Las teclas del corazón

Las teclas del corazón pueden tocarse de muchas formas, pero Yanet Pérez Diago ha preferido hacerlo con amor, paciencia, inteligencia y dedicación durante estos 15 años en los que ha sido la única pianista concertista de Ciego de Ávila y, también, una suerte de “sobreviviente”, con el tino exacto para fusionar el trabajo profesional con la enseñanza artística, construirse un nombre y no amilanarse ante las negativas.

•Conozca sobre la segunda Jornada de Conciertos, dedicada a Yanet Pérez Diago.

Graduada de la Escuela Profesional de Música José White, en Camagüey, regresó aquí con la tarea de incentivar la música de conciertos, crear espacios para su promoción y conquistar público.

No puede decirse que haya saldado todas las deudas, o que la música de conciertos esté hoy en el lugar que merece, pero lo cierto es que su empeño e inventiva son, para ser estrictos, el referente mejor logrado en este ámbito.

La peña Yanet y sus invitados, llega los segundos jueves de cada mes a la pequeña sala del Museo de Artes Decorativas, de la ciudad cabecera y ha sido un espacio duradero, que aún con pianos prestados o “remendados”, se ha impuesto en las carteleras culturales de la provincia como centro para el diálogo y el disfrute de estas sonoridades.

La secuencia de asistentes se ha matizado, lo mismo, con agrupaciones del patio que con artistas de renombre como Aldo Rodríguez y el dúo de canto lírico Dalmau. Sin embargo, son los estudiantes de la escuela elemental de arte Ñola Saíg Saíz los verdaderos anfitriones y protagonistas de la cita.

“Cuando estudiaba siempre tuve que buscar en la televisión, o fuera de la provincia, un referente sobre lo que debía ser un pianista. Como maestra, me propuse que mis alumnos se sientan artistas desde pequeños, que el trabajo sea disfrute, que crezcan en la responsabilidad de compartir su música, y que el estudio no sea un capricho de los padres en busca de una escuela mejor, sino un deseo de los pequeños respaldado por aptitudes y vocación. El compromiso es grande porque una es un espejo en el que ellos se miran.”

En el año 2012 llegó El piano de mi barrio, otro proyecto, que vinculado con la Dirección de Educación del territorio, busca incentivar el gusto por las melodías de concierto, mientras les aporta conocimientos elementales desde las primeras edades.

Su mayor satisfacción es ver regresar a la pequeña salita del museo, hechos artistas, a los pequeños temerosos a los que un día les dijo “ustedes son pianistas, actúen como tal”, y secar las lágrimas a un niño de 8 años que no consigue el acorde preciso, una de las experiencias más tristes, pero, paradójicamente, cotidiana.

“Esta es una profesión muy sacrificada; por ejemplo, algunos pasan las vacaciones practicando. Hay que tener mucho tacto para tratarlos, porque son muy sensibles y el nivel de exigencia para estas edades es mucho.”

Consciente de que la música de concierto es un género carente de comercialización, relegado por los más jóvenes y tergiversado en su forma pura, piensa en una posible actualización de las materias de estudio, que ayude a devolverle vitalidad, y se plantea, para este año, trabajar con alumnos de noveno grado en el logro de prácticas de conjunto y, paulatinamente, conformar formatos corales y sinfónicos que incluyan todas las líneas de instrumentos.

“Después de estudiar 11 años, un graduado domina a plenitud la técnica, pero adolece de los rudimentos de la profesión y de un espectro más amplio de la música popular cubana, que otros, aun sin formación sólida, conocen. Pienso que existe música popular concertante, con estilo clásico, que puede vender y conquistar público sin perder sus valores.”

Dos hijos pequeños que todavía le roban el sueño, su esposo, una bicicleta para ir y venir, la casa, los proyectos, y su bolso con un poco de todo adentro, terminan por redondear la mujer que es y quiere ser: una que está convencida de que vale más alimentar el espíritu que el bolsillo.