Lunes, 21 de enero de 2019 12:51 PM

La música no se acaba (+Video)

El músico Alberto Pablo La Rosa Dubuques, conocido como Pescao, es de los maestros indispensables que contribuyen a la formación musical desde la práctica, con más de 40 años de labor en el grupo Los Escorpiones.

La música es considerada un idioma universal. Para entenderla, transmitirla y practicarla, es necesario conocer su forma de escritura, pero, sobre todo, sentir una atracción singular por esta, la cual permita su amplia y satisfactoria difusión. Existen muy buenos músicos que, de forma autodidacta, llegan a dominarla, y otros, que desde el conocimiento académico, hacen fluir la melodía en todo aquel que los rodea.

Alberto Pablo La Rosa Dubuques, alias Pescao, es un hombre que convirtió a muchos avileños, amantes empíricos de la música, en músicos de oficio.

Alberto Pablo Rosa DubuquesCelia Molina Sánchez—¿Cómo se introdujo en el mundo de la música?

—Recuerdo que cuando estaba en la primaria, como a los 12 años, con la parranda del Tapón y la Botella, en Ciro Redondo, me acerqué al grupo Los Samuráis y toqué la pandereta en varias ocasiones. Me di cuenta que me gustaba la música y me propuse estudiarla. A los 16 años, en 1969, me fui para la Escuela de Arte de Camagüey y terminé allí mis estudios, con el contrabajo, pero tocando también el piano y la guitarra.

“Después me fui para la Escuela Nacional, donde solo duré unos meses, regresé a Pina.”

—Hablemos de su llegada a Los Escorpiones.

—Cuando llevaba unos meses en casa, se acercó Andrés Hernández, integrante de este grupo aficionado, y me propuso unirme a ellos tocando la guitarra. Tenía la propuesta de Adalberto Álvarez, que había sido mi profesor, para tocar el bajo en Son catorce, sin embargo, mientras esperaba, decidí integrarme a Los Escorpiones, para, finalmente, nunca abandonarlos. De inmediato empecé a dirigir, pues era el único con academia. Fue una tarea difícil, pues tenía que componer y tararear nota a nota para que cada instrumento sonara como debía.

—¿Cuál fue el vínculo con la brigada artística XX Aniversario de Majagua?

—Alrededor de 1974 comenzamos a colaborar con este grupo danzario, pues ellos necesitaban acompañamiento y yo me convertí también en su director musical. Aunque seguíamos presentándonos por separado, en algunas ocasiones lo hacíamos como conjunto, sobre todo en el extranjero. Así conocimos ocho países. Alcanzamos Primer Lugar en el Festival de Varna, Bulgaria, en 1974, con un repertorio de la música y danza tradicionales cubanas.

“Fueron años fructíferos. Fuimos catalogados como aficionados de nivel A en el país. Representamos a Cuba en un intercambio cultural en México con un espectáculo muy bueno, ‘Cuba que linda es Cuba’, compartiendo escenario con artistas de reconocimiento internacional como el Ballet Nacional Alicia Alonso y los Van Van.”

—Cuando se separan de la XX Aniversario, ¿cómo continúan la producción musical?

—En los inicios de la década de los 80, nos separamos y nos dedicamos más a fomentar nuestro trabajo musical. Crecimos en número, llegamos a tener hasta cinco metales. Empezamos a presentarnos en programas de participación nacionales, como Joven Joven y Todo el Mundo Canta, donde obtuvimos un primer premio en 1985. A raíz de estos resultados, viajábamos cada dos o tres meses y nos presentábamos en La Habana o alguna otra provincia.

trofeoTrofeo del programa Todo el Mundo Canta, que obtuvo el grupo en 1985“Ya en 1997, comenzamos a trabajar en el Polo Turístico Jardines del Rey, para nunca más salir. Por una parte, significó una estabilidad económica importante; y, por primera vez, vivíamos de la música. Sin embargo, reconozco que nuestra producción se estancó. No necesitábamos más que ir y reproducir los clásicos de la música tradicional cubana y realizar alguna que otra descarga, nos alejamos de lo que alguna vez llamamos profesionalidad.

—¿Qué recuerdos le trae “Mi Cassete Preferido”?

—Los mejores. Imagínate en pleno período especial, con incontables apagones y yo conduciendo junto con Milbia Martínez, instructora de danza, un proyecto de la Casa de Cultura, que, todos los jueves en la noche, se llenaba. Eran tiempos difíciles, pero disfrutamos mucho. Lo que en sus inicios fue concebido como un simple espacio para escuchar música, se convirtió en un evento de participación con baile, canto, humorismo. Las demás actividades nocturnas esperaban a que culmináramos, porque con nosotros estaba prácticamente Pina entero.

—Proyecciones personales y para el grupo.

—Hace ya un año instruyo algunos niños en la casa, en piano, guitarra y bajo, pues mi salud no fue la mejor. Pero ya estoy listo para seguir con Los Escorpiones, en noviembre realizamos las audiciones, y estamos en espera de algunos permisos para recomenzar. Ahora con un formato más pequeño, solo ocho integrantes; en cambio, con muchas ganas de trabajar. ¡Y a seguir, que la música no se acaba!


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