuál le tienes más amor?

Rafael y su títere, RaizaRaiza es la causante de su felicidad teatral —A Raiza, la negrita, de Lo que te voy a contar. Ella se me fue de las manos y logró que me desdoblara hasta el punto de salir de la puesta y seguir encarnándola. Todavía hay amigos que me preguntan por ella y yo imagino “bueno, guardada junto con los otros muñecos”. Pero la verdad es que, aunque en un principio el personaje no me guste mucho, me enamoro de ellos por la preparación académica, física y cultural que nos exige nuestro director.

Una compañera de trabajo en la sede de la Casa del Joven Creador de la Ciudad de los Portales me comenta que él sabe de todo. “Mira, cuando llegó aquí yo creía que conocía más de economía que yo, porque para todo tenía una respuesta y lo que no sabía, lo preguntaba.”

Tal vez la respuesta radique en que “A mí me gusta mucho leer, sobre todo eso, leer y que sea en silencio”, dice Rafael.

—Y, ¿en qué punto de tu carrera estás ahora?

—Soy un adolescente, apenas estoy creciendo y aprendiendo de todo y de todos. Aprendo a ser más atrevido de lo que soy, a incursionar en el diseño y el attrezzo para las puestas, aprendiendo a amar este mundo loco que he creado junto a los amigos que quedan, entre ellos, los de Polichinela.

Por más que cada función le depare un sinfín de interrogantes, Rafael no puede detenerse a negar lo que ya tiene en sangre. Una transfusión de buen teatro directa a las venas le es suficiente para enfrentarse al público y comerse, otra vez, el mundo.


Comentarios  

# Yaimara 01-06-2018 11:55
Mis felicitaciones para este excelente artista, y muy merecido esta trabajo sobre su obra artística.
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