En Ciego de Ávila: Pesca sostenible = vida en el mar

Cuentan viejos pescadores de Júcaro, al sur de la provincia avileña, que, en sus años mozos, salían de pesca, pero no tenían que irse lejos. Incluso desde sus embarcaciones veían la costa y, a través de señales, se comunicaban con sus familias.

Aquellos “lobos de mar” no esperaban que los tiempos cambiaran para mal: de las zonas cercanas a la orilla había “que remar” porque allí los peces no picaban, se habían esfumado hacia otros lugares del archipiélago Jardines de la Reina.

Ese fenómeno se hizo común en gran parte de la plataforma cubana, y los jucareños lo saben: para sacarle las riquezas al mar tienen que irse lejos, muy lejos, en campañas que los separan por largos periodos de sus familias.

Se le atribuye este hecho al cambio climático, que eleva la temperatura, los niveles de salinidad, la contaminación, y todo eso exige transformaciones en la forma de actuar.

Para bien de la vida en el mar, Cuba desarrolla, desde el año 2013, los Encuentros Nacionales de Pesca Sostenible que, en su mayoría, cuentan con el apoyo de instituciones extranjeras. En el caso de este año, acudieron a las sesiones desarrolladas en la playa de Santa Lucía, Camagüey, especialistas mexicanos y estadounidenses.

Sucede que este problema es común para todos los países, y no puede haber demoras en la toma de iniciativas con vistas a preservar la Naturaleza que vive en el mar.

Vladimir Pons Santiesteban, director de la entidad pesquera ubicada al sur de la provincia, fue testigo del certamen científico, en el cual predominaron ejercicios prácticos basados en el proceso reproductivo de las especies y su grado de vulnerabilidad.

Y llegaron a una conclusión importante para los empresarios, encargados de transmitirla a los trabajadores: que el objetivo no es solo pescar y cumplir planes, sino cuidar el ecosistema, teniendo en cuenta los ciclos reproductivos de las especies marinas.

Lo vivido en el certamen camagüeyano, en opinión de Pons, dio la posibilidad de intercambiar experiencias entre pescadores de las cuatro zonas dedicadas a ese fin en Cuba.

“En los debates se explican las técnicas aplicadas en cada región. Por ejemplo, en la costa sur lo más usado es el palangre, la nasa y la red de malla. En nuestro caso tenemos un barco chinchorrero cuyas redes tienen medidas superiores para evitar la captura de peces juveniles, o sea, en desarrollo”.

Sin embargo, lo debatido en Santa Lucía pudiera quedar en letra muerta si los representantes avileños en esa cita no socializan lo allí aprendido entre pescadores profesionales y deportivos; además, en un punto fundamental de la zona: la escuela, donde hoy se forman los que en poco tiempo darán continuidad al tradicional oficio de sacarle riquezas al mar.

No ajena a las polémicas, Ciego de Ávila tiene a su favor una experiencia cuyos resultados ya se ven: la existencia de un área protegida en la zona de Doce Leguas generó recelo entre algunos pescadores que no entendían el porqué de la prohibición.

El paso del tiempo ha demostrado la validez del proyecto, por el aumento de especies en la zona, las cuales, en la medida en que se van desarrollando, luego se desplazan hacia lugares donde sí es válida la pesca.

Considero que todavía estamos lejos de recuperar los tiempos en que la abundancia de especies marinas retorne a las cercanías de las costas. Muchos son los fenómenos que atentan contra el ecosistema, de ahí que a estas alturas no se admitan titubeos a la hora de cuidar la vida en el mar, elemento clave para asegurar la existencia de quienes pisamos tierra.