Lunes, 24 de septiembre de 2018 1:56 AM

El torno de las palabras (+Video,Posts)

Félix SánchezNohema Díaz El zodíaco dicta que es Leo el más dominante de los signos y, por ende, un líder nato, dotado de creatividad, ingenio y disposición para el trabajo. Las predicciones podrán ser equivocadas, pero lo innegable es que retrata, de un tirón, a este Leo, que por demás, también lee.

Bien lo presintió la madre cuando le “estampó” el nombre, “mi niño va a ser escritor”. Su sexto sentido fue preciso y le dio luz larga para acertar. Si le ponía Félix Sánchez, como el padre, tendría parte de la pelea ganada, aunque la excusa fuera llamarlo como el Félix más conocido de la época, autor de El derecho de nacer, para justificar el presentimiento.

Lo crió con el mismo deseo de todos los padres. Felito tenía que ser lo que ella y sus hermanos no pudieron, debía estudiar, saber de todo cuanto pudiera, leer todo cuanto pudiera, aunque, en Ceballos, para entonces, fuera una rareza tener la casa llena de libros.

“En ese sentido mi mamá era muy exigente. Yo pasaba pena porque en los días de lluvia me ponía una capa, me cargaba y era uno de los que nunca faltó a la escuela. Los muchachos me decían ¡Félix tu mamá! Y se aparecía con merienda, un poco para motivar el amor por el estudio”.

Tal vez, por esa razón, a ella le dolió tanto que él dejara la secundaria, a los 14 años.

“Para asistir a la secundaria tenía que viajar de Ceballos a Ciego de Ávila y llegaba tarde, eso para un tímido es lo peor. Me gané nombretes, enemigos y mi vida era una paradoja, pues no entendía cómo si me encantaba estudiar no quería ir a la escuela. No me sentía bien en ese espacio en el que la Teoría de los conjuntos volvía loco al maestro y, a mí, aquello me desesperaba”.

El adolescente descubrió en una de las pasiones del viejo Félix la suya también. No fue el cine con techo de tejas y pagado a plazos por el padre, aunque ambos eran amantes del séptimo arte y la buena literatura. Fue el taller de la familia lo que le ayudó a vencer parte de la timidez.

Según él, no hay instrumento de trabajo tan mágico como el torno, “eso de introducir un pedazo de hierro y que salgan tornillos y tuercas es lo más ´literario´ de la mecánica”. Así, el niño en transición a hombre, divisó una arista diferente en su existencia, aún cuando su pasión desaforada por los libros crecía, como debe hacerlo el apetito de los muchachos en esa etapa del desarrollo.

Sobre Félix Sánchez, Invasor publicó

El hábito que ayudaron a forjar uno de los abuelos y su hermano desembocó en el escritor que es Félix Sánchez Rodríguez. Si bien ese misterio de variables no es regla para formar escritores, es raro encontrar a uno que no haya devorado libros en la niñez, cree él.

Porque era, y es, apegado tanto a sus creencias como a la familia, cuando llegó la hora del servicio militar prefirió quedarse en la provincia, donde, además, le pagaban un dinerito que lo ayudó a respirar. Luego, le hicieron una prueba de nivelación para emplearlo como maestro.

“Aprobamos ocho y nos llevaron a dar clases al Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). Allí aprendí a darme a respetar y respetar a los otros, fue cuando di un cambio radical para despojarme de aquella timidez que me frenó en la infancia y que dejó heridas en el corazón de mi madre”.

Silencio absoluto, ojos enrojecidos y un nudo en la garganta. La pausa se alarga dos minutos hasta que comienza a dialogar de sus 20 años como Político en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de la superación en la Escuela de Cuadros en el curso 1978 – 1979. Lo curioso es que por mucho que Félix habla, y mira que habla, uno no se cansa, siempre retorna al eje central de su vida: la literatura.

“Yo no sé diferenciar una naranja de otra, mucho menos decirte el nombre de un árbol. Vivía en el campo, mas aquello no me interesó. A mí me gustaba leer de todo, pues nunca me pusieron límites, me iba para el cuarto de mi abuelo, el de mejor ubicación en toda la casa, y leía libros de Julio Verne, Edgar Allan Poe y Robert Louis Stevenson, de los que mi papá era admirador, y que fungieron como referentes para la literatura que hago. Porque la escritura es eso, una devoción por los libros que lleva al extremo de comenzar a escribir los propios”.

La libreta donde guarda las ideas, a las que llama “chispas”, está llena de situaciones comunes, de frases que lee o escucha y le parecen perfectas para generar historias. No sabe cuándo ni cómo las utilizará, lo que sí deja claro es que todos los días necesita escribir, para oxigenar el hábito.

Cuenta que comenzó a hacer literatura de la propia literatura y hasta hoy, confiesa seguir haciéndolo, no obstante, plasmar la realidad social a través del elemento lúdico es una constante en sus textos.

