Lunes, 24 de septiembre de 2018 3:40 AM

Hanny Gómez: arte sobre las tablas (+Video)

Luchar para consagrar un sueño, y continuar cuando le dijeron que no, han hecho de Hanny Gómez Cunill una irremediable luchadora, capaz de sobreponerse a los clichés de que el teatro en provincia no “cuaja” y a los escollos para sondear el ámbito de la profesionalización y la academia.

A los 11 años su vocación era ya una certeza e ingresó a la escuela provincial de arte Ñola Sahíg Saíz en la especialidad de danza. Después preferiría el teatro y comenzarían las largas jornadas de ensayo, la memorización de los textos y el complejo arte de habitar otras pieles para mover las fibras del público.

Nunca ha olvidado los parlamentos en escena. En cambio, le ha tocado asumir otros y responderse ella misma para mantener la hilaridad de los diálogos. Su familia ha sido sostén y empuje, y se confiesa feliz de haber mantenido su brújula marcando, siempre, hacia el teatro.

— Ingresar a la Universidad de las Artes (ISA) supone un reto, mas si se continúa trabajando desde provincia…

Cuando me tocó ingresar la Universidad de las Artes estaba cerrada. Luego me presenté dos años consecutivos y, aunque llegaba al final, no me seleccionaban. Al tercer año, estaba en la capital casi de casualidad y asistí. Estuve toda la semana con la misma ropa porque fue un imprevisto.

Poco a poco vencí las fases dedicadas a la expresión corporal, la voz y la dicción, y los ejercicios físicos, de actuación, ritmo y coordinación. La práctica final fue una prueba de teoría, donde vimos una película y respondimos 15 preguntas.

Desde entonces el ISA es como el hijo que pongo siempre delante de cualquier problema o cronograma de trabajo porque no puedo faltar. Aun así implica un gran sacrificio económico y profesional trasladarse una semana al mes a La Habana y cumplir con las obligaciones de aquí y de allá.

— ¿Es la academia una escuela necesaria?

La academia es necesaria porque te capta y te aporta conocimientos diversos que van desde el teatro universal hasta el clásico, el cubano, el contemporáneo, su historia, y los métodos de actuación. Además son cuatro años en los que tienes la oportunidad de trabajar a fondo y de contar con un profesor que evalúa y guía tu trabajo. Quizás como aficionado llegar a este nivel de profundidad es difícil.

Sin embargo, el talento no se mide por la escuela, eso es algo con lo se nace y se desarrolla o no en la vida. La práctica y el trabajo duro son la mejor escuela.

— ¿Qué ha significado trabajar con Teatro Primero?

La Habana me ha dado la oportunidad de conocer las más actuales técnicas actorales y dramáticas, y ver lo que se hace en la escena nacional. También he trabajado con directores de otras provincias y he recibido propuestas, pero Teatro Primero ha sido escuela y familia en estos siete años, donde he aprendido mucho y han surgido montajes complejos como Cuando los muertos hablan, de Juan José Jordán; Los Hijos, de Lázaro Rodríguez; y Notre Dame de París, de Víctor Hugo.

Por eso, a pesar de los inconvenientes no he pensado en la posibilidad de dejar todo lo construido aquí. El cambio puede ser arriesgado y difícil.

— Alguna obra que te haya exigido mucho…

Un actor nunca descansa y debe captar los detalles que le rodean. Interpretar La Tempestad, de Willian Shakespeare, como ejercicio de graduación fue difícil y me llevó mucho tiempo. Además, asumí varios personajes, lo cual significó tener que desdoblarme y marcar bien los cambios de caracteres y la psicología de cada uno.

No tengo una obra preferida, incluso, cuando veo una que me gustó no la repito porque a veces en esa segunda vez pierde el encanto. Si algo tiene el teatro es familiaridad con el público y todos los días el artistas no tiene el mismo ánimo o el mismo carácter y esto determina el resultado final.

— El roce con La Habana y trabajar en Ciego de Ávila te permite comparar ¿qué le falta al teatro avileño?

Al teatro que hacemos hoy le falta mucho apoyo institucional. En La Habana es muy fácil decir “cualquier cosa” y aquí siempre pesan los textos difíciles y se nos olvida que este es un arte social, profundamente crítico.

Falta sistematicidad, por ejemplo, hacer una temporada teatral implica presentarse varias veces en una sede fija para educar y conquistar público. Teatro Primero no tiene sede y nos presentamos ocasionalmente en el teatro Principal.

La máxima aspiración de un artista es tener el reconocimiento de la audiencia y aquí nos pasamos meses en el montaje de una obra y al estreno vienen solo nuestros familiares. A otras puestas no va nadie por muchas razones, en lo fundamental, la mala promoción.

— ¿Sigues una rutina antes de salir a escena?

Me gusta hacer ejercicios de relajación, de respiración, de voz y dicción para el calentamiento, y siempre me persigno.

En el teleplay cubano Caliente, caliente, basado en la obra Caliente, caliente que te quemas, del dramaturgo Lázaro Rodríguez Paz, Hanny Gómez Cunill trabajó como protagonista.


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