Miércoles, 17 de octubre de 2018 9:27 PM

La Cita es nuestra en Ciego de Ávila

La presentación de La Cita, en el Teatro Principal de Ciego de Ávila, sacó las mejores carcajadas del público, que bien sabe apreciar lo bueno.

Si tener un apellido puede traer consigo el peso de la responsabilidad actoral, también puede hacerlo la alegría del reconocimiento. Mas, la aplicación del concepto teatral, la experimentación sonora y el desenvolvimiento en escena, son elementos a tener en cuenta para saber si un espectáculo fue lo útil y lo provechoso que se esparaba.

La Cita, obra escrita por Andrea Doimeadiós con la compañía de Venecia Feria, y dirigida por Osvaldo Doimeadiós, es suerte de resurgimiento de las tablas. Poner en práctica el movimiento del cuerpo, la transición a partir de la interacción con el público, y la energía de los pasos que se encuentran en un mismo cuadrante, no necesitan de grandes guirnaldas escenográficas si se tiene bien pensado lo que se quiere lograr. Un banco, unas cuantas ropas en percheros, una coqueta antigua, el espejo para el maquillaje y la velocidad de no querer que el tiempo juegue una mala jugada, fue ademán para que el público formara parte de la propia puesta en escena.

Obra La Cita

Las señas propuestas por un texto que juega con la literatura clásica cubana, en este caso, Espejo de paciencia, no figuró como la obra de piratas y corsarios, sino con la utilidad del espejo que refleja una sociedad que denuncia trivialidades humanas. Cecilia Valdés figura como la mujer que es capaz de atraer, de manera sensual, a la figura del negro, y Fernando Ortiz, como cocinero del ajiaco tremendo que es la cultura, la transfiguración del ser, la cubanidad.

Si algo loable y plausible mereció el texto, es que no se “cuadró” en una línea temática, como pendón a ejercer líneas displicentes y esquemáticas, sino que la vivencia de lo cotidiano, a partir de personajes, llevó a disfrutar desde el chiste inteligente hasta lo sádico, y la pretensión del propio acto de desdoblarse.

Dos jóvenes que vienen a replantear maneras de hacer el teatro cubano, más allá de la invención y la saturación de la creatividad, fue la propuesta para que una noche se resumiera en 1:10 minutos, como bálsamo de regocijo.

La Cita se convirtió en la vida de todos y todas bajo el sello de lo extrovertido e impulsivo, la banda sonora de la tradición de las artes escénicas y la oportunidad de saberse heterogéneo.

El diálogo con las nuevas tecnologías, los parabienes y desajustes de la utilización de móviles, aplicaciones y redes sociales, se convirtieron en el discurso de no solo adolescentes, sino también de quien peina canas. Frida Khalo y Marilyn Monroe  no solo fueron amigas, o amantes, en la dramatización, sino la espera de una cita por venir, del adueño del desplazamiento de lo minimalista. Si esperaban que una voz fuera unísona en dos personas, devino background para dividir en dos momentos únicos, lo aventajado de teclear sensaciones y vibraciones en quienes, atentos, esperaron reencontrarse en La Cita nuestra.

Obra La Cita


Comentarios  

# barbaro martinez 06-10-2018 10:15
EXELENTE, me rei, me hizo pensar, y disfrute de la BELLEZA de la puesta en escena .

brmh
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