Martes, 23 de abril de 2019 4:05 AM

Cubana y haitiana: agradecida de esta mezcla

Con la convicción de haberle sido fiel a sus ancestros, Ana Delia Marcial se ha consagrado al desarrollo cultural en nuestra provincia.

El verdadero amor por el arte, reconocer el valor de nuestras tradiciones y la transmisión de las herencias culturales, son los elementos fundamentales que impulsan la creación artística en cualquier nación.

Sin embargo, sin la dirección apropiada, entrega y empeño, no sería notable dicha creación. Un organizador y líder apasionado puede mover montañas, y, en este caso, evitar la muerte de una tradición. Pasa de generación en generación el valor de una cultura; transmitiendo, como de forma viral, la energía del tambor, la soltura de la danza, y la armonía de su música.

Todo esto se resumió en Ana Delia Marcial Reyes, quien se convirtió, para el municipio de Primero de Enero, en líder indispensable del movimiento cultural. Desde la inauguración de la Casa de Cultura de esta localidad, por su ascendencia haitiana, se vincula al trabajo como instructora de arte en el asentamiento cultural de haitianos en Sabicú. Inicialmente, su labor fue encaminada a apoyar los festejos del 15 de octubre en honor al día de Santa Teresita. Allí surge el grupo Nagó, en el cual se vincula la danza y la música haitiana.

Con la inserción de aficionados ya nacidos en Cuba, se ve favorecida la creación artística, surge el concepto de coreografía, y de presentación, saliéndose del marco de los festejos populares. Nagó, comienza a tener una vida artística y el trabajo de Ana Delia y sus aficionados se reconoce a nivel nacional. Creó el Festival Eva Gaspar in memoriam, en homenaje a la patrona que organizaba los festejos en Sabicú.

Primero de Enero se convierte en sede de un evento que rescata la cultura haitiana a gran escala, incluso internacionalmente, con la participación, desde hace varios años, de la Embajada de Haití en Cuba, la Casa del Caribe en Santiago de Cuba, la UNEAC de Ciego de Ávila, entre otros. Música, danza, coloquios y comida tradicional son presentados durante el evento.

Pero el empeño de Ana Delia no termina ahí, sino que sus intereses recaen en que el hombre haitiano sea visto fuera del estereotipo enérgico, viril, con escasa ropa, acompañado del machete, y en plan de defensa o conquista.

Entonces crea un cuarteto de música creol, en el cual cuatro mujeres se dan a la música romántica de raíces haitianas, con canciones que relatan la cruda historia de la emigración y la desidia a la que se enfrentó este pueblo durante tantos años en cualquier lugar del mundo, por la negritud de su piel. Además, la utilización del creol contribuye al rescate de esta lengua, debido a la fuerte presencia de la cultura haitiana.

Desde el año 1997, esta incansable mujer se ha desempeñado como directora de la Casa de Cultura del municipio, cargo por el cual es reconocida a nivel nacional en el 2006. También en este año, el grupo Nagó recibió el Premio Nacional de Cultura Comunitaria. Además, obtuvieron otros lauros como el premio Juan Marinello, el premio Memoria Viva, el premio José María Heredia que otorga la Casa del Caribe, entre otros.

Ahora, a los 57 años de edad, anuncia: "Ya no tengo la misma energía y quisiera retirarme sin el bastón en la mano; quisiera hacerlo todavía a lo grande, estoy separándome de Nagó, esta será mi última edición organizando el Festival Eva Gaspar y, probablemente, el último como directora. Me ha agotado mucho el no tener argumentos para estimular a los integrantes del grupo; son aficionados, trabajan por disfrutar el arte, pero también necesitan recursos monetarios y ni siquiera tenemos la posibilidad de insertarlos en el polo turístico, donde sé que harían excelentes presentaciones”

Se retira con la confianza de haber preparado correctamente sus reservas, tanto en Nagó como en la Casa de Cultura, y con la esperanza de que los tiempos mejoren para sus discípulos y que las presentaciones se conviertan en habituales, con el batey como trasfondo, que también puede explotarse desde el punto de vista turístico.

Se retira con la certeza de haber dado lo mejor de sí para el desarrollo cultural en la provincia, con la convicción de haberle sido fiel a sus ancestros y mostrar con orgullo sus raíces.


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