La Reina sobre la escena del Teatro Principal avileño (+Video)

Después de prenderle una vela a la foto que tiene en una esquinita del camerino, Mayra Mazorra sale a escena para encarnar a un personaje que, a su entender, tiene en común con ella la perseverancia y la fuerza femenina. Mayra intenta seducir al público, y lo logra, vestida de otra mujer que, muchos años atrás, deslumbró a sus seguidores de Francia, Luxemburgo o México.

Escultura de carne y hueso, premiada con una voz hecha a la medida de la rumba cubana y el toque de las tumbadoras corriéndole por la sangre. A ella reverencia Mayra por más de una hora encima del tabloncillo, a ella y a lo que quedó luego de su muerte cuando muy poco se hablaba de la Reina del Guaguancó, Celeste Mendoza.

Vestida tal cual lo hiciera la artista en sus años de reconocimiento público, con las típicas batas cubanas, las grandes argollas en las orejas, el pañuelo cubriéndole el cabello y acompañada de sus santos, la actriz de Teatro El Público se desdobló en el unipersonal En privado con la reina, para desmitificar historias que rodearon a la figura de Celeste y que, tal vez, la llevaron al anonimato en sus últimos años de vida.

Que si había perdido la voz, que si mantuvo relaciones de pareja con Benny Moré, o mató a puñaladas a su marido, no se sabe con certeza. Aunque sí quedó muy claro el amor de Celeste por la música, por los músicos y su gente, a través de cada gesto, de la cadencia al hablar, el tono de la voz, el vestuario, las siluetas del cuerpo y el sentimiento de Mayra.

“Me atreví a hacer el personaje porque quiero que las personas conozcan más sobre ella —dice Mayra—, incluso yo misma sabía muy poco y hay nuevas generaciones que se acercan a una para preguntar quién era”.

Dirigida por Carlos Díaz, la obra y el proceso de investigación para llevarla a cabo debieron agilizarse, pues su estreno ocurriría el pasado mes de julio en el Festival del Caribe, celebrado en Santiago de Cuba. Desde esa fecha, el Teatro Principal de Ciego de Ávila es el tercer escenario en el que se presenta y, para rematar, concluyó con el mejor agasajo que un actor puede recibir: la ovación del público de pie ante la presencia sobre las tablas de Celeste Mendoza y Mayra Mazorra.

Una que otra piel erizada al escuchar la voz de la cantante o el Bárbaro del Ritmo, música que en momentos puntuales interrumpía la actuación para crear el ambiente, la energía del auditorio y la exquisita dirección artística de Jorge Mederos Reyes completaron la puesta. A los movimientos característicos de Celeste se sumaron también los sentimientos encontrados de la actriz de El Público, a quien le fue necesario respirar hondo, porque no todos los días se está en la piel de una mujer de su temple, de una reina.