Excesos o defectos literarios en Ciego de Ávila

La noticia de que el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Ciego de Ávila arribó al millón de pesos en ventas, por primera vez en el mes de agosto, pudiera entenderse en dos sentidos: se lee más de lo que se piensa y nuestros mecanismos de producción, distribución y comercialización no están obsoletos.

Según reza en las estadísticas más de 18 000 ejemplares han salido de sus estantes he ido a cobijar otros, con una presencia mayoritaria de la Colección por el 90 cumpleaños de Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana.

Títulos como Fidel y la tradición estudiantil, Mujer y Revolución, Crisis de nuestra América y La Victoria estratégica aparecen entre lo más demandado por el público. A estos se suman mapas, atlas, plegables históricos, textos de cocina e infantiles troquelados y de acordeón, lo cual confirma, que generar ganancias y asumir el reto de un proceso editorial supeditado a un mercado del libro, significa trabajar para hacerlo útil a la mayoría y a la política cultural del país.

En otros términos, desde las más encumbradas obras hasta las utilitarias deben estar al alcance de los receptores, si se quiere diversificar la oferta y acercarla a las exigencias de un público cada vez más a tono con las tendencias de consumo foráneas, y que, desde esta óptica, sus hábitos de lectura permanecen inexplorados.

Esta dinámica se asumió a plenitud en dicha institución, donde los derroteros de trabajo han apostado por extender los horarios de la red de librerías municipales, promocionar novedades editoriales en el verano, realizar miniferias en las comunidades y crear un espacio para la comercialización de libros raros y de uso en la capital provincial, estrategias que han venido a sacudir la norma “sistémica” de desempolvar y hacer circular los títulos solo durante las Ferias, de año en año.

int feria libroLos más pequeños, siempre privilegiados con las ofertas editorialesEncuestas realizadas por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (ICIC) demuestran que en la Isla se prefiere la novela antes que el cuento y la poesía. Mientras, en lo referido a las temáticas destacan los policiacos, lo romántico, las aventuras y los textos históricos.

Sin embargo, sobre las más aguzadas tendencias gravita la dicotomía entre cultura y entretenimiento, literatura y libros utilitarios, obras y best seller, además de otras interrogantes, ¿qué leo?, ¿cuánto de nuestro consumo editorial proviene directamente de la promoción institucional y cultural?

Supongo que las respuestas no la sabremos con exactitud, pues con los modus operandi actuales no siempre lo más promocionado es lo de mejor esencia literaria, lo más vendido, lo de mayor aporte humano y social, y lo menos demandado, por tanto, desdeñable. Las buenas obras, variadas en forma y estilos, deben integrarse a las nóminas, las de provecho cotidiano, también.

Urge repensarnos a la luz de un panorama que apuesta por el empuje tecnológico; acortar la distancia entre producción y comercialización, eslabón donde la industria cubana del libro resulta vulnerable; seleccionar con precisión los futuros títulos a imprimir; hacer circular los textos que yacen polvorientos en los almacenes y fomentar las compras en el sector estatal.

Sin excesos o defectos literarios y en armoniosa complicidad las labores de empresa y su inherente espíritu de gestión cultural, la próxima noticia salida de los anaqueles del Centro Provincial del Libro y la Literatura sería aún más grata si llegara acompañada de alternativas, otros logros y ciclos creativos enmendados.

Por lo pronto felicidades a quienes dedican su empeño a la noble tarea de “hacer” cultura.