Sábado, 20 de julio de 2019 7:35 AM

Linografías cienfuegueras

La galería avileña del Consejo de las Artes Plásticas inauguró este sábado 23 de febrero una exposición bipersonal de artistas cienfuegueros que tiene algo de genialidad y, también, de inconsistencia.

Si bien les une el grabado sobre el linóleo, un material muy noble para el trabajo de la gubia y las cuchillas, pero más complejo para las tintas y su impresión, los disgrega el contenido que ambos no consiguen hilvanar como un todo genérico y bien argumentado.

Pedro González, con sus linografías y monotipias nos presenta piezas de gran tamaño que reutiliza la iconografía martiana en medio de un contexto europeo, con motivos cristianos, y recreando la obra El Grito, del noruego impresionista Edvard Munch.

Si bien es cierto que la técnica respira por su limpieza en el trazo y la impresión, que sus monotipias guardan una impecabilidad en cuanto a su proceso de impresión y realización, no es de menos veracidad que pareciera no decirnos nada más allá de lo que a primera impresión representa. Un Martí espantado de todo, en medio de una sociedad litúrgica y ecléctica.

Las lecturas de las obras de arte han de hacerse, al menos para una certera y abarcadora contemplación, en distintos momentos. Aunque la polisémica del arte nos permite a cada espectador concebir una obra de arte propia, más allá de la obra en sí, no hay que olvidar que los símbolos empleados en ella son de una revelación y significados universales. Y como el arte está basado en los símbolos, todo debería encajar en una especie de narración a modo de mecanismo de relojería.

Por el momento, la fortaleza de su grabado se me antoja varada en la técnica. El diseño de las escenas se sostiene sobre la dinámica que existe entre los planos blancos y negros; una magnífica impresión que no deja margen para la suciedad de los huecos en el taco, elementos que pudieran estar justificados en cada una de las piezas, pero que aquí pareciera inadmisible.

Las monotipias no revelan su modo de realizarse y son, a mi entender, la mejor muestra de la técnica del grabado de este joven cienfueguero. Y es que, realmente, uno no sabría si el material empleado para el dibujo, pareciera metal, ha sido entintado en negro y los trazos hechos por detrás de la hoja una vez que se puso sobre la superficie. O si es que el dibujo en el metal, que después se pasó, bajó presión a la cartulina.

Lo cierto es que la limpieza de los blancos ha sido respetada con toda intención. Y hay hasta los medios tonos, sutilezas en el trazo que recuerdan el carboncillo, así como tonos rojizos en medio de tanta luz.

A mi juicio, es la mejor muestra de la maestría de este joven grabador. Pero, repito, me sigue cojeando el contenido de las mismas. Y no es que insista en esto por naderías, es que en el arte forma y contenido no han de divorciarse nunca. Aunque es sabido que esta ecuación no siempre es operable.

Y alejado de toda esta intención lúdica de la figura martiana, con el horror, el espanto, los relatos evangélicos, se nos presenta un Manuel Quezada con linografías que parecieran sacudirnos el alma con tanta sensibilidad.

Y es que en su muestra paisajística, Manuel no solo hace gala de su precisión para captar y traducir el paisaje como contenido, sino, también, que nos regala ejemplares casi únicos de una técnica depurada de grafía e impresiones a color.

Paisaje

En tiempos modernos, donde cualquier artista visual hace uso de los diferentes software para el dibujo o el diseño como Photoshop, Corel, o Illustrator, hacer simulaciones de grabados ya no resulta complejo. Luego con la impresión offset, ya casi el “falso grabado” estaría realizado. Pero no es este el caso.

Manuel Quezada nos trae a la contemplación una serie de paisajes de hasta cuatro tonos, donde se pone de relieve su calidad como grabador de linóleos, y mucho mejor impresor. No deja lugar a dudas de esto con la sola visualización de una de sus obras de pequeño formato.

Por más que miremos, pareciera imposible que un grabado se pueda imprimir de esta manera. Primero, los tonos más claros, esto sobre una limitada cantidad de ejemplares. Luego, se descartan del taco esas partes ya impresas, para seguir “comiendo” las otras partes intermedias. Y, por último, se termina la obra con las partes negras.

El resultado final en el taco ya no es el mismo de cuando se empezó a grabar. Y en este sentido, el grabado a color se parece a la representación teatral porque tiende a ser efímero. En eso también radica su valía. Son ejemplares únicos. A lo mejor se pudieran imprimir copias en blanco y negro, pero ya no sería lo mismo.

Grabados hechos a golpe de mano, con gubias y cuchillas bien afiladas que si no se dominan con entereza, parecieran cobrar vida propia y hacer sus propias obras, se exponen en la galería del Consejo de las Artes Plásticas de Ciego de Ávila hasta el 23 de marzo. Es una buena oportunidad de comprobar que Cienfuegos sigue siendo una ciudad premiada del grabado cubano.


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar