Carnaval de las Flores: ilegible caricatura (+Galerías)

Decir que un carnaval se traduce en fiesta, y acudir a la música, la bebida y la comida para recordar su esencia popular no es un error. Sin embargo, desde hace rato el Carnaval de las Flores de Ciego de Ávila, no convence ni como obra cultural que defiende tradiciones ni como fiesta popular que, antaño, pretendía involucrar a la familia.

En esta oportunidad tampoco hubo excepciones y siguieron sumándose desaciertos a una lista demasiado larga como para seguir repitiéndose año tras año.

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Lo primero sería reconocer que los paseos de carrozas y comparsas dejaron de ser un espectáculo desde el punto en el cual se originan hasta la tarima donde se ubica el jurado, lo mismo por evoluciones previstas que no suceden que por impuntualidades, congas rezagadas, artistas que beben ron y adoptan poses inadecuadas.

Carnaval de las flores

No siempre encontró su hilo conductor, solo expresiones aisladas, que, con independencia del habitual colorido de los vestuarios, de unas cuantas luces, y de ediciones musicales con una dosis mesurada de calidad, fallaron desde el principio. En nuestra opinión, no es necesario un trayecto tan largo donde poco de arte se muestra, bastarían unos cuantos metros, aunque implique privar a quienes lo esperan dentro de la ciudad.

Que falte tela, materiales o se trabaje con premura puede ser comprensible, pero no justifican la tendencia a que cada año los atrezos, y los diseños de vestuario y luces luzcan carentes de creatividad; por lo que el fallo del jurado a favor de la carroza de la Construcción en los apartados de Gran Premio del Carnaval y mejor vestuario, diseño escenográfico, y atrezo no debe haber sido una decisión difícil de convenir, pues fue la única que mostró una historia, coherencia de movimientos, y una curva dramatúrgica acertada.

Condescendientes como solemos ser, continuaron los premios con las carrozas de la Agricultura, la Empresa Azucarera, y Comunales, aun cuando, si se premia la calidad, los lugares debieron quedar desiertos.

Las comparsas, en su mayoría, resultaron halagüeñas por el ritmo y las propuestas coreográficas, no así la musicalidad de algunas congas donde el “laterío” superó a trompetas y tumbadoras. La comparsa Artística arrasó con los lauros, se agenció la mejor coreografía y destacó por la interpretación de Luis Verán y Alixeidy Morgado, mejores bailarines. Los galardonados en la categoría de pareja de baile fueron Aliesky Ávila y Danay Santiesteban.
La conga más sobresaliente fue la de los Pioneros y el quinteador Walfrido Estrada despuntó por la pauta y la línea rítmica de la obra interpretada. Mientras que al disfraz de bruja y a muñecones como el de Chuncha se les reconoció su originalidad.

OTRAS ESPINAS

Al inventario de yerros puede sumarse la ausencia de suficientes baños públicos, lo que trajo consigo el uso de cuanto espacio (cerrado o no) la población encontró para hacer sus necesidades fisiológicas, la inercia de los inspectores y las autoridades competentes ante la reventa, por los particulares, de cervezas —producidas por el Estado—a precios cósmicos. Por suerte, la de termo estaba más aceptable.

En el cosmos, también, la gastronomía, donde una brocheta de piña, pimiento, y algunos pedacitos de carne costaba 20.00 pesos y un chicharrón de viento 3.00 pesos.

Carnaval de las flores en Ciego de Ávila

Amplíese la lista con el hacinamiento de kioscos malhechos en las áreas y la harto abusada colocación de aparatos construidos, en su mayoría, sobre la base de hierros viejos.

La propuesta musical conformada a partir de agrupaciones como, El Gallo y su orquesta, Los Karachis y otras salidas del catálogo de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos del territorio conquistaron aplausos.

Colmada la complacencia con la habilitación de la pista La Guajira, donde el asfalto, puesto unas horas antes del comienzo, hizo estragos en el calzado de más de uno; y el rocoso, también finalista, ubicó en tierra movediza a quienes confiaron en su firmeza; y la decisión de eliminar el área de la calle Chicho Torres, la más oxigenada de los años anteriores, y reconocida por la Comisión del Carnaval como la mejor en varias ocasiones.

Sin olvidar que en espacios como estos, rodeados de viviendas debiera tenerse en cuenta el volumen de la música y las molestias que pueden ocasionarse.

PEQUEÑA DIVERSIÓN DE GRANDES PROPORCIONES

Aunque en esta época a la plaza Camilo Cienfuegos se debe llegar con niños que se someten con gusto a “dragones”, inflables camas elásticas o a “sacatripas”, y a cuanto aparato de hierro nombren ¿y hagan? los cuentapropistas, es conveniente llegarse solos si se quiere entender el negocio… y ahorrarse el dinero, de paso.

Aparatos de diversiones Con un precio fijo de 5.00 pesos los “divertidores” llegaron al mismo sitio que ocuparan el mes pasado durante los festejos del Piña Colada a un precio, también estándar, de 10.00 pesos. Es de suponer, entonces, que el escenario económico del Carnaval haya sido más “favorable” a padres e infantes.

Sin embargo, cuando se intenta adentrarse en los vericuetos de los porqués, varias interrogantes quedan sin gracia y la diversión termina pareciendo un mal chiste del que solo los niños se ríen. Bravo por ellos.

Pero, ¿cómo los dueños de equipos infantiles y sus asalariados trabajadores pudieron aterrizar en Ciego de Ávila por la mitad del precio de hace un mes? Si incluso, ahora, les dio la cuenta, ¿por qué antes se permitió 10.00 pesos? ¿Por qué los impuestos responden al área que ocupa un equipo y los definen en pequeños, grandes y medianos, y no a su calidad o la capacidad de “hacer dinero”? Porque una bicicleta no rinde lo mismo que una estrella y la diferencia en los pagos impositivos apenas es notable, según reconocen hasta sus propietarios.

¿Cómo da la cuenta para que, por citar un ejemplo, los tuneros lleguen hasta esta ciudad paguen comida, alquiler, impuestos y se embolsillen en un día “bueno” 1 000.00 pesos − y no hablamos del dueño del equipo, sino de los operadores− y no les da a los avileños para hacer lo mismo (sin alquiler y sin comida) y poner precios más baratos?

¿Por qué la seguridad de los equipos no es una cuestión que se revise (amén de padres muy irresponsables)? ¿Por qué las áreas aledañas a esa “jugarreta” de equipos no parecían para niños que desean caramelos, refrescos, algodones, payasos…, y no tanto tatuaje y termo de cerveza?

De esta apretada lista, cual elegible caricatura borrada por el tiempo en la memoria, se deduce que al Carnaval le sobran desaciertos, catres y vendutas, y le faltan muchas, pero muchas flores.