Miércoles, 22 de mayo de 2019 3:51 PM

Cultura en Revolución

Al triunfo de la Revolución, el 1ro. de enero de 1959, era Ciego de Ávila un chispazo de tierra que pertenecía a la provincia de Camagüey, donde los centrales azucareros disgregados en su geografía y la agricultura se combinaban a retazos con una urbe en la que el perfecto trazado de las calles, las construcciones coloniales y el eclecticismo arquitectónico, símbolo de la modernidad, evocaban las posibilidades de ser provincia, cuando 1976 parecía aún lejano.

Sin embargo, la condición de región no limitó el desarrollo de un movimiento artístico genuino, que supo salir de las calles y los campos para tomar las principales plazas del territorio y confirmar cómo la cultura se reinventaba al calor de una Revolución que, en fecha tan temprana como 1961, se propuso el reto de alfabetizar a todo un país y, de paso, aventurarse en un concepto generalizador de cultura nunca antes descrito en la historia. Significó desmitificar exclusividades para garantizar el acceso de todos a la cultura.

Para Ángel Cabrera Sánchez, historiador de Ciego de Ávila, los primeros gérmenes de este proceso pueden apreciarse en el surgimiento de las Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria (EBIR), donde comenzó a potenciarse la cultura, a partir de la organización de coros, y grupos musicales y de teatro.

“Las EBIR fueron importantes para el desarrollo del movimiento de artistas aficionados que, poco a poco, cobró auge y fue capaz de mantener una programación cultural estable. Era la primera vez que se disfrutaba del arte hecho por obreros y amas de casa, mientras se lograba la institucionalización y democratización de la educación y la enseñanza artística.”

Consta en el Archivo Histórico Provincial Brigadier José Ambrosio Gómez Cardoso que el carnaval correspondiente al año 1959 trascendió como el Carnaval Revolucionario porque fueron los jóvenes quienes asumieron pagarlo, ante la negativa de los dueños de los establecimientos comerciales de asumir los gastos.

Héctor E. Paz Alomar, hoy periodista retirado, fue uno de los tantos protagonistas que encabezó el Movimiento de Artistas Aficionados, como representante del sindicato del Comercio.

Trio SerenataEl trio Serenata, uno de los tantos que llevó el arte de los aficionados a los campos y escuelas.“Formaba parte del trío armónico Serenata, junto con George González y Adolfo Monte. Íbamos a los campos durante la zafra y nos presentábamos. Casi siempre nos movíamos en una camioneta con un grupo de teatro, recuerdo puestas como Electra Garrigó, Madre Coraje y el Velorio de Pachencho. Todo era improvisado, sin grandes escenarios o recursos, pero había muchas ganas de hacer.”

La División Política-Administrativa de 1976 le otorgó a Ciego de Ávila el estatus de provincia e implicó no solo cambios de estructuras políticas y procesos económicos, sino emprender el largo camino de amalgamar la cultura con la obra revolucionaria. Santos García Simón, asumió la dirección del sector y comenzaría la labor fundacional que sentó los pilares que hoy la sostienen.

“El papel de los instructores de arte fue decisivo en el acompañamiento al movimiento aficionado y en las transformaciones acaecidas en el sector. Fuimos los segundos en el país en crear la brigada de instructores de arte XX Aniversario Rubén Martínez Villena, debido al gran número de escuelas existentes en los campos y la necesidad de responder a esta explosión artística. La tarea era declararlos módulos culturales por contar con un coro, una banda musical y grupos de danza, música y teatro.”

Cada instructor era responsable de atender tres conjuntos: infantil, juvenil, y otro proveniente de la universidad. Una de las experiencias que todavía recuerda Luis Linares Morales, jefe de cátedra de Teatro en esta brigada, es que con solo un año de trabajo la agrupación Ornofay, primera surgida en la universidad, mereció un premio en el Festival Nacional de Artistas Aficionados de 1981, en Pinar del Río, con la obra Érase una vez un rey.

En 1978 se realiza la Primera Feria Nacional de Artesanía, certamen insigne que resume nuestros valores populares y tradicionales, y, en 198,0 gana la provincia la sede de las celebraciones por el 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional, y uno de los llamados fue revitalizar la infraestructura dedicada a la cultura.

Volvieron abrirse las puertas del teatro Principal después de 50 días de trabajo constructivo para convertirse en foco que detentaba e irradiaba talento con una programación sostenida de martes a domingo. Luego, con el apoyo de las organizaciones políticas y de masas, surgieron las instituciones culturales básicas en todos los rincones: casas de la cultura, bibliotecas, museos, teatros, casas de la trova, coros, bandas de música, grupos de teatro, de danza e infantiles. En 1990 la provincia se declaró Cumplidora de este propósito.

