Sábado, 25 de mayo de 2019 7:23 PM

Introspección necesaria

Gráfica y Escultura es el título de la última exposición del reconocido artista cubano Nelson Domínguez, Premio Nacional de las Artes Plásticas hace una década. Desde el pasado 6 de abril y hasta el venidero 6 mayo, esta será la propuesta de la Galería del Consejo Provincial de las Artes Plásticas en Ciego de Ávila.

Una interesante compilación de grabados (litografías, serigrafías, pirograbados), esculturas en bronce y otras en resina, y algunos humidores, conforman la colección de 34 piezas. Distingue la muestra una variedad en el manejo de técnicas que identifican la obra de Nelson, no obstante, los conceptos reflejados y la propia selección de las piezas expuestas a través del trabajo curatorial son el atractivo mayor.

Las temáticas abordadas pueden ser identificadas por el receptor de formas diversas. Una primera lectura señalaría el mero interés por mostrar afinidades o similitudes entre hombre y animal, elemento visible desde el propio título de algunas obras como Hombre y chivo. Sin embargo, un análisis desde el lenguaje técnico denota un acercamiento mucho más profundo. El uso reiterado del inacabado, las líneas cortantes, tensas, la fusión de formas, la amalgama y, a su vez, pobreza del color, hasta lograr seres antropomorfos, son algunos de los elementos que anuncian el deterioro del ser humano, o una metamorfosis inducida, quizás, su autodestrucción.

En una pieza tan introspectiva como El nacimiento del dolor, Nelson propone una figura que, por momentos, nos parece humana, mas sus rasgos fisionómicos no permiten validar este criterio. Resulta una figura maltratada, quizás, desde antes del proceso de alumbramiento, con un vientre que, a través de la diferencia del color y la forma, no parece suyo, y, aun así, es parte de su cuerpo y se divide en dos para advertir una pequeña forma andrógina: el resultado de su dolor. ¿Quién o qué es esa figura? Una nueva generación cuyos progenitores ya han perdido parte de su humanidad y Nelson lanza la primicia y lo llama dolor. ¿Será que como bien abordó Sigmund Freud en textos cómo Más allá del principio del placer y El malestar en la cultura el ser humano, está predestinado al sufrimiento y el sentimiento de culpa, y las pulsaciones de muerte son siempre elementos ineludibles en su historia?

Otra obra clave es El colibrí Rojo, que, sin dejarnos eclipsar por el título, nos recuerda al conocido Hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci, encerrado en un círculo perfecto, con el ser como el centro del universo. Pero esta vez, no es un hombre, o, al menos, no completamente. Alas y cabeza de colibrí se fusionan con piernas y torso que parecen humanos. ¿En realidad, somos el centro del universo?

El expresionismo siempre palpita en estas obras, incluso, en la litografía Enamorados, donde presenta una pareja de humanos en un acto de confianza, descanso, ternura. Sus rostros, pobres en detalles, entonces, son los que transmiten sentimientos de desasosiego. Amor bajo la lluvia vuelve a tocar el tema de la maternidad, esta vez desde una óptica menos grotesca, no obstante, la presencia de seres metamorfoseados siempre turba el proceso perceptivo; seres sin rostros se abrazan bajo la lluvia.

Obra de arteLa pieza escultórica en resina, Crucifixión, puso de manifiesto la destreza del artista con esta técnica poco trabajada

Las esculturas se muestran como la cúspide de ese inacabado que elude de forma constante cualquier atisbo de belleza instaurada. La pieza De rodillas recuerda al instante el sentimiento de esclavitud; ese gesto del pecho abierto, y la no definición de brazos, realzan la sumisión del ser, quien espera por un futuro que no depende de él.

Los humidores vienen como a refrescar el ambiente. Piezas funcionales que han alcanzado valor artístico según la decoración que porten y de quién los realice. Utensilios que aluden a nuestra nación por su estrecha relación con la cultura del tabaco, aunque no representen a Cuba, pues es bien conocido su elevado precio en el mercado. Más bien, son piezas de colección que identifican a un sector elitista de la sociedad. Estas obras pueden causar cierto ruido en términos curatoriales, dado que el resto de la línea discursiva es muy diferente.

Una exposición que siembra inquietudes en todo espectador que no solo visite la galería para deleitarse. Discrepo con la opinión de un compañero para el cual la exposición de Nelson resultó agradable, un escape de todo este mundo caótico. Considero que, ante todo, resulta inquietante, reflexiva, y su función es poner al descubierto el volcán en erupción en el cual nos hemos convertido.


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