Sábado, 25 de mayo de 2019 7:47 PM

Avileños en la Bienal de La Habana (+Video)

Con un trabajo sostenido que no cree en fatalidades geográficas, Jeosviel Abstengo Chaviano y Luis Enrique Milán Boza son, sin dudas, unos de los más inquietos creadores del terruño, que, a golpe de talento y de perseverar donde otros se retractan, han instalado a plenitud sus piezas en los circuitos nacionales de exhibición y consumo.

Ha sido 2019 un año intenso para ambos, donde las dinámicas actuales los han obligado a permanecer casi más tiempo en La Habana que en su natal terruño, lo mismo por exposiciones personales que para tantear nuevos modos de hacer.

Con los aires de la XIII Bienal Internacional de La Habana vuelven a ser noticia, pues desempolvaron sus archivos y llevaron hasta allá una muestra de su arte que, para esta fecha, ya parece grande y ha irrumpido con la fuerza de quien llega para quedarse.

La galería Teodoro Ramos Blanco fue el sitio escogido para exhibir Sociedades Vigiladas, integrada por ocho piezas de Abstengo, que compartieron la curaduría con otras de Benjamin Gaulon, francés; Mario Santamaría, español; y William Betts, norteamericano.

Su búsqueda artística, de gran sentido antropológico, se ha caracterizado por redescubrir la parte menos gentil de las sociedades, con tópicos que se adentran en lo marginal, lo delictivo y los comportamientos humanos.

Sin embargo, sin desligarse de tal poética, propone en esta exposición otra mirada a esas realidades a partir de reutilizar imágenes de cámaras de videovigilancia, en una suerte de estampa realista que se bifurca con las ondulaciones del pincel.

Con la técnica de óleo sobre lienzo, capta el momento de mayor desinhibición frente a las cámaras, ahonda en los polémicos límites entre lo público y lo privado, y el mito de la seguridad en la ciudad, vulgarizado por la evidencia de una foto o un video digital que registra cada acción hasta en los más insospechados espacios. El artista provoca con su propuesta, empecinado en evidenciar realidades más que en dar por absoluto un estado de cosas.

Lo expresionista de las formas refinan el acabado, y los matices del color, así como la fecha y hora exactas en una esquina del cuadro afianzan la verosimilitud y aluden, inevitablemente, a la cámara fisgona, al mítico voyeur, al ojo que mira y juzga nuestros actos.

Obra de arte Por su parte, las esculturas de Luis Enrique Milán Boza fueron reservadas para la galería Galeano y, una vez más, el público pudo disfrutar de la exquisita forma con que asume dioses, culturas, y hace física la interacción del hombre con su espacio a través de la tridimensionalidad que permite la escultura.

Ganador del Post-it 4 en el año 2017 y del Primer Concurso de Escultura Monumental Bernardo Quetglas, su obra representa íconos religiosos de diferentes culturas, desvirtuados, amorfos y consumidos en su propio poder. Así sucede con Los rayos, donde se aprecia a Cristo mutilado por rayos en su rostro, o Buda, donde el cabello invade la cara hasta que la fisonomía de esta deidad se desfigura.

Su discurso en torno a lo sagrado, lo mitológico y lo icónico no solo lo asume desde una posición iconoclasta, sino que ha apostado por colocar al espectador frente a sus propias obsesiones.

De momento, podría decirse que estos estados creativos, además de un merecido éxito personal, debieran ser un compromiso para las artes visuales en la provincia, que no solo necesitan más presencia de los creadores en los espacios de galerías institucionales, sino un acompañamiento decisivo en la evolución de estos y otros artistas, para que sean, también, caldo de cultivo para nuevos horizontes.


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