Recuerda con nitidez García Simón que otro de los desafíos fue la preparación de los trabajadores del sector. Aproximadamente, 50 personas comenzaron a estudiar en el Instituto Superior Pedagógico José Martí, de Camagüey, donde se formaron los primeros licenciados.

—¿Cómo se aplicaba la Política Cultural de la Revolución Cubana?

—La Política Cultural de la Revolución cubana es una sola. En aquellos años se conocía a la perfección y se trabajaba con mucha disciplina y exigencia. No era una consigna, sino una práctica. Teníamos que dominarla y desarrollarla sobre una base ideológica sólida de identificación con los principios del proyecto social cubano. Se orientó propiciar la participación del pueblo en los procesos, su acceso a lo mejor del arte cubano y universal, y a garantizar la activa intervención de los escritores y artistas en su diseño y práctica.

Vendría el período especial donde, más que nunca, se convertiría la cultura en espada y escudo de la nación, mientras que las carencias sesgaban los logros del Movimiento de Artistas Aficionados, limitaban el accionar de las 10 instituciones básicas y reafirmaban el peso ideológico en la producción artística.

Nuevos conceptos se desarrollaron en paralelo a la Política Cultural, surgieron otros escenarios para su aplicación, y se plantearon los retos de la continuidad generacional y de mantener los logros bajo enormes tensiones económicas y políticas.

Una retrospectiva a los últimos 24 años nos pone frente a un contexto complejo con altibajos y esplendores. En opinión de Virginio Menéndez Moro, director de Cultura en la provincia, ha sido necesario repensar la cultura desde otro ángulo, no desde el evento, sino en el día a día. Los problemas de la cultura se resuelven con cultura y esa ha sido otra máxima a aplicar.

“El año que termina ha sido un año difícil, porque todavía se respiran las afectaciones dejadas por el huracán Irma, pero se han obtenido resultados positivos de acuerdo con el Programa de Desarrollo Cultural 2016-2020. Cumplimos con el Plan de Eventos previsto, se han rescatado un grupo de certámenes de las artes escénicas, se celebraron todas las festividades populares, y las artes plásticas han llegado a los 10 municipios del territorio.”

espectáculos musicalEspectáculos musicales y bailables formaron parte del movimiento aficionado en sus primeros años. —¿Son funcionales nuestras instituciones culturales hoy?

—Nuestras instituciones tienen que ser creíbles y, cuando marchan de espaldas a los creadores, pierden esta cualidad. La capacidad de los cuadros, la correcta aplicación de la Política Cultural y la relación que se establece con los creadores es fundamental para medir su eficiencia.

“Los artistas tienen que ver en la institución, apoyo, guía, entusiasmo y defensa, por eso, no termina la tarea cuando, por ejemplo, facilitamos un espacio para que un artista exponga, porque eso es una obligación. Hay que ir más allá de las obligaciones y abogar por el acompañamiento permanente. Desmontar el rol de las instituciones es hoy un método de subversión del enemigo.

—Comercialización del arte y Política Cultural, ¿cómo han congeniado en Ciego de Ávila?

—La Política Cultural no ha variado, pero sí los fenómenos y procesos que debe rectorar. Por eso hay que saber vivir cada momento histórico, por ejemplo, la década del ‘80 del siglo pasado fue dorada para la creación y la instituciones. Hoy nos vemos obligados a enfrentar proyectos subversivos y fenómenos como la globalización y el empoderamiento de las industrias culturales con cultura y, sobre todo, con estrategias coherentes y bien pensadas.

“La diversificación y comercialización del arte no pueden conducirnos a entenderla como una mercancía. Aquí hemos tenido un reto grandísimo con la gestión de la oferta que se exhibe en el polo turístico Jardines de Rey. Se ha avanzado en la legalidad y la calidad del producto, pero debemos enfocarnos, también, en la imagen que, de muchos modos, exportamos, porque el llamado no es crear una cultura alternativa para el turista, sino insertarlo en la nuestra.”

Aun cuando los años y el contexto han impuesto las diferencias, lo cierto es que el antes y el después de la cultura pasan, inevitablemente, por el filtro de la Revolución y su inmensa obra a la que nada le fue ajena. Contar su historia es, asimismo, contar la vida de muchos.


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar