Fernando Alcorta: de casta le viene…

Invasor le propone esta entrevista inédita —realizada en 2005— del prestigioso locutor avileño, en el día en que se cumplió su última voluntad.

Fernando Alcorta   Fernando Alcorta es de esos hombres que enamoran con la voz. Escucharlo es sentirlo cercano, íntimo, familiar. Está allí, sentado frente a mí en el balcón de su apartamento como si me conociera de toda la vida. Con su voz grave y melodiosa relata sin mucho esfuerzo, cómo y por qué es locutor y en mi cabeza se suceden las imágenes unas tras otras. ¡Qué magia tremenda la de hacer ver con palabras!

Por suerte para la radio cubana, un día se dejó llevar por el entusiasmo de otro grande de la locución, su primo Orlando Castellanos, y comenzó una carrera que le depararía muchas alegrías, algunas insatisfacciones y muchas historias para contar.

— ¿Qué motivos tuvo Fernando para acercarse a la radio?

Yo nací en el año 32, y mi niñez coincidió con el crecimiento y consolidación de la radio. Sin embargo, lo cierto es que a mí no me llamaba la atención, nunca pensé ser locutor de radio. Pero, ya en esa época mi primo hermano Orlando Castellanos tenía una publicitaria en Ciego de Ávila, “Radio Propaganda de la Trocha” y alquilaba tiempos en las emisoras. Entonces él vendía sus propagandas a un por ciento con los dueños y la realidad era que tenía mucha pegada.

“Él era un buen realizador de radio, tenía mucho gusto para hacer programas que estuvieran en la preferencia de la gente y era un locutor muy profesional. De pequeño a él siempre le gustó la radio, y su padre, que tenía posibilidades económicas, le regaló una planta. Y desde chiquito se desenvolvió en el medio.

“Recuerdo que en una ocasión, él se compró una grabadora de cinta, que en aquella época era lo último, la sensación. Y como muchacho con juguete nuevo me dijo: ‛ven por la casa para que veas la grabadora’. Fui a la casa, me la enseñó, me explicó cómo trabajaba y me grabó para que yo viera cómo era. Cuando terminó de grabar me dijo: ‛oye, tú sabes que tú tienes buena voz’ y eso fue suficiente para que yo le cayera arriba, tratando de que me diera un espacio.

“Por supuesto, una cosa fue decir que tenía buena voz y otra muy distinta era arriesgarse con programas que él estaba publicitando, porque le pagaban por eso y no podía aventurarse con un novato sin experiencia. Pero tanto le insistí, hasta que me empezó a dar algunas oportunidades.

“Después surgió en Ciego de Ávila, la emisora que se llamó Radio Cuba, era la CMJP, decía: ‛…la primera en su radio en 580 Kc.…’. Y él fue para allí. Hizo relación con los dueños de la emisora y cargó con toda su publicidad y me llevó a hacer, en ese momento, suplencias cuando alguien se enfermaba o salía de vacaciones. Así empecé. Hasta que fui adelantando y llegó el momento en que comencé a trabajar fijo, y así me fui haciendo locutor.

— ¿Tuvo que hacer locución comercial? ¿Qué características tenía la locución comercial de ese momento?

Yo nunca fui locutor de comerciales, aunque en la emisora de Ciego de Ávila en esa época, nosotros teníamos algunas publicidades de las publicitarias de La Habana. Estas agencias mandaban sus placas con sus locutores exclusivos; y nosotros la publicidad de allí, de la localidad, pues las teníamos en carpetas. Cuando estabas en cabina, había un tiempo para comerciales, que casi siempre era cada media hora, cada una hora, cada un cuarto de hora, dependía del programa que fuera. Por ejemplo, había un programa que patrocinaba una tienda de ropas y era musical, y nosotros hacíamos casi todo e intercalábamos entre la música, menciones musicales de este patrocinador y en los cambios se daban otras menciones. Una mención podía ser de 20 segundos, de 30, de 15, de un minuto, y todo eso tenía su precio.

—Si le pidiera escuchar en su voz uno de los comerciales de antaño, ¿me complacería?

Como ya te dije yo no hice mucha publicidad, pero si es por complacerte, está bien. Podría tomar por ejemplo, un comercial cualquiera de los que se hacía en La Habana. Este es de un cigarro muy popular de aquella época: “Regalías el Cuño, satisface” o “Edén extralargo, mejores de punta a punta”.

“También durante la Revolución hicimos propaganda con la editora política, por ejemplo: “Todos mañana a la plaza. Todos como un solo pueblo, a la marcha del pueblo combatiente”.

— ¿Había alguna forma de prepararse como locutor? ¿Alguna institución?

No. Mira los locutores de antes, casi todos éramos autodidactas. Aunque había algunas personas que tenían academias privadas y daban clases, pero yo nunca fui a ninguna academia, yo soy empírico. Me fui desarrollando, observando a los que ya estaban consagrados, que tenían experiencia, tratando de superarme.

— ¿Pudo especializarse en algún género?

En realidad no había esa posibilidad. Los locutores hacíamos de todo. Lo mismo hacíamos de productores, que poníamos la música, improvisábamos la presentación, hacíamos un programa animado, de campesinos, o de participación del público en el estudio, hacíamos noticieros o recitábamos. Yo fui un poco fresco, osado. Empecé a hacer un programa que se llamaba “Cita Romántica” y allí recitaba. Entonces por ahí cogí práctica en distintas especialidades. Eso me sirvió de mucho para cuando fui a La Habana, me di cuenta que eso me había ayudado a enfrentarme al trabajo.

— ¿En qué año se va a La Habana?

Yo fui para La Habana en el año 1960, a principios. Exactamente el día 21 de abril. Y enseguida comencé a trabajar en Unión Radio, donde mi primo Orlando Castellanos estaba ya trabajando. En Unión Radio trabajé muy poco tiempo, porque allí lo que hice fue locución comercial, todavía se hacían comerciales en el año 60 del Banco Continental Cubano en la Pelota triple A. Pero como la situación política se siguió deteriorando en las relaciones con los norteamericanos, ellos se llevaron lo que les pertenecía, que era la franquicia de la liga de béisbol. Y entonces me quedé sin trabajo.

“Luego entré a Radio Progreso, como locutor de un programa campesino que todavía existe y se llama “Fiesta Guajira” y que en aquel momento tuvo dos nombres: “Cuba guajira y feliz” y “Fiesta con sabor guajiro” patrocinada por Cigarros Edén. Y así me introduje en Radio Progreso y empecé a hacer programas de distintos tipos. Empecé haciendo noticieros, programas de animación y después me fueron dando otras cosas. Hice la narración de novelas. Recuerdo que la primera cosa que narré en Radio Progreso fue un espacio que existe todavía: “Así se forjó la patria”. Después, ya más recientemente, solo hacía narración.

— Es evidente que la figura de Orlando Castellanos lo marcó significativamente en su carrera en el medio radial. ¿Cómo era su relación con él, cuánto le aportó profesionalmente?

Nosotros siempre estuvimos muy ligados. De él aprendí mucho y pude haber aprendido más. A mi modo de ver, él era mejor como realizador, aunque después incursionó y muy bien, en la entrevista periodística. Él siempre quiso que me introdujera en esa especialidad, pero nunca lo hice. No creo que sea un buen entrevistador, aunque he hecho de todo en la radio, pero no es lo que más me gusta.

“Orlando siempre fue mi guía, mi patrón a seguir. Aunque después escuchaba a otros locutores y tomaba lo mejor de cada uno, según si era un comentario, una narración, un poema. Pero él siempre fue mi modelo de profesional.”

— Desde su experiencia personal, ¿qué se necesita para ser un buen locutor?

No sé si otros locutores coincidirán conmigo, pero yo pienso que como en toda profesión, lo primero que tiene que haber es vocación y cualidades. No se puede fabricar un cantante, aunque los hay… Pero la gente que canta tiene buena voz, tiene fibra como decimos aquí, tiene temperamento, nacen con eso. De una manera o de otra, también el trabajo es una escuela. Uno cuando empieza en la locución y se enfrenta a programas nuevos, oye un consejo, escucha a alguien que tiene experiencia. Todo el mundo empieza imitando a algo, tienen un patrón, un ideal y por ahí comienza. Después vas buscando su propia imagen, va perfilando su estilo. Al principio, eso sucede con todo el mundo, con los poetas, los escritores…

— ¿Qué hay en Ciego de Ávila que ha dado tantos y tan buenos locutores?

Mira, esa pregunta me la han hecho muchas veces y yo pienso que es la más difícil. Yo he pensado en eso y creo que en Ciego, no te lo podría asegurar, siempre se habló bien.

“En Chile, los chilenos tienen una forma de hablar; los argentinos, los venezolanos, los peruanos, incluso los españoles. En Cuba, seguramente tenemos también una entonación. Pero en el caso de Ciego de Ávila, esa entonación es más neutra, observa ese detalle.

“Eso por una parte y por la otra, yo pienso que hay que darle crédito a los profesores que ha habido en Ciego de Ávila, tanto los profesores de algunas academias privadas, como los de las escuelas públicas. Eran gente muy abnegada, que amaba realmente su profesión. Yo recuerdo que en la escuela se preocupaban por la lectura, ponían a uno a leer, a mí a veces me escogían para leer en la clase; porque te decía ahorita que yo pienso que las condiciones naturales del futuro locutor tienen mucho que ver.

“Hay gente que tiene facilidad para leer, sentido, interpretación, a ese le es más fácil. Todos esos factores influyen. En el caso de Ciego de Ávila, también influye que desde los primeros tiempos de la radio, la ciudad empezó a tener emisoras y aquellos pioneros contribuyeron mucho a atraer talento a las estaciones. Son varios los factores, pero lo cierto es que eso intriga a mucha gente y hace pensar por qué.”

— ¿Se puede hablar de una escuela cubana de locución?

Sí. Yo creo que Cuba tiene una escuela de locución. No quiere decir que no haya locutores extranjeros muy buenos. Los mexicanos, por ejemplo, siempre tuvieron muy buen nivel en la locución, pero nosotros no tenemos por qué imitar a los mexicanos, porque no podemos hablar como ellos. Nosotros tenemos una escuela de locución que se fue enraizando, que se consolidó mucho en la década del 50. Y si tenemos esa tradición y tenemos esa escuela, hay que aprovecharla y cuidarla. Estamos a tiempo.