David Calzado: “No hay música mala”

Casi sin dormir, y al filo de otro concierto, David Calzado, director de la Charanga Habanera, llegó a Ciego de Ávila con una agenda que, además de música, incluía un recorrido por salas del Hospital Provincial General Docente Antonio Luaces Iraola y por la Casa de Niños Sin Amparo Familiar.

Pudiera decirse mucho, pero sobre todo, que es un tipo “chévere” que concede sonrisas, besos y fotos sin premura, mientras monta cachumbambé y come cake.

Del proyecto original, concebido a base de música tradicional cubana, David Calzado ha devuelto una agrupación que incursiona sin desenfado en disímiles géneros, y que ha sabido sobrevivir décadas sin perder popularidad.

Giras por medio mundo, premios, nominaciones a los premios Grammy Latino, y miles de seguidores, terminan por confirmar la autenticidad de un repertorio que se oye y se pega como estribillo.

—Después de algunos años, ¿qué motivó la visita?

—La Charanga Habanera tiene una agenda internacional muy fuerte, pero nunca hemos renunciado a la posibilidad de interactuar con el público y de movernos por todo el país. Hace 10 años estuvimos aquí, invitados al Piña Colada por Arnaldo Rodríguez, y la acogida fue excepcional. Había mucha gente que llevaba la Charanga en la sangre.

"Esta vez fue Yankiel Delgado y su proyecto audiovisual Habana Team Cuba, que son activos defensores de la música cubana y que han logrado posicionarse entre los mejores DJ del país, los que extendieron la invitación. No lo pensamos, salimos de madrugada después de haber terminado un concierto en Jovellanos."

—En noviembre cumple la Charanga Habanera 30 años de creada, ¿en qué punto está la agrupación?

—La agrupación ha evolucionado y experimentado nuevas sonoridades, porque considero que no hay música mala. Yo no critico ningún género, y creo que de todos se pueden sacar cosas válidas. De los ritmos más tradicionales hemos pasado a mezclar la timba con el reguetón, en una suerte de "timbatón", que ha tenido mucho éxito.

"El artista no debe someterse al público, pero al final para ellos trabajamos y debemos tener complacencias porque, siempre, nos juzgan. Nos sentimos satisfecho con lo logrado, y el mejor modo de demostrarlo es seguir trabajando.

"La calidad interpretativa, el sabor y la entrega de cada músico, transforman sus conciertos en un verdadero espectáculo, donde lo mismo se brinca que se baila, y se regresa a casa complacido."