Martes, 23 de abril de 2019 12:20 PM

Arte para el último adiós

Pensar un cementerio más allá del espacio común donde reposan los muertos o donde los vivos recuerdan a sus seres queridos parece improbable. Menos aún, encontrarle la belleza, desentrañar su arquitectura, las peculiaridades de cada inhumación, lo cultural intrínseco, y la variedad de estilos artísticos y materiales que puede albergar.

Sin embargo, desde hace un tiempo, investigadores e instituciones de la provincia han decidido mirar justo al límite entre la vida y la muerte para enaltecer, también, valores patrimoniales, sociales y culturales que merecen no solo ser resguardados, sino exaltados, por constituir parte innegable de nuestra idiosincrasia.

Hasta la fecha, solo los camposantos de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba; el de Colón, en La Habana; y el Tomás Acea, y el General, ambos en Cienfuegos, han sido reconocidos como museos del arte funerario al aire libre, con estructuras antiquísimas y de alta trascendencia.

Aun cuando no contamos en el territorio con baluartes similares, cada cementerio disgregado en la geografía avileña muestra características distintivas, que realzan su simbolismo y marcaron el punto de partida de los primeros estudios sobre lo que se conoce como arte cementerial.

Lápidas, panteones, bóvedas, capillas, esculturas angelicales, ánforas, los libros de registro, y los bajos y altos relieves sobre el mármol gris, son solo algunos de los exponentes que hoy deben venerarse y que, en el mejor de los casos, no son estimados en su real dimensión.

Cementerio

Mayslett Sánchez Clemente, especialista del Consejo Provincial de las Artes Visuales, inició las investigaciones en el año 2004, para concluir con una exacta sistematización del conocimiento a partir de metodologías complejas y con la arenga social de identificarnos con el lugar en el que habitamos para, después, concederle su verdadera significación y velar por su cuidado.

“Nos concentramos en el cementerio del municipio de Ciego de Ávila y lo primero fue acceder a los registros de control de las inhumaciones, pero muchos no existían o habían sido profanados. La mayoría de los inmuebles valiosos están desprovistos de documentación y fue necesario llegar hasta los fondos del archivo histórico. Practicamos entrevistas, sondeos, técnicas de observación, buscamos a las familias fundacionales de la ciudad y tratamos de ubicar el muro perimetral original para lograr conformar su historia.”

Para descontento de muchos, a estas alturas, algunas transformaciones estructurales son irreversibles, exponentes artísticos se han perdido irremediablemente, el vandalismo y el desconocimiento en los modos de hacer asestan golpes mortales; las instituciones involucradas no asumen un papel activo en su preservación, y la desidia y el abandono conspiran contra la integridad de esta necrópolis, que data del año 1911 y alberga sitios solemnes y majestuosos, como el Panteón de los Veteranos.

“Muchas personas se nos acercan en busca de información sobre cómo tratar, desde el punto de vista técnico, los sepulcros y son receptivos ante las sugerencias, mas no siempre es así, y un uso irracional del patrimonio cementerial terminará por destruir valores históricos y artísticos que pudiesen, incluso, mostrarse al turismo.”

El rescate de nuestra historia local y regional, resaltar su simbolismo y contribuir a las buenas prácticas en el manejo de los camposantos y áreas afines, son solo algunos modos de velar por su conservación. Es preciso recordar que nuestros antepasados merecen un sitio apropiado para descansar en paz, si, además, emana cultura y humanismo, entonces, todas las deudas estarán saldadas.


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