Ediciones Ávila alista su stand

A solo unos meses de que termine el año, Ediciones Ávila anuncia sus novedades editoriales, que, en dependencia de la llegada de los recursos salidos del Instituto Cubano del Libro, verán la luz antes de que termine 2018.

De un total de 54 textos evaluados, un primer corte redujo la propuesta a 23, y de ellos solo nueve terminarán impresos y guardados en los anaqueles en espera de ser puestos a circular.

En el apartado de literatura infantil se seleccionó Para dormir a un elefante, de Mayda Batista; El secreto de Pupo, de Elaine García; y Entre la loma y el mar, de Joel Lozada Mayo.

Pre-morte, de Yasmani Rodríguez Alfar representará a la narrativa del terruño, y a la poesía lo hará Nadie es mi nombre, de Leidy Vidal García. También estarán De Sao Paulo a Caracas. Avileños en Panamericanos, de Filiberto Pérez Carvajal, y Cuaderno de historia avileña. Vol. XII, elaborado por un colectivo de autores.

En esta oportunidad integrarán el Plan Especial del Instituto Cubano del Libro las obras Viajeros por la Trocha, de José Gabriel Quintas, y Desafiando el tiempo, de Andrés Serantes.

Los pasos que van del texto original al futuro libro, Yamaris Rodríguez Rodríguez, directora de este centro, los describe como un proceso que inicia en los Consejos Editoriales que están conformados en cada dirección municipal de cultura.

“En el caso que el escritor pertenezca a la Asociación Hermanos Saíz, la Unión de Historiadores de Cuba o a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, deberá traer un aval de su respectiva filial. Después se procede a las lecturas especializadas de forma anónima, donde se decantan las obras de acuerdo a su calidad, y, por último, se someten a la consideración del Consejo Editorial Provincial, que emita la decisión final en la conformación del plan a imprimir.”

El Sistema de Ediciones Territoriales, nacido en el año 2000, ha cambiado el itinerario de la literatura en la Isla con la visibilización de autores y con la puesta a punto de más de 5 000 títulos que, sin dudas, han enriquecido nuestro acervo cultural.

Son 22 las instituciones de este tipo que, adscritas a los Centros Provinciales del Libro y la Literatura, amplían el acceso a la publicación y su producción entra dentro del plan conocido como Riso (nombre que se debe a las impresoras Risograph).

Editores, diseñadores y escritores trabajan con una impresora, una computadora, la guillotina, y los módulos de máster, papel y tinta en la confeccionan de diversos volúmenes que pueden alcanzar tiradas de hasta 3 000 ejemplares, sin dejar de ser piezas artesanales, que en mayor o menor medida, gozan variedad de colores y diseños atractivos.

No es usual en Cuba pensar los temas editoriales desde el campo de la economía, sin embargo, en los últimos años, el desgaste de esta industria y el escenario de actualización socioeconómica han obligado a replantear estrategias, a la búsqueda de soluciones de autofinanciamiento y rentabilidad, y a poner en práctica una visión cada vez más empresarial del proceso, sin despojar de pureza al acto creativo en sí mismo.

Lea más al respecto

No se trata de hacer libros para vender, sino de lograr obras interesantes, atractivas y variadas que eduquen al receptor y provoquen el acto de compra, primer paso del consumo que debe terminar con la interpretación y apropiación del contenido.

Por lo pronto, ahí van algunos cuestionamientos: ¿podrá ser sostenible la actividad editorial con una disminución de los recursos salidos del presupuesto estatal?, ¿cómo generar ingresos que cubran gastos y provean ganancias?, ¿cómo incorporar la mirada económica al ciclo del libro en Cuba?

Hasta el año pasado el panorama era así