“En ellos nunca encontrarás personas tristes. Me interesa cuánto de fantástico pueda haber en la propia realidad. Vista tangencialmente siempre va a exponer rasgos fantásticos, nunca ficcionados, es una fantasía a partir de los absurdos sociales.”

De la misma forma en que utiliza la ironía y el sarcasmo para dar tratamiento a temáticas comunes, a Félix le preocupa la actitud de los hombres. En aquella ocasión, cuando de niño vio maltratar a un muchacho que iba a su escuela para vender cariocas (dulces de la época), se sintió afectado, por lo que vio y por lo que no hizo.

Con tal argumento, siempre piensa en el cubano de a pie, razón por la que, tiempo atrás, dio su opinión en contra de pagar por el número que se daba en los ferrocarriles para viajar, encareciendo el costo del pasaje para quienes no poseían un medio de transporte propio.

Bien saben de su pensar los hijos de Eleazar Jiménez, el avileño reconocido como Maestro Internacional de Ajedrez, casi olvidado por los coterráneos, cuando Félix propuso honrar a la Academia del juego ciencia de la Ciudad de los Portales con ese nombre.

“Yo estaba en el proceso de publicación de un libro mío que llevaba un término ajedrecístico en el título, entonces se me acerca una mujer y me comenta que su padre nunca le había hablado sobre ese. Le pregunté sobre el papá y ella me dijo que era Eleazar Jiménez. Luego de un largo tiempo de investigación, un grupo de compañeros y yo logramos que se le distinguiera como Hijo Ilustre de Ciego de Ávila y pusieran su nombre a la academia”.

Ahora Félix escribe más despacio. Piensa sus “chispas” un montón de veces y no recuerda las fechas de los escritos, porque los rehace para reinventarse con ellos. Les son suficientes los premios Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 2004, y el Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2010, mas, la gran sorpresa de este año fue merecer el Alejo Carpentier en la categoría de Cuento.

“Cuando en el 2017 me enteré de que la categoría Cuento había quedado desierta en el Carpentier, ya tenía escrito El corazón desnudo, pero no lo mandé pues no lo concebí para ser premiado. Mi esposa argumentó que no tenía probabilidades de ganar si no lo mandaba, la verdad es que se me venció el plazo”.

Las contradicciones de la vida son tantas que para la Feria del Libro de La Habana debió viajar sin ningún pretexto, iba a recibir el premio. Alegría que no solo fue de la familia, sino, además. de los dos amigos que ayudaron en el traslado de las copias a la capital, de los miembros del Jurado, de la escritora María Elena Llana, de los compañeros de trabajo, la prensa, en fin, todos los que sienten orgullo de conocer a este avileño pródigo en palabras.

Celebracion de premiados. En la Sala Nicolás Guillén de La Cabaña, minutos después de la emoción. Con José Luis Serrano, premio Nicolás Guillén de Poesía, y Eduardo del Llano, premio Alejo Carpentier de novela.

Posted by Félix Sánchez Rodríguez on Friday, February 23, 2018

Después de 62 años de existencia, Félix Sánchez sigue levantándose a las 6:30 de la mañana para hacer el desayuno de la esposa y el hijo, se acuesta pasadas las 12 de la noche y duerme poco, así se siente mejor. Limpia mientras su compañera lava para que el fin de semana sea menos agotador y, sin darse apenas cuenta, ha convertido su vida en aquella teoría de conjuntos de la secundaria que el profesor no entendió, pero él sí. Porque Félix pertenece al dominio de la literatura, como la literatura le pertenece a él. Así es la matemática.

PALABRAS NO PRONUNCIADAS EN LA PREMIACIÓN DEL CONCURSO ALEJO CARPÈNTIER DE CUENTO José Luis Serrano, ganador del Premio...

Posted by Félix Sánchez Rodríguez on Wednesday, February 14, 2018

 

 


Comentarios  

# barbaro martinez 07-03-2018 12:21
que ALEGRIA me dio cuando me lo encontre en la cabaña minutos antes de recojer el premio, tuve el privilegio de estar presente en ese momento.
pero lo que mas disfrute fue el otro dia en la AHS de ciego cuando leyo uno de sus cuentos,el de un hombre que se casa con una japonesa y se dedica a traductor canino, el cuento es GENIAL, se los recomiendo
FELICIDADES y muchas gracias.

brmh
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# Ernesto René Salcedo Rocha 07-03-2018 14:36
Lisandra ,te felicito por esta información , sobre Félix Sánchez , hombre sencillo y humilde , que lo hace grande el tiempo , sin querer serlo , agrego además que es tiempo que se reconozco su gran obra literaria , en Ciego y el país .
Conozco a Félix al cual admiro por las cualidades que antes mencioné .....se me olvidaba .....Los grandes no se creen cosas ...solo viven entre el pueblo.
Tengo la satisfacción , que fue Félix , quien armó mi laberinto de querer hacer unlibro ....descubrí una vez más su talento literario que lleva en su pensamiento .FELICIDADES POR TÚS PREMIOS A LA SENCILLEZ Y AL TALENTO .

Prof Ernesto René Salcedo Rocha
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